viernes, 30 de diciembre de 2011

Recopilando el 2011...



En breve estrenaremos un nuevo año. Tengo que confesaros que el 2011 ha sido un mal año para mí. Un día de estos os explicaré por qué. No obstante tengo la esperanza puesta en el próximo 2012. Aunque soy consciente que cambiar de año es una anécdota en nuestro día a día y que poco cambiará entre el 31 de diciembre del 2011 y el 1 de enero del 2012, permitídme la esperanza. La esperanza en que las cosas irán mejor. La esperanza que hace que no sobrevenga el apagón emocional para poder seguir adelante cada día. En eso estamos. Sobre todo por quién depende de mí.

Para resumir este año 2011, que ya está dando los últimos coletazos, os paso un resumen de los posts más vistos y comentados. Espero que los disfrutéis (de nuevo).


¡Feliz 2012!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Plan de parto y nacimiento



He tenido acceso en estos últimos días al Plan de Parto y Nacimiento que acaba de publicar el Ministerio de Sanidad. El documento atiende a las demandas que desde hace mucho tiempo diversos colectivos de mujeres hacían para que en el momento del parto y el nacimiento, la mujer pudiera elegir, a pesar de que el parto sea hospitalario y/o instrumentalizado.

Las políticas hospitalarias han sido en los últimos años muy paternalistas entorno al parto, con uns protocolos bien establecidos, pero que dejaban poco espacio a que la mujer pudiera decidir. Hay que ser honrado y admitir que ello fue consecuencia de una medicalización del parto que tuvo consecuencias muy positivas, pues la mortalidad perinatal y maternal durante el parto descendió hasta cifras que son anecdóticas si comparamos con lo que ocurría no hace tanto tiempo.

Siempre pienso que los excesos de la medicina se producen buscando el bien general. Y luego a veces hay que dar unos cuantos pasos para atrás para resituarse. Para coger lo bueno que nos ofrece la tecnología y volver a hacer cosas de antaño que quizá no estaban tan mal. Al igual que ha ocurrido con la Neonatología y los cuidados centrados en la familia, la Obstetricia tiende una lanza a la implicación de la mujer y la familia en un momento tan especial como es el nacimiento de un hijo.

El Plan de Parto parte de la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal publicada hace unos meses y que postula en base a la medicina basada en la evidencia. Por ejemplo en esta guía afirma no recomendarse de rutina la episiotomía y aborda los beneficios del contacto piel con piel de la madre y el recién nacido. A partir de esta guía el documento del Plan de Parto, bastante completo bajo mi punto de vista, permite que la mujer tome determinadas decisiones de forma acorde a la forma como desea parir. Como dice la introducción es un documento en el que la mujer puede expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso de parto y nacimiento. Y abarca desde el momento en el que llega al hospital hasta el puerperio. Algunos aspectos que se pueden concretar son por ejemplo quién será el acompañante, la elección del lugar y la postura para dilatar, la elección del tipo de analgesia (o la decisión de no analgesia), el deseo de cortar el cordón umbilical y/o donar la sangre de cordón, y también algunos aspectos en relación con el recién nacido y los cuidados iniciales (higiene, vitamina K, lactancia, etc).

Todo ello por escrito (que no significa inamovible) y recomendable a realizar entre las semanas 28 y 32 de la gestación. Durante el parto se podrá modificar si así se desea. Estamos mejorando, ¿verdad?

martes, 27 de diciembre de 2011

Espasmos del llanto, ¿quién se asusta más?

El día de Navidad me tocó estar de guardia como casi todas las Navidades de mi vida desde que soy pediatra (o me formaba para ello). Podríamos decir que fue una guardia "tranquila", pues los virus epidémicos se han tomado un pequeño respiro y no había tantos pacientes respiratorios como los que por estas fechas habitualmente inundan el hospital.

