Hace unos meses, contesté a una encuesta que hacía la Asociación Española de Pediatría sobre la crisis y la Pediatría. En estos últimos días, he visto publicado el resumen de los datos que se obtuvieron después de recoger la opinión de más de 1000 pediatras.
Aunque las cifras se basan en opiniones y no en datos, como mínimo sirven para hacer un esbozo del panorama actual. Si bien cabe tener en cuenta que la perspectiva, puede ser muy diferente según el lugar en el que trabajes (e incluso la geografía....).
Algunas de las conclusiones de dicha encuesta:
- Más de la mitad de los pediatras creen que la crisis produce impacto en la salud de los niños.
- Datos alarmantes: el 55% de los pacientes no pueden acceder a algunos medicamentos (en algunos casos como consecuencia de la desfinanciación).
- También más de la mitad de las familias pueden tener problemas para cumplir los consejos ligados a una alimentación saludable.
- Se produce una disminución de la vacunación en las vacunas no financiadas (antineumocócica, rotavirus, varicela)
- El 84% de los pediatras creen que aumentan los trastornos por depresión, ansiedad y adicciones en los padres. Y lógicamente que estas elevadas prevalencias repercuten en la salud infantil.
- Un 54% de los profesionales creen también que han aumentado las listas de espera.
- En cuanto a aspectos profesionales, el 63% de los pediatras se confiesan desanimados en el ejercicio de sus funciones y una tercera parte cree que este desánimo se nota en la calidad del trabajo. Una tercera parte cree que tiene malas condiciones laborales y bajos niveles de satisfacción con el trabajo que realizan. La mitad tienen saturadas sus consultas.
- Y en global, el 71% piensan que todas las medidas de ahorro planteadas por los gobiernos han perjudicado la salud de los pacientes
Desde la AEP concluyen que es posible que se vean en el futuro repunte de determinadas enfermedades infecciosas y problemas derivados de los déficits nutricionales. Y valoran que el impacto sobre la salud está atenuado "gracias al esfuerzo y a la profesionalidad del pediatra".
En mi humilde opinión y obviando ciertos comentarios finales reivindicativos, la realidad es que en general sí estamos preocupados por la salud infantil en estos tiempos y que es verdad que hay muchos compañeros muy "quemados" por sus condiciones laborales. Además las directrices en salud infantil son ambiguas y cambiantes y vemos que ocurren cosas sin sentido como por ejemplo que unas vacunas se dejen de financiar en Madrid y en cambio se empiecen a financiar en Euskadi. La sensación es que muchas de las decisiones políticas y económicas no se toman teniendo en cuenta las opiniones de los profesionales ni siguiendo criterios de salud de la población.
Preocupante me parece especialmente el tema nutricional y el hecho de que los niños no sean alimentados adecuadamente en una época importante de la vida. En este punto me gustaría añadir al comentario de la AEP del impacto atenuado "gracias al esfuerzo y a la profesionalidad del pediatra", que también las familias se esfuerzan hasta lo imposible para que los niños sean los últimos perjudicados en tiempos de cinturón apretado. Y por supuesto, que los profesionales tenemos que estar ahí para arropar, acompañar, mantener una actitud preventiva y poner soluciones en lo posible cuando se presenten los problemas.












