miércoles, 26 de octubre de 2011

No es lo mismo



Hoy tendrá lugar en Madrid la presentación del Libro Blanco de las Especialidades Pediátricas. El objetivo es reivindicar el reconocimiento oficial de las especialidades pediátricas. Nuestro título oficial como pediatras es Pediatría y sus Áreas Específicas, pero son muchos los compañeros que se subespecializan. De hecho yo lo estoy en Urgencias Pediátricas sin que haya un reconocimiento al respecto a pesar de que me he formado y trabajo de forma específica en este sector. Quizá la especialidad de Urgencias es una de las más polivalentes pero en otros casos, la formación es muy específica, y cuesta bastante tiempo y dinero. En nuestro país hay estupendos médicos pediatras especializados, y esto es justo que se pueda reconocer de forma oficial.

El principal problema creo que radica en que los médicos que atienden adultos no quieren dejar de optar a atender a niños en su especialidad, así por ejemplo un cardiólogo puede visitar niños, pero nunca será igual que un pediatra que luego se ha subespecializado en cardiología pediátrica con las peculiaridades que tiene en cuanto a patología (cardiopatías congénitas, necesidad de conocimientos de neonatología, etc). En resumen y como dice la campaña iniciada por la Asociación Española de Pediatría: NO ES LO MISMO. Quizá la especialidad que logre antes ser reconocida sea la Neonatología. En ella está claro que no hay competencia puesto que es puramente pediátrica.

¿Qué os parece todo esto?

martes, 25 de octubre de 2011

Enfermedad y convalecencia



Por motivos que no vienen al caso, ayer estuve en la Casa de la Convalescència. La Casa de la Convalescència es un bello edificio modernista, que pertenece a la gran obra civil modernista que es el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau en Barcelona, del arquitecto Lluís Domènech i Montaner, también conocido por otro edificio singular en nuestra ciudad como es el Palau de la Música. En estos momentos la Casa de Convalescència es un edificio perteneciente a la Universitat Autònoma de Barcelona y en ella se imparten cursos de formación continuada, pero en sus orígenes y como indica su nombre, era un pabellón donde se enviaban en la época medieval los pacientes que teóricamente ya estaban curados de sus enfermedades infecciosas pero que no estaban todavía repuestos completamente, con la idea de separarlos del resto de enfermos y así evitar recaídas.

El hecho de estar entre aquellas paredes me hizo reflexionar sobre los periodos de convalecencia de las enfermedades y quizá lo poco que los respetamos especialmente en los niños. El periodo de convalecencia es el periodo intermedio entre la enfermedad y la salud. El periodo en el que se restablecen completamente las funciones de los órganos y sistemas que han estado lesionados (por una herida, por una enfermedad infecciosa, por una fractura).

Cuando enfermamos, también se producen una serie de etapas. Desde la etapa prepatogénica en la que estamos sanos, y existe un perfecto equilibrio entre huésped, medio ambiente y germen o agente lesivo, pasando por la etapa patogénica que es aquella en la que se produce la enfermedad. El equilibrio se rompe y las personas enfermamos. Primero pasaremos por una fase subclínica o de incubación y posteriormente serán evidentes los síntomas del proceso.

Cuando la enfermedad se resuelve no se pasa automáticamente de estar enfermo a estar perfecto. Se necesitan unos días para volver a la normalidad.

Por eso un niño que ha estado por ejemplo con un cuadro febril puede tardar unos días en volver a estar al 100% tanto en su estado de ánimo, como en su ingesta alimentaria como en su recuperación de peso. Paciencia en este tiempo. Piscinas, actividades extraescolares, actividades de ocio e incluso escolarización pueden esperar un poco.

lunes, 24 de octubre de 2011

El e-paciente en Pediatría



Mucho se ha hablado sobre los pacientes expertos y los e-pacientes. Ejemplos conocidos como el e-pacient Dave o pacientes que han iniciado comunidades muy numerosas sobre enfermedades crónicas cada vez están más extendidos. Más cerca nuestro, por ejemplo mi hermana que es enfermera y su equipo están trabajando en la capacitación e implicación de pacientes expertos para la prevención y el manejo de enfermedades cardiovasculares en la zona de Terrassa.

Los pacientes cada vez saben más de sus propias enfermedades, cada vez quieren estar más implicados en la toma de decisiones y en muchos casos, tienen experiencias muy valiosas que sirven a la comunidad y a otras personas que viven de nuevo situaciones para ellos conocidas. Es un fenómeno sin duda muy positivo y que tiene que crecer.