Una de las visitas en las que tuve que emplear más recursos fue con unos padres que estaban muy asustados porque creían que su hija, una niña de 18 meses, había hecho una convulsión febril. Ciertamente tuve que preguntarles exactamente qué había pasado porque hipotéticamente, dado que la niña tenía fiebre, sí podía ser una convulsión febril.

Por la historia que me explicaron, y a pesar de que es un fenómeno que asusta casi lo mismo que las citadas convulsiones, mi diagnóstico fue de espasmo del sollozo o espasmo del llanto.

El espasmo del sollozo es un fenómeno relativamente común, pues afecta a un 5-7% de los niños. Típicamente entre los 6 meses y los 6 años. Coincidiendo con el llanto, o en ocasiones con sorpresas o "sustos" los niños hacen una pausa respiratoria y no "arrancan" a llorar. Se conoce como que "se privan" o "se pasan". Con esa pausa respiratoria se suele asociar un cambio de coloración en la piel, que se vuelve morada en algunos casos o blanca en otros, y a veces incluso se produce algún movimiento espástico que simula una convulsión. En pocos segundos (entre 30 y 60 aunque se hará eterno para quién lo observa) el niño empieza a llorar y todo se soluciona por sí mismo.

En el espasmo del llanto hay cierto componente genético, de forma que si sóis de los que dábais sustitos de este tipo a vuestros padres, es posible que vuestros hijos os paguen con la misma moneda. Y para alivio de la mayoría, se extinguen con la edad y son totalmente benignos (es decir, que no dejan secuelas ni están relacionados con otros cuadros patológicos como la muerte súbita del lactante o las propias convulsiones).

El padre de la niña que os comentaba me preguntaba sobre qué medidas debía efectuar en su domicilio y quería informarse sobre la posibilidad de formarse en medidas de reanimación. Aunque le ofrecí estar atento a nuestros cursos de reanimación para padres, también le expliqué que las maniobras de reanimación cardipulmonar no eran necesarias para el espasmo del llanto. De hecho, lo único que hay que hacer ante el episodio es NO PERDER LA CALMA. Algo que es difícil en la situación, pero como veréis en el vídeo de más abajo, posible. De hecho lo más peligroso es el zarandeo o la posibilidad de que se golpee con algún mueble o que se atragante si lleva algo de comida o algún objeto en la boca. Y serán estas cosas las que haya que evitar.

Un asunto curioso es que aunque pueda parecer lo contrario, inicialmente estos episodios son involuntarios. Eso no quita que los niños, si van viendo un gran "circo" a su alrededor cuando ocurre, aprendan a controlarlo y sacar rédito. Esto que os explico lo viví en mi infancia con una prima mía más pequeña. Como "se pasaba" con el llanto, era "intocable", y los adultos cedían con más frecuencia a sus caprichos (algo que a su propio hermano y al resto de niños ya en su día nos parecía injusto....). Así que si la consigna es no perder la calma mientras sucede, posteriormente es útil no mostrar preocupación o enfado, sinó una actitud neutra, tipo "aquí no ha pasado nada". ¿Difícil?







lunes, 19 de diciembre de 2011

Esa tos reminiscente

Debía estar cursando tercero o cuarto de carrera. Todas las mañanas cogía el autobús para ir a la facultad. Una mañana de frío y oscuro invierno, uno de los asientos cuando yo subí, estaba ocupado por un señor joven, no tendría más de 5 ó 6 años que yo. Llevaba una gran manta y dentro se adivinaba que debía llevar un bebé, que por el tamaño del "bulto" no debía de ser muy grande.

En pocos minutos me estremecí (de hecho todo el autobús estaba enmudecido, con los oídos afinados y el alma en un vilo) cuando aquel bebé empezó a toser y a manifestar ruidos respiratorios inquietantes. La tos muy era seca. Entre ataques de tos se quejaba con ese quejido lastimero que tienen los bebés que tienen dificultad para respirar. Y aunque no le llegué a ver la cara, estoy segura de que muy buen color no tenía. La inexperiencia y la timidez me impidieron decirle a ese señor que se bajase del autobús, que llamase a una ambulancia (o qué carajo, hacerlo yo junto a él), porque la dificultad respiratoria que presentaba el bebé necesitaba un tratamiento urgente.

