jueves, 4 de febrero de 2016

La edad de la siesta (de los padres)



Hoy no voy a hablar de sueño infantil, siento si el título os ha llevado a confusión. Tampoco voy a hablar del sueño de los padres y de las madres -que lo sé, la mayoría vamos escasos en horas de sueño- Voy a hablar de sueño y de siestas en sentido figurado, para hablar de esa época de la infancia de nuestros hijos, en los que sí, de forma figurada nos pegamos una siesta. Es un concepto que escuché en una conferencia a Eva Bach, y que me encantó. 

Esa edad, la de la siesta de los padres, se sitúa aproximadamente entre los 3 y los 10 años. 

Antes de los 3 años, los padres vamos "a tope". Tener un hijo es cansado: las noches sin dormir se suceden y durante el día, vas con el bebé o el niño-bebé a remolque, lo vistes, le haces la comida y le das de comer, eres sus manos y sus piernas muchas horas del día, controlas que no se haga daño y que vaya poco a poco aprendiendo. La cuestión es muy "física".

En el otro lado de la balanza, después de los 11-12 años, nos despertamos de nuevo y nos damos cuenta de que nuestros hijos preadolescentes han dado un cambiazo de órdago. Sus solicitudes demandando autonomía (espacio personal en el fondo para poco a poco ir haciendo lo que les da la gana....) nos van a llevar de cabeza, cuando no los conflictos propios de la edad porque no siempre es fácil entenderse. Nos ponemos en órbita rápidamente y vuelven algunos desvelos (ay!!! qué fácil era en realidad la etapa bebé!!) Ya no nos cansamos tanto físicamente con ellos -aunque en gran medida seguimos siendo los que llevamos la intendencia del hogar y el "taxi" familiar, pero al menos se llevan a sí mismos y se asean y se encargan en mayor o menor medida de sus pertenencias.

La etapa de la siesta que os decía, y que va entre los 3 y los 10-11 años, empieza cuando nuestro bebé deja de ser un bebé y muestra sus primeros signos reales de autonomía. Empieza a ir al cole "de mayores" y eso suele significar un antes y un después en la organización familiar, en las probabilidades de enfermarse y en las facilidades logísticas en los desplazamientos. Ya no hay cochecitos ni pañales, la personita ha crecido y utiliza el lenguaje humano de forma locuaz e inteligente y probablemente ya puedas dormir de un tirón como en tus tiempos mozos. 

Consejo para navegantes: no durmáis esa siesta. Es una etapa fantástica para estar presentes a conciencia, para aprovechar cada una de las situaciones que nos presenta la vida para educar, para centrarnos en la relación y no tanto en las obligaciones del día a día y conocer a fondo quiénes son y qué valores tienen nuestros hijos. Es un momento en el que ellos nos buscan sin prejuicios, ansían nuestra complicidad, nuestro tiempo y nuestra atención. Todavía somos sus héroes cotidianos y ni se plantean que unos años después van a cruzar a la otra acera cuando te vean en vez de buscar tu mano para andar a tu lado. Aprovecha esos años que parecen "fáciles" o años de transición. Es el momento de construir y de compartir a tope, enséñale y deja que te enseñe, ¡¡no te duermas aunque en teoría estés en una época "fácil!!

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo. Mi hija mayor tiene 8 an~os y despues de tanto trabajo al fin se puede decir que tienes a tu lado a una personita relativamente independiente con la que se puede conversar. Al no tener que estar viendo que no se caiga, que se vista, que .... pues se disfruta mucho mas la interaccion. El terror de salir a la calle con un nin~o de 2 an~os queda lejos en los recuerdos. Lo unico que desearia es tener mas tiempo para ella.

Pili Naranjo dijo...

Escuché esta idea (y me encantó) en una conferencia de Carles Capdevila... Él explicaba que la labor de padres/ educadores también tenía que estar presente en esta etapa de "siesta", que entre los pañales y las compresas, entre espabilar y controlar, también hay un período maravilloso en el que disfrutar de la relación con nuestros hijos.
Me ha encantado el post!!!

Limonerías dijo...

Es la etapa para sentar las bases para que no crucen demasiadas veces la acera una vez lleguen a la adolescencia...

Silvia Parque dijo...

