miércoles, 9 de mayo de 2012

Criterios de ingreso hospitalario en los niños



Una de mis funciones como pediatra de Urgencias es en muchas ocasiones decidir si el proceso que presenta el niño se puede tratar ambulatoriamente -es decir en su casa- o precisa un tratamiento hospitalario. Por suerte, la mayoría de los niños se pueden marchar a su domicilio y sólo un pequeño porcentaje (siempre menor del 5%) necesitará quedarse.
Partiendo de la premisa de que un niño donde mejor está es en su casa y que el hospital, aunque necesario, a priori es un lugar hostil para ellos, no es extraño que hasta la Carta de los Derechos de los Niños Hospitalizados haga referencia en primera instancia a evitar el ingreso siempre que sea posible.
Como ocurre casi siempre sobre el papel muchas situaciones son más fáciles de resolver que en la práctica y si bien hay enfermedades o procesos que precisan hospitalización sin duda alguna y en el otro extremo procesos banales que se pueden tratar con tranquilidad en domicilio, nos encontramos también en ocasiones en el punto intermedio de toda la gama de grises.
Y en esa escala de grises en muchas ocasiones son determinantes los padres: no sólo en su capacidad de entender la enfermedad y cómo tratarla, así como saber valorar los signos a vigilar o los controles a hacer, sinó también su capacidad logística y de forma fundamental, su capacidad para llevarlo con angustia o por el contrario con cierta soltura emocional.
Así en muchas ocasiones el mismo cuadro patológico puede determinar que el niño quede ingresado o se vaya a domicilio. Y en el caso de que se vaya, puede designarse un tipo de control más estrecho u otro más a distancia.
También la seguridad del médico en su diagnóstico determina algunos de estos parámetros. Los que están o estamos más inseguros en un momento dado de la evolución, muchas veces preferimos dejar al paciente en el hospital.
Ocurre también que los criterios establecidos en los diferentes centros vayan en una línea u en otra. Por ejemplo, el otro día os hablaba de las meningitis asépticas: aunque se suelen ingresar en la mayoría de centros, hay quien opta por no hacerlo (y de hecho, será con seguridad la tendencia generalizada en el futuro)
Otras veces ocurre que el proceso patológico mantiene al niño en una situación dudosa -ingreso o no ingreso- decantándose la balanza hacia un lado u otro apenas unas horas después.
Si me preguntáis personalmente, generalmente y atendiendo a lo que me parece mejor para el niño intento ingresar muy poco. Lo imprescindible. Aunque en ciertos momentos no hay duda de que no queda más opción.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayyy... Sí todo el mundo se tomase su profesión tan en serio nos iría mucho mejor. Da gusto leer a gente con criterio y más en tú profesión!

Leia Organa dijo...

Mi hijo tiene una tara genetica en la sangre que nos hace estar en continua tensión ante golpes o arañazos; esto nos ha proporcionado bastantes visitas al hospital de referencia donde algún hematologo decide si le ingresan o no.

En este año escaso que tiene, ha tenido que ser ingresado en dos ocasiones y por causas mayores.

Y te puedo asegurar que cuando te viene el hematologo y te dice que ingresan a tu hijo de seis o nueve meses porque "puede haber complicaciones" se te cae el mundo encima; pero cuando le dan el alta con un "si le sube la fiebre o veis que esta somnolientolo traeis" no es mucho mejor.

Y es que puedo decir que el apoyo recibido en la sala de pediatria de urgencias es vital para que los padres no nos sintamos niños indefensos con ganas de llamar a nuestros papás...

Desde aqui dar las gracias a todos los profesionales que cuidais de nuestros hijos y de sus padres; porque a veces es más duro para nosotros que para ellos.

GRACIAS

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