Durante estos días de verano, me he levantado en tres ocasiones con la buena noticia del nacimiento de los hijos de dos amigas y de una de mis primas. Los nacimientos de bebés cercanos me producen una gran felicidad. Me parece una de las mejores noticias que puede recibir una familia.
Aunque luego la crianza no es tan fácil ni tan romántica como la pintan, ciertamente la ilusión de esos primeros días entre los padres y el resto de familia no tiene precio. Además independientemente de las circunstancias familiares, económicas y sociales; independientemente de si el embarazo fue muy buscado o vino por causalidad; incluso independientemente del momento bueno, regular o malo, que atraviese la pareja, por lo menos en un inicio, las cosas suelen verse de forma optimista y alegre.
En el caso de las mujeres, el postparto es un momento especialmente delicado. Tanto física como psicológicamente es una época de vulnerabilidad, de cambios, de nuevos horizontes. Y además de repente, muchas tienen (o hemos tenido) la sensación de dejar de ser la princesa del cuento -pues ciertamente una mujer embarazada suele recibir muchos "cariños" y buenas palabras de su entorno, algo comprensible y deseable-.
Seguramente una parte importante del futuro como pareja de esos padres recientes, vendrá determinado por cómo actúen ambos miembros de la pareja en esas circunstancias. He tenido muchas conversaciones con amigos (hombres y mujeres) y también con personas anónimas en las consultas, que me han hecho comprender que en muchas ocasiones cambian muchas cosas. En los casos más desafortunados, algo "se rompe". Quizá porque en momentos de estrés o de nuevas situaciones, conoces aspectos de tu pareja que desconocías, o que quizá él mismo o ella misma desconocía de sí mismo (el famoso lado "oscuro", ciego o subconsciente). También en ocasiones el bebé es muy deseado por uno de los miembros de la pareja y al principio un extraño para el otro. Quizá porque la rutina cambia de forma considerable o quizá porque algunos nunca dejan de ser niños y cuesta asumir que ahora hay que cuidar a otro.
Muchos padres se colapsan. La atención al bebé por parte de la madre suele ser muy absorbente y dejar poco espacio para otras cosas. Además muchos hombres tienen sentimiento de inutilidad, en parte porque muchas mujeres creemos que no pueden asumir determinadas labores de cuidado tan bien o mejor que nosotras.
Los padres pueden compartir este momento de muchas maneras. Por mucho que sea la madre quien alimente al bebé, hay muchas otras cosas que hacer. Con el propio bebé (bañarlo, cambiarlo, pasearlo, etc), así como en la (pesadísima) intendencia doméstica. Y probablemente lo que cuesta más esfuerzo: el soporte emocional incondicional, tan necesario y en ocasiones, añorado.

3 comentarios:
Mi pareja se podría considerar un eterno Peter Pan en cuanto a la intendencia doméstica y a la crianza.
Es una persona increíblemente responsable en su puesto de trabajo, dispuesta a no escatimar esfuerzos para que las cosas se hagan bien. Pero a la hora de estar en casa eso es distinto.
Cuando nos quedamos embarazados de nuestro primer hijo sin buscarlo aun vivíamos en casa de nuestros respectivos padres. Buscamos rápidamente una casa y decidimos que yo no trabajaría por el momento ya que con su sueldo podíamos apañarnos perfectamente. Así yo podría seguir estudiando a mi ritmo (aun estaba en la universidad) a la par que criaba a nuestro hijo y llevaba la casa.
Él, criado en un entorno increíblemente machista, no sabía ni freir un huevo, ni tenía intención de aprender.
Con nuestro primer hijo su ayuda fue muy poca. Yo le decía que no se daba cuenta pero que era él quien se lo estaba perdiendo pero no lo entendía.
Cinco años más tarde llegó nuestra segunda hija, en este caso buscada y muy deseada. Entonces se preocupó mucho más por todo. Se implicó más en cuidarla y en ayudarme. Y ahora que esperamos a nuestro tercer hijo sé que va a estar ahí.
Me lo está demostrando ahora mismo, mientras estoy embarazada. Está más pendiente de los niños que nunca. Me ha ayudado en tareas de casa por iniciativa propia por las que hasta ahora nunca se había preocupado. Además se da la circunstancia, novedosa por cierto, de que ahora mismo no tenemos ni vamos a tener la ayuda de nuestros progenitores, por distancia y por enfermedad, ni siquiera en los primeros días tras el parto.
Somos nosotros mismos quienes hemos de estar en todo. Aunque si bien es cierto que grandes amigos y otros familiares cercanos estarán con nosotros y nos echarán una mano en lo que puedan. Cómo bien dices son momentos mágicos de felicidad y alegría que todos los que te quieren desean compartir contigo.
Echando la vista atrás las cosas han cambiado mucho en nuestra familia y en su actitud. Creo que en gran parte se trata de madurez. Siempre se ha dicho que las mujeres maduramos antes que los hombres y en algunos casos esto se acentúa mucho más. ;)
Para algunos hombres encontrarse con un hijo, una casa y una familia de un día para otro a los 30 por mucho que ames a tu pareja es difícil de asimilar. Pasar de vivir la vida, de hacer lo que quieres en cada momento, de salir de marcha sin preocupaciones sabiendo que en tu casa lo tienes todo hecho a tener una responsabilidad por la que debes velar y luchar día a día sin que te lo hubieras planteado aun es duro.
En cambio, estar seguro a los 40 que tu vida es lo más cercano a lo que deseabas a pesar de todas las trabas del camino, que vives con la persona que amas y que esperas un tercer hijo que te va a colmar de felicidad parece ser que cambia el punto de vista y la actitud. Al menos de alguno.
Un abrazo. :)
Es cierto, yo hacía sentir a mi marido como un inútil, pobre!
A Con los niños en la mochila:
Me ha gustado mucho tu comentario por el modo tan respetuoso de hablar de la actitud de tu marido. Ciertamente machista pero que ha cambiado para mejor, con los años, la madurez, y seguro que por amor hacia ti... Un saludo!
Julia
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