En Pediatría la situación es un poco más compleja por diversos motivos. Quizá uno de los aspectos más relevantes es que los pediatras atendemos mucha más patología aguda que crónica. La patología crónica es la que más se presta a que haya pacientes expertos. Es decir, es más lógico que haya un paciente experto en diabetes que un paciente experto en amigdalitis (además que esto último tampoco tiene mucho sentido...). Otro dato a tener en cuenta es que salvo en casos de niños "mayores", capaces de decidir (menores maduros y adolescentes), los pediatras siempre contamos con un interlocutor adulto que es responsable del menor. Con lo cual las decisiones se toman en nombre de un tercero. Obviamente siempre pensando en él, pero en definitiva se decide por él durante muchos años. Por otro lado, los padres son ávidos buscadores de información en internet. Ávidos buscadores de información allá donde haya que buscarla por el bien de sus hijos. Y este dato también tenemos que tenerlo en cuenta los pediatras. No tenemos la brecha digital que tienen los médicos que tratan con personas más mayores. Y habrá que asumir otra forma de trabajar.

El paciente experto es capaz de decidir sobre su enfermedad, pero qué pasa en el caso de enfermedades agudas, que son las que más tratamos nosotros? Mi experiencia es variada y da pie a reflexiones que me guardo para otro día....

viernes, 21 de octubre de 2011

Los termómetros van bajando.....



Ayer en Barcelona hubo un cambio de temperatura notable respecto a los días previos. Son muchos los que se alegran, pues para quien no soporta muy bien los calores, el verano se ha alargado demasiado (no es mi caso, que me saltaría el invierno si pudiera....). Coincidiendo con eso estoy con mi primer cuadro viral de la temporada, que inicialmente parecía un catarrillo sin más pero que por el malestar que me está dando y la sensación distérmica, no sé yo si será una gripe prematura. En fin, no os preocupéis que mis defensas son de hierro y están en vías de solucionar este asunto en breve!

El hecho de que llegue el frío nos atemoriza a los pediatras porque se incrementan los virus respiratorios del invierno. Sin embargo, y aunque los virus sean estacionales, es cierto que el frío en sí mismo no es el que provoca que enfermemos. Algunos virus resisten mejor en condiciones frías, pero es condición si ne qua non que los humanos estemos unos en contacto con otros para que los virus encuentren el terreno donde reproducirse y las personas a las que mortificar durante unos días. He encontrado un artículo muy bien escrito que intenta desmontar el mito del frío como provocador de enfermedad, os recomiendo que lo leáis entero (link).

Los niños pequeños enferman más, primero porque se exponen en muchas ocasiones por primera vez a determinados gérmenes, y en segundo lugar porque al estar en contacto unos con otros, muchas veces en espacios pequeños y digamos que con poco cuidado -cosas de la edad- en no compartir babas, mocos y demás secreciones con sus compañeros de juegos. Por eso las guarderías, las salas de espera de los hospitales y algunos parques son lugares donde la densidad viral por metro cuadrado es elevada.
Una forma de prevenir las infecciones es con el lavado de manos frecuente. Os recomiendo que instauréis ese buen hábito en vuestros hijos desde pequeños, no sólo como se hace clásicamente antes y después de comer, después de ir al baño o cuando es evidente que se han manchado, sino más a menudo. Y también coged el hábito vosotros mismos. Seguro que más de un virus os evitáis.
En los hospitales, una de las campañas perennes que influyen en la seguridad del paciente y en la de los profesionales es la del lavado de manos. Nos lavamos tanto las manos, que con frecuencia se nos despellejan.....Aún así a veces es inevitable que un un momento dado un niño te tosa en la cara, que los mocos salgan disparados mientras les exploras la garganta o que los virus queden depositados en objetos inertes como mesas, teclados, etc que luego vamos tocando. Y así estoy yo: pasando mi primer combate de la temporada.
Buen fin de semana!

