jueves, 29 de septiembre de 2011

Bob Esponja y las funciones ejecutivas




A mediados de septiembre la revista Pediatrics -la revista científica oficial de la Academia Americana de Pediatría- publicó un artículo bien curioso sobre los efectos de la televisión en los niños preescolares. A muchos médicos tuiteros nos llamó la atención, quizá porque para el estudio y el posterior análisis en el que se basa el artículo utilizan dibujos del archiconocido - entre padres recientes- Bob Esponja.

El estudio parte de la base de que los niños americanos en edad preescolar ven más de 90 minutos al día de televisión (no creo que nuestras cifras sean muy diferentes) y son abundantes los estudios que correlacionan este dato con déficits en las funciones ejecutivas como la atención, la memoria o la resolución de problemas. Obviamente un detrimento de estas funciones conlleva una peor función social y cognitiva y en consecuencia un peor rendimiento escolar. Parece estar bastante estudiado que incluso viendo periodos cortos de televisión desciende el nivel de alerta (ojo, también en adultos).





A partir de estos datos diseñan un estudio en el que quieren valorar qué ocurre con estas funciones ejecutivas en función del tipo de televisión que ven los niños. Partiendo de un grupo de 60 niños de 4 años los dividen en 3 grupos. 20 de ellos verán durante 9 minutos un episodio de un capítulo de unos dibujos animados que ellos califican como fast-paced (episodios cortos en los que la historia tiene una resolución), 20 verán durante 9 minutos dibujos animados low-paced (más duraderos) de carácter educativo y los 20 restantes no verán televisión sinó que pasarán esos 9 minutos dibujando. El primer grupo ve un episodio de Bob Esponja.

Posteriormente les aplican a los niños una serie de tests para medir las funciones ejecutivas y los que han visto Bob Esponja, obtienen peores puntuaciones que los otros dos grupos.

Resulta un estudio bastante curioso y que bajo mi punto de vista hay que leer con espíritu crítico (por mucho que Pediatrics sea "la biblia de la pediatría") primero porque la muestra utilizada es muy pequeña, segundo porque estos supuestos "déficits" no se sabe si se mantienen ni si tienen repercusión y tercero porque tampoco se sabe qué ocurre en otras edades. Los autores argumentan que posiblemente el hecho de que los eventos fantásticos se combinen en un episodio corto absorben la atención del niño en mayor grado (quedando después un poco "aletargados"), mientras que en episodios más largos o con carácter más educativo, la atención se mantiene de otra manera.

Aparte de la anécdota sobre el pobre Bob Esponja, es cierto que sería bueno que controláramos el tiempo de televisión que ven nuestros hijos, así como su contenido. Y digo pobre Bob Esponja, porque a mí el muñeco en cuestión me cae fenomenal. No es muy listo que digamos, pero es un buen amigo, trabajador y no ve maldad en sus coetáneos. Y me cae bien teniendo especialmente en cuenta la competencia cómo cotiza. Hay series infumables -tanto de dibujos como de adolescentes deslenguados- que los niños devoran con avidez y que estoy segura que no sólo modifican su rendimiento intelectual sino su socialización, su forma de hablar y de entender la vida (se es famoso o popular o no se es nada). Por este motivo, aunque Pediatrics lo ponga un poco verde, prefiero a Bob Esponja que a la mayoría de programación del Disney Channel. De hecho mis hijas saben que este último canal está prohibido -y a temporadas sin sintonizar- salvo para ver Phineas y Ferb.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Enfermedad boca-mano-pie



