viernes, 13 de abril de 2012

La tecnología, el quirófano y las relaciones médico-paciente

El pasado domingo, estando fuera de Barcelona, aprovechando los últimos días de la Semana Santa para airearnos un poco, recibí noticias de dos amigos que me consultaban sobre problemas de salud de sus hijos. Uno de ellos, tenía a su bebé de 6 meses con fiebre y le habían aparecido unas lesiones en la piel. Me llamó al móvil mientras estaba subiendo a Sa Palomera en Blanes y le hice una valoración a distancia con las limitaciones que ello tiene mientras contemplaba la inmensidad del mar.
Tan sólo unas horas más tardes, otro amigo, por cierto blogosférico, me enviaba una foto de unas lesiones en la piel del lóbulo de la oreja de su hijo acompañándolas de una breve descripción de las mismas. Telemedicina de andar por casa que he utilizado muchas veces con mi hermana y que también en este caso sirvió para dar pistas en el sentido correcto.  

Imagen de Víctor Bassols

Anteayer miércoles subí al quirófano de nuestro hospital a acompañar al hijo de unos amigos, al que le tenían que poner un tubo de drenaje pleural para resolver el líquido pleural que le había provocado una neumonía.
Hacía muchísimos meses que no entraba en un quirófano. Y al cambiarme y ponerme el pijama verde no pude evitar cierta tensión. Es sensacional ver como un acto tan sencillo como ponerte determinada ropa puede hacerte retomar emociones antiguas. Y es que a mí el quirófano me recuerda a las salas de partos y a las cesáreas urgentes y al subidón de adrenalina cuando me avisaban en una guardia cualquiera porque un recién nacido no llegaba en condiciones correctas y quizá había que estabilizarlo o reanimarlo. Ahora que mi actividad es exclusivamente en Urgencias, y que en mi hospital no hay paritorios, todo esto había quedado un poco en el olvido.
La última vez que entré en un quirófano, llevaba teléfono y/o busca. Seguro. Pero no llevaba un teléfono como el que llevo ahora......y el instinto al llegar, como a veces me ocurre en las guardias, fue ponerme a tuitear. En ese preciso instante me vino a la cabeza esa escena de la serie Anatomía de Grey -que por cierto no tengo ni idea de cómo es, salvo el fragmento que os comento- donde una de las protagonistas tuitea una intervención en quirófano.
Además y quizá aquí está la gracia, mediante WhatsApp, hice una retransmisión a distancia del procedimiento a los padres de la criatura, que pasaron del "no saber qué pasa en todo el rato del quirófano" a preveer la duración, saber que el crío estaba perfecto y sobretodo adelantarles la noticia del momento en el que todo había acabado (bien) aunque todavía no se les hubiera devuelto a la habitación.
Obviamente la parte no tecnológica es que el niño al despertar de la anestesia viera una cara conocida y algo menos hostil que el resto de batas verdes, blancas y demás.
En la era "pretecnológica" he entrado en otras ocasiones al quirófano con familiares y amigos y creo que tener a alguien conocido cerca se agradece, en un territorio que a priori a la mayoría se nos antoja poco acogedor por decirlo de alguna manera (salvo a quien tiene el quirófano como su segunda casa, que haberlos haylos...).
Vale. Esto es un "lujo" que no todo el mundo disfruta, pero a saber cómo evolucionan las tecnologías y a dónde iremos a parar en esto de la comunicación médico-paciente. Pues no hace tantos años no se podía chatear, ni se podían enviar fotos en el momento, ni por supuesto podías localizar a tu pediatra un domingo de Resurrección mientras éste se deleitaba mirando el Mediterráneo.....

PD: Sin acritud. Y con mucho amor para mis amigos que me confían la salud de sus hijos. Buen fin de semana!

6 comentarios:

m dijo...

Yo no tengo conocidos médicos, que me informen en el quirófano, pero es cierto que con los niños hay una sensibilidad especial. Recuerdo una intervención de mi hijo mayor, que todavía no había cumplido 3 años, para romperle una piedra en el riñón, los médicos fueron de lo mejor, con él y con nosotros, sobre todo conmigo, que estaba muy nerviosa. Nos llamaron a la habitación en cuanto acabó todo para decirnos que había acabado y salido bien. Vamos, un diez en el trato profesional y personal.
Buen finde!

l'antonia dijo...

Yo he sido una de las afortunadas. Entre en quirofano cogida a tu mano cuando solo eras estudiante. Un beso muy fuerte de tus tíos y enhorabuena por ser como eres.

Mo dijo...

Vaya si se agradece...ojalá siempre fuese posible algo así.

dra jomeini dijo...

Voy a ser la voz disonante: está claro que es agradable para el paciente que alguien conocido lo acompañe al quirófano, pero el continuar dentro, durante la intervención, en muchas ocasiones no lo es para los profesionales.No haces las cosas relajadamente como siempre, sino que estás pendiente del familiar en todo momento y, por supuesto, mucho más tenso si existe la mínima complicación. Tanto el cirujano como el anestesista.En las pocas ocasiones en que me ha tocado hacer de acompañante (incluido mi propio hijo), me he ido en el momento de la inducción y he vuelto cuando ya estaba extubado. No te lo tomes como un reproche. Es sólo mi opinión.

María (Azabache) dijo...

Qué maravilla para esos padres. A mí me operaron del corazón cuando era pequeña y sólo he podido entender lo que tuvo que ser para mis padres ahora que tengo un peque. Una pesadilla. Así que ver en los hospitales a profesionales que escuchan y tratan con paciencia a los familiares es reconfortante.

sorteo un broche personalizado para doctor@s. Visita este post si te interesa :-) http://www.azabacheartesania.com/post/batas-blancas-y-de-otros-colores

marta dijo...

Totalmente de acuerdo con la dra. jomeini. soy medico y tampoco he entrado a operaciones de mis hijos. cuesta pero creo qe es lo mejor para ellos; dejar trabajar con libertad .

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