jueves, 20 de octubre de 2011

Famosos



Ayer por la tarde estuve trabajando en Urgencias. Una tarde dura, con mucha patología y bastantes pacientes. Una de las visitas fue la del hijo de un futbolista de un equipo de mi ciudad. Para variar -porque ya me ha pasado otras veces con otros "famosos", mediáticos o deportistas de élite- no le reconocí. A lo largo de mi experiencia pediátrica, he visitado a hijos de diseñadores de moda, de actores, de presentadores de televisión, de jugadores de fútbol y de básquet, de entrenadores de conocidos equipos, de políticos, etc. A veces a sabiendas y a veces en la más pura inopia. Y me pasan dos cosas: por un lado soy muy poco mitómana, y por otro lado, tiendo a tratar a las personas de la misma manera independientemente de la clase social o del nivel económico que muestren. Me parece que se merece el mismo respeto y el buen hacer médico alguien con pocos recursos y a quién sólo conocen en su casa, que alguien adinerado, bien posicionado socialmente o conocido mediáticamente.

Entre los famosos también hay dos actitudes: hay el que quiere figurar y que sepas perfectamente quién es y que le trates con deferencia; y el que agradece que le trates normalmente como harías con cualquier otro mortal. En la primera actitud, sobretodo si coincide que descubro que era alguien "importante" después de la visita, la situación puede resultar más bien ridícula. Con los segundos aprendes de humildad, de saber estar y de empatía. ¿Alguien da más?

PD: Por cierto, y sin ser famosa, yo también tengo una estrella en casa. Mi hermanita querida que hoy cumple 35 primaveras. Felicidades!!!!

miércoles, 19 de octubre de 2011

Y dentro de unos días....llega el virus de la gripe!




Y para los pediatras también el virus respiratorio sincitial (VRS). Rezando para que al menos no lleguen juntos.....


PD: Viñeta cortesía de Faro


martes, 18 de octubre de 2011

Carta de compromiso educativo



Este año a principio de curso, en el colegio de mis hijas hemos tenido que firmar las cartas de compromiso educativo. Es una carta que el gobierno de la Generalitat expuso en un decreto ley el año pasado, dentro de la Ley de Educación del 2009 y que cada centro ha configurado en base a su línea educativa.

Algunos padres se sorprendían por tener que firmar una carta donde se explican las normas de organización y funcionamiento del colegio y donde debe establecerse un compromiso de los padres tanto en derechos como en obligaciones.

Supongo que algunas cosas que parecen de sentido común, en la realidad del día a día, luego no lo son tanto. Y de todos es sabido la falta de respeto en las aulas, no sólo de los alumnos sino también de los padres y cómo en algunos casos se delega la educación de los niños al colegio, cuando el pilar de la misma tiene que estar en casa.

Como os digo para mí no supuso ningún problema firmar la carta. Para que os hagáis una idea, el colegio se compromete, entre otras cosas, a facilitar un entorno educativo de calidad para el desarrollo académico y el crecimiento personal del alumno. Mientras los padres tenemos que asumir el rol educativo de la escuela conociendo el modelo educativo, favoreciendo una adecuada colaboración con el colegio (entrevistas, actividades, etc), respetando la autoridad, la responsabilidad y la capacidad educativa del colegio (esto de forma mútua padres y colegio), etc.

Parece todo de perogrullo pero quizá no ha estado mal recordarlo y dejarlo por escrito. ¿Qué os parece?

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Mi hijo está estreñido?



El estreñimiento es un motivo de consulta frecuente en nuestro día a día. Supongo que porque aunque sea de forma transitoria todas las personas pasamos periodos de estreñimiento y también porque -y perdonad la expresión- el comer y el cagar siempre son motivos de discordia familiar (y no digo materno o paterno, porque otros miembros de la familia con frecuencia se "preocupan" por lo que come o deja de comer el niño y por si ha defecado lo conveniente).

También os confesaré que es un motivo de consulta que a muchos pediatras no nos gusta. Supongo que porque no siempre las personas se quedan contentas con las alternativas al problema.

Aunque en algunas definiciones de estreñimiento se utilizan el número de deposiciones, cabe decir que la normalidad es muy amplia. Y puede ser normal defecar 3 veces al día, como una vez cada 3 días. De hecho el estreñimiento tendría que definirse como la dificultad para obtener una evacuación espontánea, periódica y suficiente de la totalidad o parte del contenido del intestino grueso. Aparte del concepto de frecuencia, presupone que las heces que se realizan son duras, compactas y de emisión dificultosa.