¡Gracias! Un consejo claro, sencillo y valioso.

SilviaJ dijo...

Gracias por recordarlo, Amalia. Mi hija mayor este año hará 11 años y el tiempo ha pasado volando, aprovecharé estos meses que me quedan de darnos la mano y un abrazo antes de dormir (últimamente mucho más frecuentes, supongo que no ella no es consciente pero debe estar exprimiendo al máximo estas sensaciones antes de querer cruzar de acera para "evitarnos" ja ja ja). Y los aprovecharé de forma consciente, yo sí...
También me aprovecharé de mi hija mediana de 8 y de mi hijo de 5, con ellos con más margen de tiempo... pero como he dicho al principio, el tiempo vuela!!
Gracias de nuevo!

IsaacIrene dijo...

Esta entrada ha sido reveladora para mí, nunca había oído hablar de la edad de la siesta... pero por fin se han puesto palabras a mi desesperación. Tener mellizos es duro, toooodo el doble, a la vez y desde el primer día, sin posibilidad de tener un hijo único con el que habituarte a la maternidad y después ya llegará el otro con más experiencia y más tranquilidad. Pero a los mellizos también les llegan los tres años y con ello la edad de la siesta para los padres, que se disfruta el doble!!!!

Pero en mi caso, la naturaleza quiso que uno de los mellizos fuera Down, por lo que al llegar a los tres años, en vez de poder ir progresivamente alejándome de ellos, fue lo contrario, Isaac empezó a andar... y a escalar literalmente por toda la casa, y a descubrir cajones y armarios de lo que sea, y a darse cuenta de lo divertido que suena la tele al caer al suelo... y el gusto que da meterse bajo la ducha vestido... además claro está de ser dependiente para comer, pañales, vestirse... Y así hemos llegado a los 6 y medio, y a mi sin llegar mi esperada hora de la siesta, ya que dejarlo un rato sin vigilancia es un peligro constante, y si mi cabeza decide durante 10 minutos al día descansar de Isaac mi corazón se pone en un vilo porque sufre al pensar qué puede estar haciendo o qué le puede pasar!!!! Si es verdad que duerme del tirón (pero hasta que se duerme... uffff que miedo dejarlo solo en la habitación!!!) y que las visitas al médico han caído en picado (con lo que pasamos los primeros tres años!!!!), pero por lo demás!!!!

En la crianza de los hijos esa edad que has descrito debe ser obligatorio para afrontar la adolescencia con fuerzas, o quizás solamente para dejar respirar a los padres unos años... pero cuando ese periodo no llega, y pasan los años y sigue sin llegar se puede hacer muy desesperante y física y psíquicamente muy peligroso. En los periodos largos sin cole todo se agrava más porque entonces sí son 24 horas literales sin descanso.

Pero algo sé seguro, que mi edad de la siesta llegará, no sé si a los 8 a los 10 o a los 15, pero llegará y entonces seré la madre más feliz del mundo y lo disfrutaré muchísimo más, al igual que disfruté verlo caminar con tres añitos por primera vez... lo malo será que entonces su melliza estará en la adolescencia y mi edad de la siesta seguirá sin ser completa!!!!!

Rocío

motrito dijo...

Me pilla de pleno amalia. Con uno de tres y otro de cinco. Se agradece el consejo y prometo intentar cumplir con tus indicaciones...y disfrutarlos!

Educación Emocional dijo...

Qué buen consejo Amalia!! El sofá "llama" mucho pero son momentos preciados de poder dar y recibir de nuestros hijos. Un abrazo!!

Paula Medina dijo...

Me ha encantado... Muchísimas gracias...
Yo tengo una que va hacer 7, otra con 5 y el pequeño que va hacer 2. Y hasta ahora como el pequeño todavía me requiere tanto, la casa, las tareas, el ir el venir. No me he dado cuenta que debo sacar un ratito más para hablar con ellas, ponerme a jugar con ellas(en vez de juntas como hago ahora, por separado. Si que es cierto que la mayor ya no quiere jugar a cosas de pequeñas...) pasa el tiempo volando...
Te doy mil gracias por haberme hecho reflexionar, algo que quizás por mi corta edad(27años) y porque por problemas familiares no he tenido a nadie para tener de referencia...
Muchos besos
Un saludo