lunes, 12 de marzo de 2012

¿Misma enfermedad? ¿Enfermedades encadenadas?





En estos últimos días del invierno, algunas familias andan ya desesperadas. Para algunos ha sido su primer invierno "pediátrico" y han sufrido cómo algunos de sus hijos han estado más tiempo enfermos que sanos. Sin ser de los peores inviernos epidémicos que llevo recorridos (por ejemplo, el virus respiratorio sincitial este año ha atacado con menos virulencia), es comprensible, que en estos momentos, más de uno y más de dos, esté deseando que la primavera nos inunde de días soleados y calurosos, y por extensión, de optimismo y ausencia de virus.

Aunque las cifras sobre la cantidad de virus que puede coger un niño al año son espectaculares, cuando esta secuencia de enfermedad se tiene en casa, desquicia a más de uno. Y muchas personas no entienden que en tan sólo unas pocas horas de convivencia con otros niños, se pueden contagiar (muy frecuente el comentario: pues si a la guardería casi no va! -va lo justo para infectarse....-)
Aunque la mayoría de cuadros virales estarán activos 4 ó 5 días, hay algunos virus que tienen capacidad para producir una enfermedad más prolongada, con altos y bajos. Entonces ocurre que en determinados momentos cuando la fiebre va y viene durante una semana o más, uno no sabe si es el mismo virus el causante o ha sido un encadenamiento de infecciones, pasando el periodo asintomático entre una y otra enfermedad prácticamente inadvertido.

En estos casos, los pediatras a veces tampoco sabemos si el origen de una enfermedad aparentemente prolongada es un mismo germen o son diferentes. La historia clínica es importante (aunque a veces no suficiente) y por ejemplo es útil saber cómo ha evolucionado la fiebre, si ha habido días afebriles, y la cadencia de los síntomas. A veces nos ponemos pesados preguntando, porque en muchas ocasiones el periodo sin síntomas o de convalecencia ha sido tan corto, que los padres tienden a expresar que el niño lleva dos semanas enfermo, cuando en realidad ha habido un par de días en medio en los que ha estado más o menos bien (y donde convergen periodo de convalecencia con nuevo periodo de incubación). Por eso, de cara a entrar a las consultas, resultan de poca utilidad para los pediatras frases del estilo: "lleva enfermo 3 meses" o "tiene mocos desde que nació", por mucho que uno entienda que en realidad lo que esas frases traducen son el grado de hartazgo de convivir con un virus detrás de otro. Raramente un niño tendrá una inmunodeficiencia que lo justifique o una enfermedad crónica causante. De forma que la recomendación, como os digo, es intentar acotar en el tiempo la duración y la evolución de los síntomas para poder concretar una buena historia clínica. Las bondades de la historia clínica son numerosas pero principalmente determinará si ciertas exploraciones complementarios son o no necesarias, al igual que algunos tratamientos.

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