En el estreñimiento hay un factor constitucional y hereditario familiar como en tantas otras cosas que no hay que obviar. También los periodos de la vida marcan un ritmo diferente. Sirva de ejemplo el ritmo deposicional de un recién nacido que mantiene intacto su reflejo gastro-cólico: un reflejo que por suerte se pierde con el paso del tiempo y que hace que prácticamente cada vez que cae alimento en el estómago, se originen unas ondas en el intestino que provocan la evacuación (os imagináis elegantes adultos tener que salir escopeteados al baño cada vez que coméis?).

El estreñimiento asocia en ocasiones dolor abdominal (predominante en el lado izquierdo) y si las heces son muy duras y costosas, pueden lesionar el orificio anal originando las dolorosas fisuras anales, que no harán más que empeorar el estreñimiento por el miedo al dolor en el momento de defecar.

De forma transitoria hay algunos motivos que pueden causar estreñimiento: las enfermedades agudas, algunos medicamentos, los procesos febriles (aumenta el consumo de agua del organismo), el encamamiento, la poca actividad física, la retirada del pañal como os expliqué hace ya tiempo por aquí. En estos casos, hay que tener paciencia para que todo vuelva a la normalidad.

Cuando el estreñimiento es pertinaz, lo más efectivo son las medidas psicopedagógicas destinadas a instaurar un hábito y las medidas dietéticas: aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra y la ingesta de agua suelen ser en muchos casos la solución. En este enlace encontraréis algún detalle más sobre la dieta.

Los tratamientos medicamentosos se indican en pocos niños. Quizá lo más extendido sean los supositorios de glicerina y similares. Pero conviene no abusar para que el hábito no quede modificado a expensas del estímulo.

En muy pocos casos, cuando el estreñimiento aparece muy precozmente o hay otros indicios, se buscarán enfermedades que lo pueden causar. Aunque eso seguro que no es vuestro caso....

martes, 11 de octubre de 2011

Plan de invierno



Un post cortito para adelantaros lo que me lleva de cabeza estos días y a ratos me quita el sueño. Estamos planificando en mi hospital cómo abordar el invierno, pues las previsiones actuales nos indican que vamos a tener bastante trabajo. Y el invierno pediátrico prácticamente ya ha empezado, a pesar de que lo que se dice frío, todavía no ha hecho.

La planificación abarca diferentes aspectos. La idea es adaptar tanto los recursos personales como los recursos materiales y los espacios, a la cantidad de personas que van a acudir a Urgencias en los próximos meses. Lógicamente toda la dotación se incrementa y los circuítos tienen que ser más efectivos que nunca.

Y os preguntaréis en realidad qué es lo que me quita el sueño, si estamos intentando adelantarnos a algunas situaciones que sabemos que se producen cada temporada alta. Pues lo imprevisible que puede ser Urgencias. Te encuentras con guardias que a priori pintan difíciles y que luego van como la seda, y a veces ocurre al revés. Las epidemias no siempre llegan cuando uno se las espera. Y a veces aparece algún virus inoportuno -de los que en teoría no tocan- y te desmonta todos los planes. Otras veces serán pacientes graves que requieren una atención más pausada y constante en detrimento de una sala de espera llena de niños con fiebre. A partir de ahora se agudiza la observación de lo cotidiano y de las tendencias. Ya os contaré.

PD: Queridos lectores: el que a partir de este momento maldiga la espera en un hospital pediátrico, que sea consciente que desde mucho antes de ese momento de maldición, estamos trabajando para que la espera no sea tan larga como la del monigote de la viñeta....

lunes, 10 de octubre de 2011

Bebés y niños en movimiento: los traumatismos craneales



El martes pasado por la noche recibí una llamada de mi hermana para que hiciera de pediatra: mi sobrina pequeña, que ahora tiene 14 meses se había caído de la cuna, con el consiguiente golpe en la cabeza, que en terminología médica llamamos traumatismo craneal o cráneo-encefálico (TCE). Las 3 preguntas más importantes que le hice y que son las que se hacen en la consulta fueron: el mecanismo del golpe y lugar de la cabeza donde se golpeó, la sintomatología que se desarrolló justo después y si presentaba síntomas en ese momento.