Se bajó en la misma parada que yo. Iba al Hospital Clínico y yo a la facultad del mismo hospital. Estoy segura de que se quedó ingresado durante unos cuantos días. Me quedé con curiosidad por saber qué fue de él. Pero la tos no se me olvidó nunca.

Hoy en día, identifico ese timbre de tos con facilidad. Ya no me asusta, aunque es bueno seguir teniéndole respeto a algunas cosas. Habitualmente quienes tienen esa tos, son niños con bronquiolitis. Y esa tos tan peculiar, a modo de tarjeta de presentación, la suele originar el virus respiratorio sincitial, el VRS. Seguro que también son muchos los padres, que nunca en su vida la olvidan.





viernes, 16 de diciembre de 2011

Contradicciones de una madre pediatra

Para despedir la semana, os traigo el último post con el que he colaborado con El Club de las Madres Felices. Como podréis ver, muchas veces las cosas no son blancas o negras sinó que se mueven en una amplia gama de grises.... Buen fin de semana!

El hecho de tener hijos aporta un nuevo color a la forma de asumir una profesión ligada a la infancia, como es ser pediatra. Supongo que algo similar les ocurre a maestros, psicólogos u otros profesionales que en su día a día trabajan con niños y luego viven con niños en sus hogares.
En ese camino en la empatía, sucede que si has vivido situaciones similares a la que otras personas te explican, la comprensión es mucho mayor. Y se cumple una frase que antes de tener hijos, me fastidiaba mucho al oír –de forma similar a como te fastidian algunas expresiones de tu madre hasta que la haces abuela y te observas a ti misma repitiéndolas-, algo que puedo asegurar que es bien cierto: ser padre o madre te hace mejor pediatra. Y no porque los conocimientos aumenten por generación espontánea al ritmo que crece tu barriga de embarazada, sino porque hay una parte de ti que comprende a la perfección lo que los hijos “hacen sufrir” y la forma cómo se modifica tu escala de valores y tus prioridades en la vida.
De esta manera se comprenden de otra manera las lágrimas que la madre de un recién nacido vierte sobre tu mesa en la consulta por un cólico a destiempo, la cara de susto de unos padres a los que informas que tienes que hacerle a su hijo una punción lumbar, o la negativa de otros a realizar algunas pruebas invasivas.
Todo ello acaba llevándote a ser mucho más flexible con algunas decisiones médicas, pues existen muchos casos en los que las cosas no son blancas o negras y se puede dar a los padres la opción de consensuar una decisión respecto a la salud de sus hijos. Muchas familias, con la información en sus manos, acaban preguntándote sobre qué harías tú en su lugar (y con tu hijo/-a). Y la respuesta no es tan sencilla. En mi caso, que soy muy poco intervencionista, siempre opto por decidir hacer las menos pruebas posibles y dar la menor medicación posible. Otras veces, el asunto está claro y es necesario emplear toda la potencia que la medicina nos ofrece y no dudar en hacerlo así.
Con mis hijas he tenido escasos momentos de contradicciones por el hecho de ser a la misma vez madre y pediatra. Quizá porque afortunadamente se han enfermado muy poco. Aparte de que hay síntomas a los que no hago ni caso (como por ejemplo que tengan mocos), por lo demás casi todo han sido síntomas y enfermedades comunes, de fácil resolución. En pocas ocasiones creo recordar haber perdido la objetividad. En la que me llega a la memoria con más facilidad, mi hija mayor era un bebé de pocos meses y tuvo una gastroenteritis con muchísimas diarreas y escasa ingesta. Después de dos noches en vela con la niña irritable y cambiando pañales y sábanas, tuve mis dudas sobre el bienestar de la criatura. Y también sobre mi capacidad para evaluar la situación con objetividad. Me di el plazo de unas horas para que le echara un vistazo alguno de mis compañeros. Finalmente las cosas mejoraron y me acabé “apañando” yo sola como casi siempre.
En otros momentos, me ha tocado ser “el ojo objetivo” con los hijos de otros pediatras y con los hijos de mis amigos. Reconozco que pierdes un poco el enfoque cuando hay vínculos emocionales de por medio. Y eso no siempre tiene que ser negativo, pero es algo a tener en cuenta. Pues no está mal recordar que existe aquello que en medicina conocemos como el síndrome del “recomendado”