En estos últimos días han aumentando sustancialmente las visitas en Urgencias. No falla: cada año, haya o no una gripe nueva, cuando los niños llevan entre 2 y 3 semanas en contacto, se empiezan a producir las primeras infecciones de la temporada. Y eso que no ha empezado a hacer frío, sino más bien todo lo contrario.
La patología es muy diversa en estos días. No hay ningún virus de los más habituales que todavía tenga la cancha completa -todo se andará- y tampoco los pacientes respiratorios han empezado su rosario particular, salvo excepciones. Quizá uno de los cuadros que se ha repetido con cierta frecuencia es el de la conocida como enfermedad boca-mano-pie o mano-pie-boca (según gustos) y que indica las localizaciones de las lesiones. Es una enfermedad de origen viral encuadrada dentro de las llamadas exantemáticas, infecciones que van con lesiones en la piel asociadas. Las enfermedades exantemáticas son muy comunes en la infancia. Podríamos decir que los pediatras somos los reyes de las enfermedades exantemáticas y no son pocas las ocasiones en las que algún médico de adultos nos consulta por un exantema en un paciente que ya no es un niño.
La enfermedad boca-mano-pie está causada por un virus que se llama Coxsackie A16, que pertenece a la familia de los enterovirus. Está descrita desde los años 50 del siglo pasado. Se transmite de un niño a otro por vía oral o por vía fecal-oral (el virus se reproduce en los intestinos y se elimina por las heces). Es altamente contagiosa aunque no grave.
Suele afectara niños entre 2 y 7 años (en sus primeras épocas de escolarización) y se incuba durante 4-6 días. La mitad de los niños tendrán fiebre y también otros síntomas comunes a otros cuadros virales: poco apetito, malestar general, faringitis,.... Poco después aparecerán las lesiones en la piel. Típicamente dentro de la boca al inicio y posteriormente también en las manos, los dedos, los pies y los talones. Las lesiones clásicamente son vesiculares, es decir, similares a las de la varicela o del herpes: "granitos" que tienen "agua" dentro.
Lo más pesado acaba siendo la boca. Las vesículas se rompen, originando lesiones similares a las aftas que son dolorosas. Si son muy abundantes, grandes o depende qué localización tengan, pueden dar dificultad para comer y bastante mal humor. En 5-10 días lo tendremos resuelto y es rarísimo que se den complicaciones.
El tratamiento es sintomático, es decir, que no hay un antibiótico ni ningún fármaco que "mate" el virus. Trataremos el dolor y facilitaremos la ingesta.
En este caso, es una enfermedad exantemática a la que podemos poner nombre y apellido. Las enfermedades exantemáticas son muy numerosas, son centenares de virus los que las pueden causar. Y en la mayoría de los casos no necesitamos llegar a determinar cuál es el virus, pues el curso es breve y banal.

martes, 27 de septiembre de 2011

Sacando carácter



El otro día fui al cole de mis hijas a hablar con una de las señoritas y justo coincidió el momento en el que los niños de la clase de Laia y los del otro tercero, bajaban al patio.

Observando cómo bajaban por la escalera, una es capaz de extraer muchas conclusiones: está quien parece siempre despistado, el intrépido que baja las escaleras de tres en tres, las niñas que no pierden su pose femenina, quienes aprovechan para seguir conversaciones históricas. Cuando me veían, también sus reacciones eran curiosas. Hubo quién me dió efusivos saludos, quién me vió y miró hacia otra parte, quién bajó la mirada con timidez genuina, y quién en plan cotilla me preguntó qué hacía allí al pie de la escalera. También hubo una niña que me dió un abrazo (no tiene muchos secretos: fue mi hija Laia).

Esos minutos de contemplación de la vida escolar me dieron para pensar un rato en lo diferentes que somos las personas desde la cuna. Y en cómo esas diferencias son patentes entre hermanos que comparten el material genético, la forma de educar, etc.

Mis hijas son muy diferentes. Curiosamente la pequeña de mis pequeñas lleva unas semanas sacando genio, al estilo de su hermana mayor. Siempre ha sido una niña dulce y tierna, y de fácil trato. Con sus periodos de mini-adolescente y de rabietas de los terribles dos años (habitual), pero que nunca me ha dado muchas complicaciones.

Sin embargo como os digo en estos últimos días parece que intenta imponer su voluntad, medir sus fuerzas en una lucha de poder y atreverse a decir no con descaro y chulería a la autoridad materna. Recuerdo que su hermana tuvo esta reacción un poco antes, entorno a los 3 años y medio. Entonces lo atribuí a los celos por su nacimiento. Pero ahora creo que no es así, que entre los 3 años y medio y aproximadamente los 5 años todos los niños pasan por esa fase de cierta rebeldía, tras haber aprendido bastantes cosas de sus compañeros en el primer año de colegio y de sus hermanos mayores si es que lo tienen. Y creo que es fundamental en esta época tener claras las cosas y mantenernos firmes en la disciplina (siempre con afecto, por supuesto) y en esa palabra que a muchos les rechina, que se llama límites. Que de pequeñito crece el arbolito.....

lunes, 26 de septiembre de 2011

Polemizando: las viñetas de la SEGO





Después de unos días ausente por problemas de acceso a internet en casa, aquí ando de nuevo. Hoy creando un poco de sarao.