Confesión: a mí Irene se me cayó de mi cama con 4 meses y medio. La dejé en medio de la cama durmiendo, se dió su primer volteo y se cayó de bruces al suelo. Pocas veces me he sentido más culpable en mi vida.
Los traumatismos craneales en la infancia son muy comunes, de hecho las estadísticas arrojan la cifra de que el 50% de los TCE que se producen, lo son en menores de 15 años. La infancia es un terreno abonado para este tipo de lesiones pues los niños están aprendiendo sus destrezas psicomotrices y con frecuencia sobrevaloran sus capacidades. Afortunadamente, y por mucho que sea un problema de salud que asusta mucho a las familias, la gran mayoría de estos traumatismos suelen ser leves y no ocasionan secuelas. En otro orden de cosas me atrevo a decir que en Pediatría es el número 1 de la medicina defensiva. Se realizan muchas radiografías de cráneo que en realidad serían obviables, "por lo que pueda pasar" y por la angustia que el episodio ocasiona. La radiografía es tranquilizadora a medias: detecta fracturas y si no hay fracturas no suele haber una lesión intracraneal, pero esto no es siempre así....
En realidad hay una serie de factores que se asocian a que la lesión pueda ser más o menos severa. En primer lugar el mecanismo de la lesión. Si no hay altura ni aceleración, es difícil que se produzca una lesión importante. La mayoría de caídas son de la propia altura o de menos de 50 centímetros y no originarán problemas. En segundo lugar la pérdida de conciencia en el momento del traumatismo, sobretodo si dura más de 5 minutos, tiene mayor riesgo. Y en tercer lugar la presencia de síntomas neurológicos de forma mantenida (vómitos repetidos, nivel de conciencia oscilante, movimientos anómalos, etc).
También os diré como secretillo que la mayoría de veces estos golpes son en la zona frontal y que el hueso frontal es duro de verdad. Difícil ver fracturas frontales.
Los menores de 2 años son un grupo que vigilamos más estrechamente, tienen los huesos de la cabeza más blandos y se producen más fracturas. En el caso de mi sobrina, como además se hacía de noche, recomendé a mi hermana que durante la madrugada la despertara ocasionalmente para comprobar que reaccionaba normalmente. Si hubiera sido de día, le habría recomendado simplemente que observara que la niña se comportaba como habitualmente.
En resumen: si el golpe ha sido de baja intensidad, el niño no ha perdido el conocimiento y no tiene síntomas, puedes observarle y consultar si cambia la situación. Si hay "chichón" va bien poner un poco de frío. Truco para navegantes: el hielo los niños suelen tolerarlo muy mal, pon una toallita húmeda en el congelador durante 5 minutos y te servirá igual.
Algunos otros consejos y aspectos a vigilar, los podréis encontrar por aquí.
PD: El chichón de la foto es el de mi sobrina. Telemedicina en familia.

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Cuántos Steve Jobs conocemos?



Estando de guardia, he husmeado en twitter como hago con frecuencia y ya me he enterado de la que seguro será una de las noticia del día. El genio de Apple, el señor Steve Jobs ha fallecido a consecuencia de un cáncer de páncreas que se le diagnosticó hace ahora 8 años.

No voy a opinar sobre lo que ha supuesto Jobs para la tecnología. Ni soy entendida en la materia ni lo pretendo. Y eso que el descubrimiento de uno de los cacharritos de Apple me tiene a ratos como abducida.

Me he fijado en otro aspecto que tiene que ver con mi profesión. Chafardeando un poco en su biografía he ido a parar a la secuencia de su enfermedad desde su diagnóstico en octubre del 2003 hasta su cese como consejero delegado de Apple hace menos de 2 meses.

Y la verdad, no puede dejar de sorprenderme que después del diagnóstico pasaran 9 meses hasta que decidiera operarse. Resulta que probó con tratamientos de medicina alternativa y con una dieta especial. No domino para nada el protocolo del cáncer de páncreas en la actualidad pues afortunadamente no lo vemos en los niños, pero cuando lo estudié en la carrera, recuerdo que era casi una sentencia de muerte, y más si no se hacía (por imposibilidad o por otros motivos) el tratamiento quirúrgico.

¿Qué lleva a una persona que ha demostrado inteligencia y conocimiento, que tiene dinero y recursos, que pasará a los anales de la historia por sus planes estratégicos y de márketing a dejarse engatusar por la medicina alternativa? ¿La negación de la enfermedad? ¿El misticismo? ¿La desconfianza en la medicina y en los médicos? No tengo respuesta a esa pregunta y me preocupa.

