Una de las conclusiones a la que he llegado -y que corroboran muchos expertos- después de trabajar en aspectos de triaje durante varios años, es que las enfermeras realizan el triaje y todos sus circuitos mucho mejor que los médicos. Aparte de que seguramente están mucho más orientadas a los cuidados que nosotros (y todo esto lo digo generalizando) uno de los problemas que nos ocurre a los médicos es que nos pierde el buscar siempre un diagnóstico. Y me explico.
Los médicos vemos a un paciente y de alguna manera queremos ponerle un nombre a lo que le ocurre. Si no se logra con la anamnesis y con la exploración, en muchas ocasiones se solicitan exploraciones complementarias que contrarresten la incertidumbre.
La realidad es que la sociedad, en este sentido, está alineada con nosotros, y también quiere tener un nombre para lo que ocurre. Y -por pedir que no quede- un remedio infalible en forma de medicamento, si es posible, que acompañe a dicho diagnóstico.
Todo ello llevado a su extremo, lleva a la medicalización en exceso de la sociedad. Y a meter en el paquete de lo patológico algunos asuntos cotidianos y fisiológicos cuando se desvían de los cánones establecidos.
Un exceso de medicina entra en el capítulo de la yatrogenia. Y en hacer daño innecesariamente.
Hace unas semanas, me comentan el caso de una niña de 5 años. La habían estudiado por enuresis nocturna. La realidad es que a los 5 años, es normal que un 15-20% de los niños todavía no controlen la diuresis por la noche, y en consecuencia lleven pañal. Puede ser normal que pueda preocupar a los padres, pero tengo verdaderas dudas en si es acertado iniciar un estudio por este motivo y a estas edades.
La historia continúa porque se realiza una radiografía de columna lumbar y se detecta una posible malformación vertebral. Esta supuesta malformación no tenía señales externas, en ningún momento había dado síntomas -ya que la marcha se había desarrollado normalmente y el control de esfínteres diurno había seguido el curso esperado- pero cabía la posibilidad de que fuera una espina bífida oculta. Por lo cual, acto seguido se programa una resonancia de la columna. Para realizar una resonancia de la columna, por la edad, hay que realizar una sedación (es decir técnicas de anestesia).
La resonancia confirmó la lesión vertebral, pero sin ninguna lesión medular asociada ni nada que justificase en último término la enuresis nocturna. Así que el síntoma continúa. Y quizá lo haga de forma "fisiológica" algún tiempo más, y se han realizado una serie de pruebas que aparte de posibilitar daño indirecto, tampoco no han hecho más que añadir un diagnóstico a una niña que está sana y que hace vida normal (y que defectillos de estos, tenemos todos si nos ponemos a explorarnos....). Y ya sin entrar en datos de costes económicos, que tampoco es el motivo de esta entrada.
Como mínimo para reflexionar. Y en esta línea, no os perdáis el artículo que escribió la Dra. Samper hace unos días sobre el sobrediagnóstico y el sobretratamiento, sobre la medicina defensiva y la medicalización en nuestros días: Demasiada medicina
Me tomo unos días de descanso bloguero....Espero que disfrutéis de algunos días de descanso. Nos vemos la próxima semana!