Las personas que van leyendo la blogosfera maternal, la blogosfera sanitaria o también los artículos en diarios de tirada nacional, están al día de la polémica organizada a raíz de unas viñetas que ha publicado la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) en uno de sus boletines. Son unas viñetas que no quiero reproducir, pero que si tenéis curiosidad podéis ver aquí, en las que se explican en tono supuestamente de humor situaciones relacionadas con el embarazo, el parto o las incontinencias urinarias. El viernes leí que también desde el Instituto de la Mujer han instado a la sociedad científica a que las retire.

Como le comenté a alguna de las madres recientes que existen en la blogosfera, a mí no me ofenden. Quizá porque lamentablemente una se acaba acostumbrando a los chistes machistas y a las salidas de tono, de forma que cuesta que algún tema de este tipo me siente mal a nivel personal. Sino creo que andaría ofendida constantemente....

Sin embargo, y aunque no me ofendan, las considero de mal gusto, entiendo que puedan ofender y no le veo el humor. Y el problema es que las edite una Sociedad Científica. Porque a nivel personal, yo creo que uno puede actuar de una manera más libre -machista, soez y demás- pero representando una institución, pues no.

Hay varias reflexiones que se me ocurren.

La primera, y no es que quiera defender a la SEGO, es por qué esas viñetas han salido a la luz. Si estaban publicadas en un boletín dirigido a los socios, de la misma manera que yo recibo los de la Asociación Española de Pediatría (AEP), ¿por qué han llegado al público general? ¿Alguien desde dentro las ha querido enseñar? ¿Ha habido voluntad de dejar a la SEGO en evidencia por algún motivo? Desconozco las respuestas a estas preguntas...

Otra reflexión es que valdría la pena no meter a todos los ginecólogos en el mismo saco. Porque seguro que la mayoría no comulgan con esa línea editorial. Y porque por experiencia os digo que a pesar de pertenecer a una sociedad científica, en mi caso como os decía la AEP, no todo lo que se hace o se dice desde allí me parece bien. Hay muchos aspectos políticos y demás, que poco tienen que ver con la ciencia. Supongo que como ocurre en todas las grandes instituciones, desgraciadamente.

Por último, la SEGO y sus miembros asociados tendrán que hacer un esfuerzo por acercarse a sus pacientes y no quisiera generalizar porque seguro que hay muchos ginecólogos estupendos (y yo conozco a unos cuantos). La atención a la mujer y en especial en el proceso reproductivo está en el punto de mira porque son muchas las mujeres que reclaman una humanización del proceso y el derecho a decidir cómo quieren traer a sus hijos al mundo. Os diré que hay algunas posturas radicalizadas que no me gustan nada, y que contradicen en cierta manera lo que puede ser mejor para la salud, pero también hay otras voces que merecen ser oídas y tenidas en cuenta. Y los profesionales tenemos que ser capaces de adaptarnos a otras formas de comunicación en la relación médico-paciente. Estamos en el siglo XXI....

martes, 20 de septiembre de 2011

Entrevista para Coach de la Profesional



Como post del día, os dejo con la entrevista que me hizo Aida de la página Coach de la Profesional hace unos días. Sobre conciliación y esas cosas....Espero que os guste.


Hoy entrevisto a Amalia Arce, pediatra, madre de dos niñas y autora del blog “Diario de una mamá pediatra“. Un blog que leo sin falta y que os recomiendo porque tiene información muy interesante. La podéis encontrar también en Twitter (@lamamapediatra).

Hola Amalia, gracias por tu tiempo. Cuéntanos un poco si siempre has tenido claro a qué querías dedicarte, y cómo te decidiste a crear tu blog (o mejor dicho tus blogs, ¡que tienes dos!)

