martes, 15 de mayo de 2012

¿Y tú qué harías?



La medicina en muchas ocasiones no es blanca ni negra, y como se suele decir, en ésta nuestra ciencia, dos más dos no siempre son cuatro.
No son pocas las ocasiones en las que el camino a tomar puede seguir diferentes senderos y los médicos decidimos una u otra opción, según lo que creamos que es mejor en base a nuestros conocimientos y a nuestra experiencia. Además, siempre que considero que existe esa opción, a mí me gusta que los padres participen en determinadas decisiones, obviamente habiéndoles informados de cada posibilidad.

Muchas personas agradecen ese gesto y devuelven argumentaciones muy válidas y que hacen que nosotros también aprendamos qué hay "en el otro lado". No obstante, también ocurre, que otras personas cuando les dejas "elegir" o como mínimo "opinar" se sienten abrumadas.

Seguramente son muchos los motivos que originan esta sensación de disconfort de algunos padres cuando les "devuelves la capacidad de decidir" (entre comillas, porque en realidad es siempre de ellos) en cuestiones de salud infantil. Seguramente una razón de peso es la sensación de "yo de medicina no sé". Otra es que los médicos, al igual que otros colectivos, éramos considerados -en el pasado y cada vez menos- autoridad, de forma que la gente tradicionalmente acataba y no cuestionaba las decisiones. Y en último lugar yo creo que la gente en general -y aunque siempre haya desconfiados en esencia o por malas experiencias anteriores- suelen confiar bastante en nosotros.

El caso es que cuando a muchos les das a elegir, la siguiente pregunta que te hacen es: ¿Y tú qué harías? Y en realidad, aunque la pregunta parezca una perogrullada, es una pregunta muy íntima. Porque en verdad lo que te están preguntando es: Si este hijo, que es mío, fuera tuyo y tú fueras yo, ¿qué decidirías? Con lo cual, y salvando la distancia, tienes que meterte en ese papel y ser sincero.

Hace unos días en una sesión, uno de los otorrinos de nuestro hospital justamente hablaba de esto, cuando nos explicaba las nuevas técnicas de reducción amigdalar mediante radiofrecuencia. Los resultados son tan buenos, que incluso resulta efectiva en algunos casos en los que la mayoría de los protocolos recomiendan la extracción de las amígdalas en lugar de la reducción. En el momento en el que tuvo que operar a su propio hijo, en el que en principio estaba indicada la extracción y no la reducción, se planteó el postoperatorio de una y otra opción y las posibles complicaciones y optó por la reducción. El verse a sí mismo como cirujano y padre de paciente hizo que pueda dar una respuesta menos dubitativa, cuando algún padre le pregunta ante la cirugía amigdalar, ¿y tú que harías? Y opte por la técnica menos agresiva para el niño y más sencilla siempre que sea posible, aun cuando los estándares puedan ir en otra línea.

Escuchando al compañero, pensé que en eso está en muchas ocasiones el quid de la cuestión de nuestro día a día. Seguramente sin que los padres me lo pregunten, con cada niño que atiendo intento funcionar haciendo más o menos lo que haría con mis propias hijas. Aprovechando las ventajas de tener cierta distancia emocional, porque sino sería un sinvivir!

6 comentarios:

Esther dijo...

Supongo que a eso se le llama empatia y es lo que diferencia a un buen pediatra de un pediatra estupendo; y este segundo es tu caso

Yo y mis mini yos dijo...

Me parece una forma mas que razonable de practicar tu profesión!!! :-)

Simplemente_yo dijo...

Esa comunicación es fundamental, no es autoridad, es confianza.
Como pediatra, te puedo preguntar una cosa...Y tú, qué harías en mi caso...

http://lacomunidad.elpais.com/simplemente-yo/posts

anlogar2 dijo...

Sin duda alguna es confianza. A mi no se me ocurriría en ningún momento preguntarle a la pediatra de mis hijos q haría ella, pero sin embargo a la q normalmente la sustituye cuando no está sí. Por tanto todo es cuestión de confianza y creo q es algo muy bonito q un padre o madre te pueda preguntar eso ya q es la vida de nuestros hijos, lo mejor q tenemos. Solo los buenos profesionales creo q reciben ese tipo de preguntas.

Chitin dijo...

Esa actitud para mí significa que además de tener los conocimientos médicos tienes empatía a la hora de ejercer tu profesión.

Q suerte tienen los niños a los que tratas!

asl dijo...

Pues sí, tienen mucha suerte tus pacientes! Yo me acabo de llevar un gran chasco con mi pediatra porque tras recetar 6 veces en 9 meses antibiótico a nuestra niña de 18 meses yo cuestionaba su decisión y su única respuesta fue salirse de la consulta! Y mi marido opinaba: él es el médico así que hay qué hacerle caso... Así que es muy frustrante esa dicotomía entre la autoridad del médico y tus propias opiniones, sobre todo cuando te hacen sentir imbécil.. . Gracias por tu blog

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