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los (supuestos) beneficios económicos del "acueducto"



La semana pasada tuvimos esa semana tan extraña con días festivos intercalados con días laborables. Con puentes para unos, acueductos para otros, y días "normales" para una pequeña proporción. En estas épocas convulsas en temas económicos, no pocos se planteaban la necesidad de reconvertir estas fiestas o no hacerlas o lo que sea. Vaya, que no estamos para muchos festivos con las noticias económicas que diariamente nos transmiten y en vísperas de los días de Navidad.

Si bien el lunes os hablaba de que ya estamos en "temporada alta" en Urgencias, en los últimos días ha habido un cierto descenso en el número de pacientes atendidos. ¿Os imagináis por qué? Pues es un fenómeno que también ocurre habitualmente en los primeros días de enero.

Fácil. Los niños no han tenido cole ni guardería. O lo han tenido en días diferentes (cada colegio a la suya). O no han ido porque los padres han aprovechado para viajar. Poca coincidencia del grupo entero. Y ese frenazo en la actividad colectiva, en compartir sudores y mocos cotidianos, ha frenado a los virus.

Para compensar, algunos pequeños con cuadros aparentemente virales con unas febradas de órdago. ¿Los primeros casos de gripe? Posiblemente.....a ver si con un poco de suerte no hay propagación masiva antes del cese de la actividad lectiva por Navidad.

¿Y por qué esto conlleva beneficios económicos? Una explicación de pediatra con cero conocimientos en economía más allá de la economía doméstica. Allá va:


Menor enfermedad de los niños = Menor absentismo laboral de los padres (en especial de las madres) = Más producción económica.


Por lo que al personal sanitario respecta, una pausa para coger aire y seguir con el resto del invierno. ¡Qué vivan los puentes!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El pañal nocturno



Desde que en verano mi hija pequeña siguió la conversación que mantuve con los padres de una amiguita de su clase, de tanto en tanto me comenta que quiere que le quite el pañal nocturno. La conversación versaba justamente sobre la idea que tenían los padres de su compañera de quitarle el pañal por la noche, aprovechando que era verano. Para ello, habían optado por levantarla durante la noche al lavabo a intervalos regulares, para evitar que se lo hiciera encima.

Irene se ha puesto como meta pasar 3 noches seca, para después "atrevernos" a quitárselo. Para ello, me ha pedido que la levante por la noche al lavabo, tal como oyó que los otros adultos hacían. Para complacerla y no quedar siempre como "mala madre", algún día, antes de acostarme la he levantado al lavabo. Una inutilidad. Va zombie perdida, y si realiza diuresis es casual. Al final, lo que hacemos otros padres y yo misma cuando los levantamos al lavabo es "hacer función de pañal" sin que ello conlleve la maduración que estamos esperando de control vesical nocturno.

Sobre los motivos fisiológicos o parafisiológicos que originan una enuresis nocturna ya hablé hace un par de años aquí.