Hola Aida. La verdad es que justo hace unos días me planteaba este tema de la vocación. Yo creo que me hice médico un poco por casualidad, y que probablemente hubiera sido feliz haciendo otras cosas. Después me planteé hacer Pediatría porque me encantaba como especialidad y nunca me he arrepentido. Cada vez me gusta más. De hecho desde el primer día supe que había “acertado” y ahora cuando voy a hospitales de adultos, todavía lo tengo más claro.

En cuanto al blog, simplemente “surgió”, de forma escasamente premeditada, como una necesidad de dejar por escrito algunas de las cosas que me pasaban por la cabeza. Pienso que en profesiones como la mía, en las que trabajas con niños, la propia maternidad modifica la forma en cómo afrontas tu trabajo. Por eso cada vez me interesan más los temas de educación y socialización, así como la divulgación de nuestro trabajo y de información de interés para los padres recientes.

¿Qué es lo más te gusta de ser pediatra? ¿Cómo compaginas el trabajo con tus niñas y con escribir dos blogs y estar en Twitter?

¡Lo mejor de ser pediatra es el contacto con los niños! Además me siento útil socialmente y es una profesión en la que tienes muchos caminos profesionales a escoger.

Compaginar el trabajo y la familia no siempre es fácil. Yo me siento muy afortunada por haber logrado un buen equilibrio. Hay que buscar ese equilibrio y tener clara la escala de valores. También es cierto que necesitas un pellizco de suerte en la empresa en la que trabajes. ¡Y mucho mejor si tu pareja está implicada en el proyecto familiar!

Escribir me gusta y en parte me relaja. Aunque generalmente publico por las mañanas, suelo preparar las entradas del blog por la noche, cuando las niñas ya están durmiendo. Ese ratito que mucha gente pasa delante de la tele (que a mí no me gusta demasiado), yo lo empleo en “estar conectada”. Además profesionalmente estamos explorando las redes sociales desde el Hospital de Nens. De forma que ahora forma un poquito parte de mi trabajo.

Una vez leí sobre una madre pediatra que había visto tantos casos de niños que casi se ahogan comiendo salchichas que casi las tenía prohibidas en su casa. ¿Ha afectado ser pediatra a la forma en qué educas a tus hijas?

Yo creo que ha afectado mucho más mi propia educación y la forma cómo lo hicieron mis padres, que mi profesión. Aunque estar en contacto con familias constantemente y con otras formas de funcionar, lógicamente me amplía el campo de visión. En cuanto a enfermedades y demás, he tenido suerte y me han salido muy sanotas, y yo soy muy poco sufridora con la salud (por lo menos de momento).

Como mujer profesional, ¿has tenido que superar algún obstáculo para llegar dónde estas?
Pues aunque ahora estoy muy bien, no siempre ha sido fácil. Siempre explico que un año después de tener a cada una de mis hijas he tenido que cambiar de trabajo. ¿Casualidad o relación? Mi experiencia es variopinta, pero en general queda bastante para que los jefes y empresarios sean conscientes de la condición femenina y que la conciliación sea una realidad. Los hombres tanto en su condición de “jefes” como en su condición de “padres” tienen que dar un giro de tuerca más. Y valorar las ventajas que tiene una mujer como trabajadora después de ser madre: superados los primeros meses en los que el bebé te absorbe en gran medida, creo sin duda que mejoramos en nuestras capacidades sobre todo en cuanto a organización e imaginación.

No me gustaría tampoco que parezca que los hombres son el problema, a mí más de una zancadilla me la ha dado una mujer….

¿Qué consejo le darías a las mujeres que quieren hacer lo que tú?, ¿y a las que necesitan compaginar el cuidado de sus hijos con su trabajo?

Creo que lo más importante es tener claras las prioridades. También ser conscientes de que en realidad la época de crianza es corta si lo comparas con lo que va a ser tu vida laboral. Así que lo mejor es disfrutar de ese periodo sin agobios en la medida de lo posible, y por otro lado ser todo lo profesional que puedas en tu trabajo. Y tener claro que los niños necesitan estar con sus padres y poder compartir tiempo juntos. Si tienes que ser buen profesional y además compartir tiempo (en cantidad y calidad) con tus hijos, está claro que hay cosas a las que habrá que renunciar. Pero la vida es muy larga….

