Muchas personas me han preguntado a lo largo de mi vida profesional si ejerzo de pediatra de mis hijas. La realidad es que en teoría no -porque tienen una pediatra asignada y alguna que otra vez nos hemos dejado caer-, pero en la práctica sí. Quizá porque han sido, afortunadamente, unas niñas sanotas y los problemas médicos han sido fáciles de asumir y de llevar domiciliariamente. Además no soy demasiado ansiosa con este tema, es decir, que la objetividad no la pierdo del todo. Y sinceramente, con lo complicada que es la vida de la madre trabajadora, pudiéndome apañar.....
Por otro lado también es verdad que les hago poco caso en lo referente a su crecimiento y a sus dolencias. No tengo ni idea en qué percentil se mueven, pero a vista de pájaro y solamente comparándolas con sus pares en la escuela, por la media deben andar.
Y en cuanto a enfermedades, hemos tenido algunas itis como toda familia que se precie y a dolores pasajeros y síntomas inespecíficos les presto ciertamente poca atención.
Cuando reflexiono sobre este tema, siempre me viene a la cabeza una entrada que hizo ya hace bastante tiempo, Mónica Lalanda y que he recuperado aquí. La historia de la sutura es el paradigma de cómo a veces lo hacemos mal o muy mal con la familia...
Hace algo más de una semana, la pequeña empezó con otalgia (dolor de oído). Como en su historial podría decir que ha tenido varias otitis, le miré rumbosa sus tímpanos, confirmando la itis, y empezamos el tratamiento correspondiente.
De forma casi paralela, la mayor empezó a decirme que le dolía el ojo derecho. Qué casualidad y qué difícil no atribuirlo a ciertos celillos que amenazan a menudo nuestra convivencia o a cierta somatización por los tiempos que nos está tocando vivir. La verdad es que mirado desde fuera, el ojo tenía un aspecto de lo más saludable: ni rojo, ni inflamado ni resto de secreción alguna.
Los días han ido pasando. La otitis de la pequeña está más que curada. Y la otra pobre, seguía quejándose de su ojo de forma no muy insistente pero sí casi cotidiana. Anteayer por la noche, decidí coger el toro por los cuernos y acordamos que a primera hora de la mañana de ayer se vendría conmigo al hospital para que le echara un vistazo algún colega oftalmólogo.
Y el caso es que sí, que la niña tenía razón. Que tiene una conjuntivitis de ésas que no se ven por fuera, pero que mirado con la lámpara de hendidura confirman una buena reacción inflamatoria con folículos, con alguna vesícula y con un dolor más que justificado. Incluso posible que sea de origen herpético.
Tierra trágame. Un tachón más en mi venido a menos currículum de buena madre.












