En estas últimas semanas, mi hija mayor, está comiendo como nunca. Igualmente detecto que su crecimiento se está acelerando a sus 8 años y que en breve va a ser más grande que yo (vale, ya sé que eso no es muy difícil, -los que me conocéis sabéis que soy más bien bajita y los genes paternos más bien altos-). Y algunas de las niñas (los niños no me consta....) de su clase empiezan a tener cambios puberales evidentes como el inicio de la aparición de un discreto vello en genitales y axilas.
En el momento de la pubertad el crecimiento del cuerpo es importante y por eso en muchas ocasiones los chavales aumentan su ingesta alimentaria.
Sin embargo mi hija ya ha pasado por momentos en los que ha comido bastante. Y por el contrario, momentos en los que ha comido más bien poco. También detecto estos ciclos en la pequeña, aunque quizá de forma menos evidente. Y es que creo que eso nos pasa a casi todos, niños y adultos: pasamos épocas de menor o mayor apetito, coincidiendo o no con crecimiento, enfermedades o humor.
El tema de la comida preocupa con frecuencia a los padres, siendo extremadamente frecuente la frase "Mi niño no me come", que ha quedado inmortalizada en los anales de la pediatría.
La verdad es que no sufro nada por este tema (reconozco que mis niñas por lo general no han sido malas comedoras, y eso es jugar con cierta ventaja....lo sé) y si me apuráis, empiezo a sufrir más justamente en la situación contraria: cuando comen de más y cuando ese "de más" corresponde a alimentos con baja calidad nutritiva.
Por ello y a riesgo de quedar de mal educada según los cánones convencionales, cuando las veo remoloneando con un plato del que ya han comido un poco o cuando quieren más de algo llenando el ojo antes que la tripa, muchas veces les digo que no coman más. Eso sí, evitando el capricho, y por ello en más de una ocasión les comento que mi mesa no es la mesa de un restaurante donde se puede comer a la carta.
Si nos paramos a pensar, muchos nos pasamos media vida "obligados" a comer y la otra media "obligados" a no comer, porque nos sobran unos cuantos michelines y unos gramos de colesterol. Quizá estamos influenciados todavía por el hambre que pasaron nuestros abuelos y algunos de nuestros padres en la guerra y en la dura postguerra, quedando en el imaginario colectivo que comer más es sinónimo de salud.
Y que en realidad, hambre y desnutrición hay por otros mundos, aunque no queramos mirar más allá de nuestra mesa y del marraneo que hacen con la comida nuestros hijos.

1 comentario:
Uuufffff
A veces me siento malamadre por no obligar a comer a mi hijo. Si no quiere, no hay discusion, comera mas tarde.
Niño sano, con buen peso y si tiene hambre come de todo (verdura, carne, pescado... Lo que toque)...
Odio la pregunta ¿ya se lo ha comido todo?... Mi respuesta: si, todo lo que necesitaba.....
A ver si vamos a ser adivinos y saber que necesita justo este plato enterito de pure ni mas ni menos (bueno con el mas no se suele tener problema)...
Mi madre una vez se empeño en que comiese y... el crio al de poci vomito todo... No es que estuviera llamando la atencion... es que estaba enferno (gastroenteritis creo recordar....)... Desde entonces decidio que no merecia la pena forzarlo.
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