Gracias Aida por tu entrevista

Gracias a ti Amalia por compartir tus experiencias. Me parece fundamental lo que dices de que habrá que renunciar a cosas, pero que la vida es larga; tener clara la escala de valores (algo en lo que siempre hago hincapié) y aprovechar el rato en el que la mayoría de la gente ve la tele para hacer cosas más productivas. Gracias de nuevo por tu colaboración y enhorabuena por tu excelente blog.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Fiestas populares y riesgos pediátricos



Ayer acabaron las fiestas de Poblenou, el barrio donde resido. Las fiestas populares son diferentes en cada lugar de la geografía, y es habitual que los niños participen a su manera. Muchas veces siguiendo las tradiciones familiares y otras veces por imitación de amigos y vecinos.

Sin entrar en tradiciones que resultan de mal gusto y que son peligrosas tanto para niños como para adultos, está claro que hay actividades que no son adecuadas para los niños o estos por sus características físicas y psicológicas, se exponen más de lo que lo haríamos los adultos. Por ejemplo no me parece adecuado que un niño corra delante de un toro.

Una de las tradiciones más arraigadas en Cataluña es la de los castellers. Ayer justamente en las fiestas pude ver cómo hacía sus primeros pinitos una colla castellera recientemente formada que se llama Colla Jove de Barcelona. Nunca he sido muy aficionada a los castells, aunque reconozco que cada vez me gustan más, valorando tanto el trabajo en equipo que realizan como la habilidad necesaria.

Para los niños me ha parecido siempre una actividad tan divertida como en cierta manera peligrosa, pues son los que más arriba de las torres suben, de forma que si hay caída, son los que se llevan el mayor impacto. Recuerdo durante mi residencia el ingreso de una niña en la UCI por un traumatismo craneal severo debido a una caída del castell. Y era reincidente (era su segundo ingreso en UCI).

Si no recuerdo mal, fue la Societat Catalana de Pediatria la que estuvo interesada en evaluar los riesgos de esta actividad y poner los medios para que los niños se lesionaran lo mínimo posible. La Coordinadora de Colles Castelleres hizo un análisis profundo de los riesgos de la actividad castellera, que podéis leer aquí (está en catalán, pero es de muy interesante lectura). En cuanto a los niños se evaluó que el riesgo practicando la actividad en realidad es menor que en otras actividades deportivas (porque en realidad no hay tantas caídas como pueda parecer) pero sí era evidente que las caídas eran más graves. Sobretodo porque originaban traumatismo craneal, que podía ser de gravedad. En el año 2004 la misma Coordinadora decide el desarrollo de un sistema de protección craneal para los niños, en principio para la enxaneta y el aixecador, que son los niños que coronan las torres. Se diseña así el casco que en la actualidad llevan los niños desde que se recomendó de forma sistemática al inicio de la temporada 2008. Los riesgos claramente han disminuído. Desde entonces los pediatras, cuando vemos cargar y descargar un castell, estamos un poquito más tranquilos. Aun así, si os he de ser sincera, no creo que dejara a mis hijas subir hasta allá arriba....

viernes, 16 de septiembre de 2011

Educar con inteligencia emocional



Al hilo de la entrada de ayer y reacudiendo al libro Inteligencia emocional de Beatriz Serrano, os resumo algunas pautas para educar con inteligencia emocional que da la autora.

No tengo intención de que nadie se desespere, yo creo que esto hay que tomárselo como una carrera de fondo....Os confieso que a mí muchos días me dan ganas de tirar la toalla, pero hay que perseverar! Y tener claro que el ejemplo que los niños ven en casa tiene una impronta importante en la educación y en su futuro.

Las conductas que deberían aprenderse en casa son:

Conductas de cortesía y amabilidad: Saludos, presentaciones, pedir por favor, dar las gracias, etc.

Ser positivo y recompensante: La gente de nuestro alrededor se siente mejor, eleva su autoestima, se predispone a cambiar.

Aprender a conversar: Iniciar, mantener y terminar una conversación.

Hacer preguntas, como recurso para obtener información y para mantener una conversación.