La enuresis se considera monosintomática cuando durante el día el niño no presenta otros síntomas neurológicos o urinarios. Y ojo al dato, porque afecta entre un 15 y un 20% de los niños de 5-6 años, considerándose esa edad como la "normal" para tener control esfinteriano nocturno. Eso significa que en la clase de mi hija, de 25 niños, estadísticamente todavía habrá dentro de dos años (momento en el que todos hayan cumplido 6 años) 4 ó 5 niños o niñas que necesitarán pañal o que mojarán la cama frecuentemente (seguro que la cifra a día de hoy es bastante superior). Así que es bastante usual, para tranquilidad de los padres recientes y para tenerlo en cuenta en los proyectos educativos en los que se incluyen noches fuera de casa (colonias, convivencias, etc).

Sobre los tratamientos, hay dos líneas a seguir: una es el tratamiento conductual (alarmas) y otra se basa en fármacos (hormona antidiurética). Sin embargo, la recomendación que os haría es planteárselo cuando al niño le origina un perjuicio importante social o psicológicamente. Pues es sabido que entre los 6 años y la adolescencia, más tarde o más temprano, el control de esfínteres se producirá espontáneamente. Así que la pregunta sería: ¿vale la pena tratar algo que se "cura" solo? En algunos casos sí, pero creo que es importante que sea a petición del niño incómodo con el problema y no por decisión exclusiva de los adultos.

Un aspecto que me gustaría remarcar como niña enurética que fui, es que los niños no son culpables de su problema y que por muchos calendarios de días secos que se hagan, difícilmente hay forma de controlar los escapes hasta que un día ¡por fin! desaparecen. Así que habría que evitar ridiculizar al niño (antiguamente era maquiavélico, con sábanas mojadas colgadas a la vista de todo el mundo, etc) pero también evitar darle más importancia de la que realmente tiene un problema más común de lo que creemos (e infradiagnosticado, pues no todas las familias consultan por ello). Más información sobre el tema por aquí.

martes, 13 de diciembre de 2011

La UCI pediátrica: ese lugar



En el Magazine de la semana pasada de La Vanguardia había un reportaje sobre la nueva UCI Pediátrica del Hospital Vall d'Hebron. Una unidad recientemente inaugurada y que sustituye a la unidad creada hace 40 años. Las nuevas tecnologías han irrumpido en la unidad, con posibilidades infinitas en cada box de intensivos. A estas alturas del año, seguro que está rozando el lleno, pues uno de los principales motivos de ingreso en las UCIs pediátricas son los pacientes respiratorios que necesitan soporte ventilatorio mientras sus pulmones se recuperan de las lesiones.

Otros de los pacientes que suelen pasar por la UCI son los operados de cirugías mayores de gran importancia. Destacando los niños que son operados de cirugía cardíaca o los que son sometidos a trasplantes. En el Vall d'Hebron son punteros en los trasplantes hepáticos y también en los renales. En verano, lamentablemente aumentan los traumatismos craneales por los accidentes de tráfico y también los niños que se ahogan en piscinas o playas.

Juntamente con los avances tecnológicos, se han producido unos avances "sociales" que son muy beneficiosos para la curación de los niños y para paliar la ansiedad de los padres en estas circunstancias, y es que se permite a los padres estar junto a los niños a todas horas. Algo que supone un cambio radical a los estrictos horarios de visitas que había anteriormente. Supongo que ello es consecuencia de "copiar" lo que se viene haciendo en las Unidades Neonatales, que de unos años a la actualidad, se han convertido en unidades abiertas a las familias. Las familias colaboran en los cuidados y facilitan el bienestar del niño, sobretodo cuando ya está consciente aunque todavía necesite cuidados intensivos.

Las unidades de cuidados intensivos nacieron como ampliación de las salas de reanimación postoperatoria. Las primeras UCIs pediátricas se abrieron en Suecia a mediados de los años 50. En el Hospital Vall d'Hebron se abrió en el año 1968. Entonces, probablemente pocos niños sobrevivían a pasar por allí. Hoy todo ha cambiado en los intensivos pediátricos, aunque muchos pacientes andan en la cuerda floja, a veces durante muchos días, para sufrimiento de quién les quiere. Muchos, por suerte, acabarán contando su estancia en ese lugar hospitalario hostil como una anécdota más en sus vidas.