Me preocupa, no tanto porque una persona de 48 años en su sano juicio afronte de esta manera su enfermedad. Es adulto y está en su derecho de decidir. Me preocupa por la parte que me toca, pensando que hay niños que son pasto de estas pseudociencias porque así lo deciden sus padres. Y me preocupa porque es una tendencia en auge en la Europa que nos parece más desarrollada (Alemania, Suiza, etc) y que siempre tendemos a imitar.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Lactancia materna en los tiempos que corren

Esta semana se celebra en España la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Con motivo de esta celebración he colaborado en el Club de las Madres Felices con un post que os reproduzco aquí abajo. Se titua "La Lactancia Materna en los tiempos que corren". Espero que os guste.


Hace unas cuantas semanas escuché con alegría la noticia emitida por el Departament de Salut de la Generalitat y que saltó a los medios, en los que se explicaba según las últimas cifras recogidas, que la lactancia materna en Cataluña goza de buena salud . El número de madres que amamantan a sus hijos es elevado y además se ha incrementado con los años.
Después de unas décadas en las que las cifras habían disminuido, parece que una mayor información de las madres y de los profesionales ha redundado en volver “a los orígenes”.
La protección de la lactancia materna debe ser una prioridad. Fundamentalmente porque es fisiológico como mamíferos que somos (no me voy a detener en los múltiples beneficios para la salud que aporta pues una información ampliamente divulgada).
Analizar el por qué algunas madres deciden no amamantar a sus hijos es complejo. Los que me leéis asiduamente sabéis que no soy nada propensa a estigmatizar esta situación. Cada una hace lo que cree que es mejor para su hijo o para el binomio madre-bebé. Tanto la mujer que tiene claro que no quiere lactar como la que tira la toalla a las primeras de cambio merecen su respeto. A la que decide no lactar, si lo hace con toda la información a su disposición, no se la puede catalogar de peor madre. A estas madres, cuando tengo la posibilidad de hablarles cuando la decisión todavía no es irrevocable, siempre les animo a intentarlo aunque sólo sea para “probar”. A veces ese primer contacto piel con piel con el bebé les cambia todo su razonamiento anterior.
Sobre el grupo de “las que tiran la toalla” la cosa es más compleja. Es un grupo muy pero que muy numeroso en las consultas pediátricas. Las hay que han iniciado la lactancia sin mucha información, quién se enfrenta a postpartos extremadamente complicados y quien tiene unos inicios poco favorables. Yo siempre me he sentido un miembro potencial de este grupo. Soy consciente que si mantuve mis dos lactancias fue por tesón y por ser pediatra y conocer al dedillo las ventajas de la lactancia materna. No fueron lactancias fáciles y entiendo perfectamente a las mujeres que se desesperan y deciden abandonar.
El soporte profesional es importante. A los profesionales siempre se nos culpa en primer lugar del abandono de la lactancia. Cierto que hay profesionales que deberían reciclarse, muchas cosas se están moviendo en este sentido. También os diré que tampoco son santos de mi devoción algunos pediatras que parecen que han sido los inventores de la lactancia. No todo es tan fácil y a veces hay que vivirlo en propias carnes para entender situaciones que nada tienen que ver con una teoría escrita sobre el papel.
El soporte de la instituciones es un punto clave. No tanto para iniciar la lactancia como para mantenerla. Incorporarte a trabajar a las 16 semanas de baja maternal significa en la mayoría de las mujeres, un antes y un después en su lactancia. En mi caso, con guardias hospitalarias de 24 horas os lo podéis imaginar…..Aunque esto daría material para un post entero!
Si bien los soportes profesional e institucional son fundamentales, casi me atrevería a decir que es mucho más importante el soporte del entorno. Una pareja que se ocupe del resto (casa, otros hijos, intendencias varias), unos abuelos que no den mensajes negativos, unos vecinos que se muerdan la lengua antes de opinar gratuitamente en el ascensor….
Y luego está la propia mujer. Sus experiencias anteriores, sus expectativas, sus sentimientos en medio de la tormenta hormonal, la forma de asumir lo que en la experiencia vital significa traer un hijo al mundo. Algunas necesitan simplemente que alguien les diga que pueden hacerlo, otras necesitarán algún consejo sobre cómo se lacta, otras sólo que alguien las escuche en su camino. Cuando las cosas no van rodadas, el sueño y las molestias físicas no ceden, las decisiones no son fáciles. Y así deberíamos entenderlo, intentando que las madres sufran lo mínimo y sean capaces de disfrutar del momento.



