Hace unos días, estuve en el Hospital Sant Joan de Déu en un evento sobre Salud 2.0, donde explicaban todas las estrategias que están siguiendo allí en los últimos dos años. La verdad es que hubo varias ponencias muy interesantes, aunque hoy, después de este descanso de unos días, me apetece hablar de una cuestión que puso sobre la mesa Maggie Breslin, que trabaja en el Centro de Innovación de la Clínica Mayo.
La Clínica Mayo es un hospital con una fama reconocida mundialmente, a donde llegan pacientes, en muchas ocasiones con problemas que no han podido ser resueltos en otros centros. Su potencial investigador es conocido, y son muchas las personas que sueñan con poder formarse o pasar una temporada en dicha institución.
En el Centro de Innovación trabajan para mejorar diseños de los espacios y de las herramientas, con el fin de facilitar la vida de los pacientes y también de su estancia hospitalaria.
Justamente basándose en qué necesitan los pacientes, rediseñaron las consultas para la visita médica. Se dieron cuenta de que la exploración física sólo constituye un 10 por ciento del tiempo y probablemente del valor global de la visita, de forma que crearon unos despachos en los que el espacio principal fuera para el cara a cara, para darle protagonismo a la entrevista y a la conversación, mientras que se consideraba otro espacio, de menor tamaño y aparte, para realizar la exploración física.
La lección de estos hechos es muy importante. En uno de los centros más tecnológicos y punteros a nivel de investigación, donde deben llegar pacientes que no han encontrado solución a sus problemas de salud en otros lugares, se le da una predominancia a la palabra, a lo más antiguo que tiene la medicina, que es la conversación, el diálogo, el consuelo, la acogida. La base de la relación médico-paciente. Y es que la conversación tiene un valor terapéutico por sí sola, difícil de superar por ningún fármaco ni ninguna tecnología.

5 comentarios:
Hola, soy nueva por aquí, hace poco tiempo que he descubierto tu blog pero literalmente estoy enganchada a él... La entrada de hoy me parece muy interesante ya que (me incluyo) cuando vas al pediatra lo que buscas (consciente o inconscientemente) es que te escuchen y escuchar. Si te recetan o no algún medicamento (en mi caso principalmente Ventolín, Júlia padece de bronquitis...) pasa a un segundo plano, principalmente es la "charla" con el pediatra lo que te ayuda más y te tranquiliza en esta carrera de obstáculos (de mocos, toses, fiebres...) que hemos compartido (y le doy toda la importancia que se merece esta palabra) en este primer año de Júlia.
Qué alegría leer este tipo de noticias. A veces da la impresión de que este tipo de cuestiones se pierden en las consultas. Un abrazo
En pediatría creo que a veces es mas importante saber tratar a los padres que a los pacientes. Como dice Laia a veces si el pediatra te explica las cosas correctamente, eso te tranquiliza. Al fin y al cabo somos nosotros los que mas sufrimos y mas nos preocupamos por cualquier dolencia de nuestros hijos.
En ocasiones he tenido que ir a algún especialista con los niños y francamente por muy buenas referencias que tenga de el, si el trato no me ha parecido bueno, no me ha gustado nada. Creo que saber escuchar tanto a pacientes como a padres (en el caso de la pediatría) es básico para que cualquier dolencia se perciba como algo menos grave y que provoque menos ansiedad en la familia.
Felicidades por el blog!!
Por suerte hay médicos, pediatras etc... que se están dando cuenta de que hay que humanizar todo lo referente a la salud. Tanto en el parto, como se hablaba el otro día como en cualquier consulta. Es increíble que muchas veces el menor, o incluso el bebé tenga que entrar solo en el nido para una prueba, o el niño tenga que pasar solo a que lo exploren o lo que sea, sin la referencia de su madre o su padre para darle tranquilidad. En algunos casos los médicos aducen que se los niños se ponen más nerviosos... (a mi nunca me ha pasado eso) yo creo que los que se ponen más nerviosos son ellos. No dudo que haya padres que se pongan nerviosos y trasmitan esos nervios a los niños, pero seguro que es la excepción y siempre se les puede invitar amablemente a retirarse un ratito. Pero la gran mayoría se tranquilizan en presencia de los padres, su nivel de estrés es menor, incluso aunque se quejen más... Es que antes los padres tienen la libertad de quejarse.
A veces yo creo que simplemente es por que el médico se siente más libre sin los ojos de los padres encimam, sin preguntas, sin tener que explicar... Pero es mucho más humano tener que explicar, contar lo que se le está haciendo al pequeño.
Cuando mi hijo pequeño tenía dos años tuvimos que hacerle un análisis en un hospital madrileño y la enfermera que era una rancia, estaba empeñada en que no le pusiera al pecho a mi hijo; llegó a decir que tenía que estar en ayunas, como si lo que tomara durante el análisis fuera a hacerle la digestión instantáneamente. El niño se puso nervioso, yo me puse nerviosa... el análisis salió en parte mal porque se microcoaguló la sangre.Sin embargo le repetimos el análisis a los tres meses en el ambulatorio... y la enfermera me animó a ponerle al pecho: ¡estupendo tetaanestesia! El niño ni se quejó en el pinchazo y el análisis salió perfecto. Es la diferencia entre una profesional rancio, rígido, de miras estrechas y una profesional humana y flexible.
La tecnología está muy bien para lo que es... pero el resto es trato de persona a persona y nada más.
Fíjate si estoy de acuerdo contigo que tengo previsto abandonar la sanidad pública en los próximos meses y abir mi consulta privada. Precisamente porque no puedo ejercer la pediatría de la palabra en el ambulatorio con mis 4 minutos por paciente. Una pena para mis madres del SAS pero un gran paso para mí como profesional. Por fin voy a ejercer de médico!!. Ya estaba harta de hacer de administrativa.
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