Los avances tecnológicos son inmensos día a día. No hace tanto tiempo que hice mis últimas guardias en la UCI (si no recuerdo mal, unos 7 años, un poco después de hacerme mamá) , y creo que a día de hoy, habría muchos aparatos nuevos y formas de monitorizar que no conocería. Nunca ha sido mi lugar favorito para trabajar, aunque durante un tiempo me gustó conocer sus secretos, pues lo que se aprende allí, se acaba aplicando cuando ves a niños en estado grave en cualquier otro lugar. Y de hecho, un niño antes de llegar a la UCI por su problema de salud, habrá pasado por una consulta de primaria o por un servicio de Urgencias, donde alguien habrá tenido que constatar la gravedad y efectuar las primeras actuaciones o administrar los primeros tratamientos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Velocidad de crucero



Las 2 ó 3 últimas semanas ya han sido de mucho trabajo en Urgencias. El Virus Respiratorio Sincitial (VRS) no se ha hecho esperar a su cita de noviembre y ya está originando mucha patología. El cuadro más típico que causa este virus, aunque también lo pueden originar otros "primos hermanos" es la bronquiolitis, de la que ya he hablado en años anteriores.

A pesar de que hay muchos niños enfermos, con problemas respiratorios, casi me atrevería a decir que el virus este año no está siendo tan agresivo con los bebés más pequeños. Comparado con otros años, donde los cuadros eran rápidamente evolutivos, este año parecen cuadros más llevaderos. No sé qué opinarán nuestros compañeros que trabajan en las Unidades de Cuidados Intensivos, pero ésta es mi sensación en mis últimos días hospitalarios. En cambio, estamos viendo lactantes más mayores con neumonías por el VRS. Quizá en coinfección con otros gérmenes, pero con necesidad de ingreso para oxigenoterapia. Cada año las mismas infecciones se manifiestan con los mismos cuadros clínicos, pero siempre con alguna peculiaridad.

El virus respiratorio sincitial es un virus capaz de dar diferentes manifestaciones respiratorias. Para los adultos, un simple catarro. Para los más pequeños, bronquiolitis. Para los medianos, muchas veces una bronquitis o una neumonía viral.

Junto con el aumento de la frecuentación en Urgencias, aumenta la complejidad. Los pacientes respiratorios siempre suelen necesitar más recursos que otros pacientes. Además con el sistema de triaje, estos pacientes se priorizan. Con lo cual la espera en general, aumenta. Empiezan los primeros nervios en la sala de espera. Hay gente que es capaz de hacer colas y esperas brutales para comprar en un outlet y sin embargo se enfada por dos horas de espera en Urgencias. Hay que convivir con ello. Cada año se repite.

Entre el equipo, los ánimos a días desfallecen. Ya se va notando el cansancio. Y eso que todavía no ha llegado la gripe. Si la curva epidémica, se acaba solapando a la del año pasado, en 15 ó 20 días, la tendremos por aquí. Para empezar el año "con alegría". Primero empiezan los niños. Unos días después, llega el colapso de los servicios de Urgencias que atienden adultos. Que nos pillen confesados. Un año más.

domingo, 4 de diciembre de 2011

¡Un millón de gracias!




Conocer el número exacto de personas que llegan hasta estas páginas es difícil. Los diferentes contadores arrojan cifras diferentes. Además hay personas que tienen suscripción a la página mediante google reader o similares (unas 1200 personas si no me equivoco). Decir que las cifras me dan igual no sería cierto. Cuando uno escribe le gusta que le lean, por lo menos a mí. Y lo que empezó a ser un cuaderno de viaje que leían cuatro amigos y mi familia hoy produce cifras que dan vértigo.
Quizá el contador que está casi desde el principio junto al blog, es el que podéis ver en una pequeña pestañita marrón en la columna de la derecha si bajáis un poco hacia abajo. Aunque es, comparado con otras estadísticas, el que da una cifra más baja de páginas pinchadas, con frecuencia es el que uso como referencia. Y no sé si os habéis fijado que ha superado una cifra redonda, brutal y desorbitada: ¡1 millón de visitas!