Emitir información personal. Autorrevelaciones. Si damos información personal de forma intencionada, es más fácil que nuestro interlocutor también la dé y no se sienta intimidado con algunas preguntas.

Hacer amigos: Aunque la familia es el pilar emocional fundamental, sobretodo los primeros años, el grupo de iguales cobra importancia paulatina. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro....

Aceptar críticas: Aceptando de buena gana una crítica es posible modificar aquellos aspectos que son susceptibles de cambio y/o mejoría.

Pedir y conceder favores: Habilidad que hay que aprender. Y aprender a pedirlos correctamente (sin "exigir").

Solicitar cambios de conducta: Ser capaz de comunicarle a una persona que nos sentimos molestos con una conducta.

Pedir disculpas: Porque implica reconocer los errores y poder cambiarlos.

Defender los propios derechos: Afianzando la opinión cuando tenemos razón, para no ser "atropellados".

Respetar los derechos de los demás: Siendo capaz de escuchar activamente, ponerse en el lugar del otro y controlar las emociones.

Hacer reír: Incluso ante los contratiempos. El humor es terapéutico.

Hacer y saber recibir cumplidos: Tan difícil es a veces elogiar y felicitar a alguien como dar las gracias cuando encajamos un cumplido.

¿Qué os parece la lista? ¿Añadiríais algo más? Nadie dijo que fuera fácil....Aunque esto es lo más parecido a un manual de instrucciones que podremos encontrar!

jueves, 15 de septiembre de 2011

Inteligencia emocional




Una vez más os paso la referencia del libro que me acabo de leer. Se llama Inteligencia Emocional y está escrito por Beatriz Serrano Garrido, doctora en Ciencias de la Educación y especialista en el Desarrollo de Habilidades Emocionales así como madre de familia.

Desde el principio va desmenuzando la idea de la necesidad de equilibrar entre emoción y razón, y además aprender a educar en las emociones a los niños desde pequeños.

La sociedad de consumo en la que nos vemos inmersos a veces hace que nos planteemos si el estilo de vida que llevamos es el que nos hace felices. Y nos da herramientas para poder modificar aquello que no nos gusta.

En el primer capítulo la autora nos hace reflexionar sobre la realidad de nuestro propio hogar. Un hogar no sólo se construye con ladrillos y con cemento. No sólo se dota con los electrodomésticos inox más eficientes del mercado, ni se decora con las mejores cortinas. Un hogar se construye con ladrillos emocionales y es vital que los materiales sean de primera. Los recursos materiales que contiene una casa no dan la felicidad. Lo que dota a un hogar de felicidad son los recursos emocionales de las personas que la habitan. ¿Dedicamos el tiempo necesario a cuidar esos recursos?

El concepto de inteligencia ha estado abordado por muchos especialistas a lo largo del tiempo. La inteligencia viene determinada por los campos del conocimiento necesarios para la supervivencia, los valores propios de la cultura en la que vivimos, así como el sistema educativo que instruye y aporta nuevas competencias a los individuos. La inteligencia clásicamente se ha evaluado en función de las habilidades intelectuales como son la comprensión verbal, la habilidad numérica, la memoria o la capacidad de razonamiento. Sin embargo, estos aspectos pueden estar sobrevalorados si tenemos en cuenta, que a personas con capacidades muy elevadas a veces no les va demasiado bien en la vida. O bien porque no se esfuerzan lo suficiente (por mucha capacidad que tengas no llegarás a ser un deportista de élite si no entrenas) o bien porque carecen de capacidad emocional, lo que se conoce como inteligencia emocional. También se da la situación contraria: personas con rendimientos académicos deficientes o sin elevados cocientes intelectuales que sin embargo se posicionan y logran ser felices y útiles para la sociedad en la que viven.

La inteligencia emocional se resume como el modo con el que cada persona se relaciona y entiende el mundo, considerando sus actitudes y sentimientos. Engloba conceptos como el control de los impulsos, la autoconciencia, la canalización de las emociones, la empatía, la persistencia frente a las frustraciones, las habilidades sociales, etc.

La forma cómo interiorizamos todas estas capacidades hace que eduquemos a nuestros hijos de una manera o de otra, originando los diferentes perfiles familiares actuales: desde los padres más autoritarios hasta los más permisivos.