martes, 4 de octubre de 2011

Medicar sí, medicar no. That's the question



El pasado día 23 de septiembre la Agencia Española del Medicamento y de los Productos Sanitarios (AEMPS) emitió una nota informativa en la que advertía de la restricción en niños de ciertos supositorios con derivados terpénicos y que se utilizan comúnmente para la tos. La restricción consiste en contraindicarlos en menores de 30 meses así como en niños con antecedentes de convulsiones o epilepsia. Esta recomendación se basa en la posibilidad de que niños con determinada sensibilidad tengan síntomas neurológicos al aplicar dichos fármacos. Todo ello no es baladí si tenemos en cuenta que pertenecen a fármacos de una eficacia dudosa. Así que si ponemos en una balanza, la posibilidad de efectos adversos versus la escasa o nula mejoría de los síntomas que pretendemos tratar, para mí está muy claro. Incluso en el caso de fármacos muy seguros, es bueno en cada ocasión plantearse si realmente es necesario medicar.

Sobre la escasa evidencia de estos fármacos también nos hablaban el otro día en el blog Pediatría Basada en Pruebas.

Cuando comuniqué a los médicos la nota informativa para que la tuvieran en cuenta en su quehacer cotidiano, añadí una coletilla donde decía algo así como "tened en cuenta la dudosa eficacia terapéutica". Ha habido quien está totalmente de acuerdo conmigo. Hay quien sin embargo disiente, y en este caso no hablo de los padres recientes que buscan una solución a los síntomas de sus hijos, sino de compañeros pediatras perfectamente formados. Porque un fármaco, aparte de su efecto sobre el síntoma, también tiene un efecto placebo (y por ello muchas personas afirman de forma contundente que "funcionan" algunos fármacos que están compuestos básicamente por agua). Este razonamiento hace que muchos receten estos medicamentos. No es mi caso.

Después de unos cuantos años de profesión, seguramente lo más importante, aparte de por supuesto hacer una historia clínica y una exploración minuciosa, sea saber qué tipo de familia tienes delante. No siempre es fácil desde la perspectiva de Urgencias y precisa una adaptación contínua al vocabulario, las expectativas e incluso el nivel cultural de la persona que tienes por interlocutora. Hay personas que solamente darán por finalizada de forma satisfactoria la visita si se van con una receta. Hay muchas otras que entenderán una explicación lógica del asunto. Y hay quién entenderá tus argumentos y sin embargo querrá la receta. Sin embargo os digo, que es mucho más fácil y más rápido hacer una receta de un fármaco para la tos o de un antibiótico que explicar de forma correcta y contestar a todas las dudas que se generan cuando dices que la tos tiene su función biológica o que los antibióticos no curan los cuadros virales.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mamá, ¿y yo cuándo voy a superarlo?



Hace prácticamente un año hablé en este post sobre el miedo a la oscuridad y a los monstruos que Irene tenía. Poco después el asunto se fue suavizando, pero en las últimas semanas, ha rebrotado con fuerza.

No soporta estar sola. Cree que un monstruo la va a atacar en cualquier momento si está lejos de la mirada del adulto. Durante el día, aunque haya luz solar, hay que acompañarla para vestirse, cuando está en el lavabo, y no podemos salir de la cocina mientras ella está comiendo.

Por la noche, un día a las dos, otro a las cuatro y otro a una hora definida, de repente escucho una carrerilla de pequeños pies por el pasillo que acaba con una caída en plancha en mi cama. Si acierta cae en medio de la cama. Otras veces directamente con sus casi 20 kilos en caída libre sobre su madre. Y me dice dos palabras:

- Mamá: miedo.

Ante esas palabras y su gesto compungido acepto la visita nocturna y duermo mal. Muy mal porque mis hijas tienen la virtud de cocerte a patadas si comparten lecho. Pero me da penita....

El otro día razonando sobre los monstruos y su nula presencia en la vida de carne y hueso, Irene que ya va haciendo sus razonamientos, y que ahora se fija muchísimo en la edad a la que su hermana consigue algún objetivo, me pregunta:

- Mamá, con cuántos años Laia dejó de tener miedo? Con 5 años, con 6 años?

Y antes de que pudiera contestarle añadió con cara de interés:

- Mamá, ¿y yo cuándo voy a superarlo?

Para comérsela. No supe darle una respuesta, pero intentaremos ayudarla para que sea lo más pronto posible.

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