A unas cuantas semanas del tercer aniversario del blog sólo puedo decir: un millón de gracias. A todos los que leéis, comentáis y difundís. A todos los que me animáis a seguir y os acercáis para contarme que os ha ido bien este post o aquél. A todos los que cuando me habéis conocido en persona me habéis saludado efusivamente. A todos los que me tienen en su blogroll y me nombran en sus bitácoras. A todos los que lo caminaréis conmigo en un futuro: ¡un millón de gracias!

PD: Y de regalo, la imagen que ha dibujado para la ocasión mi pequeña artista!

viernes, 2 de diciembre de 2011

Quién enseña a quién (IX): Te imito

Hace unos días, en twitter un pediatra amigo e instructor de RCP (y que por cierto está implicado en un proyecto 2.0 muy chulo: Pediatria dels Pirineus) explicaba cómo su hijo de corta edad, sabía realizar algunas maniobras relacionadas con la reanimación y que se enseñan en los cursos. El niño imitaba la conducta después de haberlo visto a hacer a los mayores, y lo hacía a la perfección después de haberlo observado tan solo una vez.

El hecho de tener un cerebro en desarrollo hace que los niños estén especialmente preparados para el aprendizaje. Todo lo absorben como esponjas. Y esto afecta no sólo a los aprendizajes que podríamos considerar curriculares, sino también al aprendizaje de las conductas para la vida cotidiana. Para ello, es básico ser conscientes de que para ellos somos su principal espejo e intentarán imitar todo lo que hagamos, sea bueno o no lo sea tanto. Con nosotros especialmente, con ese vínculo emocional que nos une, nuestros hijos quieren mimetizarse y para ello nos copian constantemente.

Yo me sorprendo de vez en cuando en el momento en el que alguna de mis hijas utiliza alguna pose mía, alguna expresión que suelo utilizar o incluso cuando reproducen algún defecto. De repente soy yo la que me veo reflejada en su espejo. A veces me hace gracia y otras veces, tengo que confesar que ese "mini-yo" me resulta incómodo.

Volviendo a los cursos de RCP, aparte de la imitación hay un aspecto que contribuye probablemente a que los niños lo hagan mejor que nosotros. En esos cursos, cuando se tienen que simular ciertas maniobras, hay personas que se inhiben, por vergüenza o pudor social. Para ello y aunque también hay niños tímidos o con dificultades sociales, en la mayoría de los casos nos superan. No tienen tantos condicionantes como luego vamos acumulando los adultos.

Así que en esto de la imitación, ellos nos imitan y nosotros, en algunas cosas, deberíamos imitarlos a ellos. La vida a través de los ojos de un niño, casi siempre es más sencilla.

Os dejo un vídeo que circula por la red hace tiempo, muy explícito sobre cómo los niños imitan nuestras conductas. Buen fin de semana!


jueves, 1 de diciembre de 2011

La niña mágica tiene fiebre

La niña mágica tiene fiebre.

Ha aterrizado a las 4 y media de la mañana en mi cama, en medio de mi sueño profundo.

Saliente de guardia (horrorosa).

Casual o no, las enfermedades de casa siempre van en tándem con mis guardias.

Aumentan mi labilidad y mi estrés. No importa que sea pediatra y que sepa que lo que tiene en realidad es un virus "vulgar".

La niña mágica buscaba el consuelo de mamá. Mamá la acoge como cuando era bebé.

Y la niña mágica acaricia a su mamá cansada y abatida por los últimos días intensos.

¿Quién consuela a quién?

La pérdida de sueño ya no importa: la niña mágica lo es TODO.

PD: Dedicado a todos los papás y mamás recientes que pasan muchas de sus noches en vela cuidando a sus niños enfermos.

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