El libro, al igual que me pasó con Papás Blandibup, de la misma editorial, me ha gustado mucho. Y aunque lo cogí prestado de la biblioteca, tengo intención de hacerme con él para mi colección. Va bien releer algunos textos de vez en cuando.

Mañana os haré un resumen del capítulo en el que se dan algunas pistas para educar con inteligencia emocional a los niños.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Lactancia materna y contaminantes ambientales



Hace unos días, pude leer el documento que el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría ha redactado para hacer frente a las informaciones que de tanto en tanto aparecen en los diferentes medios sobre los contaminantes que puede haber en la leche materna -y su capacidad más o menos lesiva- y que es posible que en algunos casos hagan a las madres plantearse las bondades de la alimentación al pecho.

En la primera parte del artículo, se explica el por qué de las determinaciones de contaminantes de forma repetida en la leche materna (por su alto contenido en grasa) y justifica el por qué, a pesar de ello, la leche materna tiene propiedades beneficiosas por su capacidad para contribuir al sistema inmunológico. La presencia de contaminantes en la leche materna no es más que una muestra de la exposición que tenemos a los mismos los humanos y la necesidad de que haya voluntad política de tomar cartas en el asunto a nivel mundial.

En la segunda parte del artículo, se dan unas recomendaciones para disminuir el nivel de contaminantes químicos en el organismo que ahora os transcribo. Confieso que desconocía algunos aspectos, como por ejemplo la toxicidad que puede tener el lavado en seco de las prendas de ropa.

•Alimentación:

- Reducir el consumo de grasas animales, ya que muchas de las sustancias químicas tóxicas se encuentran en concentraciones elevadas en la grasa animal. Se recomienda comer una variedad de alimentos que no sean de origen animal (frutas, vegetales, legumbres, granos), quitar la piel y el exceso de grasa de las carnes y aves de corral y elegir las variedades sin grasa o bajas en grasa de alimentos procedentes de animales, como leche descremada, el pollo, la carne y los pescados magros. Es especialmente importante evitar comidas procesadas a base de carne picada y sobrantes, como las salchichas, mortadela, perritos calientes y preparados de carne enlatada, los cuales tienen un contenido muy alto en grasas animales.
La reducción en la ingesta de grasas animales se recomienda iniciarla en la primera infancia, a partir de los 2 años de edad, ya que muchas compuestos químicos tóxicos se depositan en el cuerpo, especialmente en el tejido adiposo, durante décadas.
- Lavar y pelar las frutas y hortalizas para eliminar posibles residuos de plaguicidas. Siempre que sea posible, consumir alimentos cultivados sin fertilizantes o pesticidas.
- Reducir el consumo de peces de agua dulce, por el riesgo de que provengan de aguas contaminadas y de peces marinos grandes depredadores, como el pez espada y tiburón, ya que pueden contener mayores niveles de mercurio y otros contaminantes químicos. Consumir preferentemente pescados pequeños, como la sardina.
- Limitar la exposición a productos ahumados y productos cultivados cerca de incineradores, ya que algunos procesos industriales, especialmente el quemado y la incineración, producen dioxinas.

•Disminuir la obesidad infantil. Por las razones antes señaladas, los niños obesos tienen mayor riesgo de acumular compuestos químicos tóxicos en su tejido adiposo.
•Evitar una pérdida exagerada de peso materno durante la lactancia, que conllevaría una mayor movilización de los compuestos tóxicos acumulados en el tejido adiposo hacia la leche materna.
•Utilizar envases de vidrio o cerámica para alimentos, biberones, tetinas y vajillas para niños. Los ftalatos y el bisfenol A empleados en la fabricación de algunos plásticos pueden tener efectos adversos en la salud (Ortega Garcia JA et al 2002), para evitar la exposición a esos compuestos se recomienda: sustituir los envases de plástico por envases de vidrio o cerámica, no introducir envases de plástico en el microondas ni en el lavavajillas, no envolver alimentos en rollos de plástico y evitar los alimentos enlatados, especialmente los que se presentan en latas de conserva con recubrimiento interior de plástico.
•Evitar la exposición al humo del tabaco y alcohol. Se ha comprobado que los niveles de contaminantes son mayores en las personas expuestas al tabaco y en las que toman bebidas alcohólicas.
•Limitar la exposición a pesticidas, pinturas a base de plomo y productos químicos comunes que pueden contener compuestos tóxicos, entre los que se incluyen: algunos disolventes de pinturas, colas a base de agua, productos para la limpieza de muebles, esmalte de uñas, vapores de gasolina y los plaguicidas que se emplean en las casas y en los jardines.
•Evitar la limpieza en seco de prendas de vestir. Cuando tenga que hacerlo, retire la cubierta plástica de la ropa de la tintorería lo antes posible, y ponga al aire las prendas de vestir en una habitación con las ventanas abiertas durante 12-24 horas.
•Evitar la exposición laboral a contaminantes químicos y tratar de conseguir en el lugar de trabajo normas de seguridad química para todos los empleados, especialmente mujeres embarazadas y mujeres lactantes (IBFAN 2000).


Si queréis acceder al artículo completo, podéis clicar aquí.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Se enferman más los segundos?



Hace unos días hablaba de la vuelta al cole, que por cierto en mi caso es hoy, y de cómo afrontarla desde el punto de vista pediátrico.

Más de un padre reciente ya está preocupado por las infecciones que están por venir, y más si tienen antecedentes negativos en este sentido. Mirad el comentario que me dejó un lector del blog, Nico, a esa entrada:

"Y como padre de dos pequeñas, la primera en p5 y la peque de 5 meses, ¿cómo puedo evitar, o al menos minimizar en lo posible, lo que nos queda por pasar en cuestión de enfermedades por transmisión de virus de la grande a la pequeña? Es que ésta ya ha tenido una bronquiolitis al mes de nacida (con ingreso en el hospital) por el mismo tema. Estámos pensando en darles a las dos algún preparado de lactobacillus, o de propóleo, o homeopatía (que conste que no nos la creemos, pero con la desesperación). De momento hacemos que cuando la grande llega del cole se lave las manos y la cara y se cambie de ropa según entra por la puerta de casa. Nos encanta su blog. Un saludo a todos"

La respuesta a la pregunta que titula el post de si se enferman más los segundos hijos (y sucesivos) probablemente es DEPENDE.

Depende de varios motivos:

- En primer lugar cada niño es diferente y la capacidad para enfermar también. Casi siempre ocurre que en cada casa siempre hay uno "que lo pilla todo" mientras los demás quedan más o menos inmunes. Tranquilos, no sólo pasa con las enfermedades. También en cada casa hay quien es más proclive a que lo fundan a picadas los mosquitos o a que la suerte en los juegos de azar le acompañe.

- En segundo lugar también depende de las edades de los niños. Cuanto más pequeño es el niño, más probable es que se enferme, sobretodo si es que está en contacto con los gérmenes. Dicho lo cual se entiende que un primer hijo, que no vaya a guardería, generalmente se enferma menos.

- Por último, y haciendo alusión de nuevo al comentario, las normas de higiene son importantes. El lavado de manos frecuente (nuestro y de nuestros hijos) y todas aquellas normas de las que se habló durante la epidemia de gripe A y que ahora parece que han caído en el olvido, tienen su espacio. También es verdad que conseguir unas condiciones de higiene de categoría entre los más pequeños que se besan, se tocan y comparten todas sus secreciones, es una labor harto complicada. Y más entre hermanos: el mayor siempre tiene tendencia a abalanzarse sobre el pequeño por mucho que intentemos minimizar el contacto.

En conclusión, mi experiencia me dice que los segundos hermanos que más tienden a enfermarse son los que son bastante pequeños o recién nacidos en otoño-invierno y que tienen un hermano "mayor" que en realidad es pequeño y que acude a la guardería. Porque es como si ellos mismos de alguna manera también acudieran a la cita con los virus....

Así que puestos a elegir, para un segundo hijo que se vaya a llevar menos de 3 años con su hermano, lo suyo es nacer en primavera. Cuando llegue el siguiente invierno tendrá sus 6 mesecillos y los virus propios de invierno, entre ellos, el temido VRS de la bronquiolitis, ya no les resultan tan lesivos. Aunque esto es una opinión y no un dogma de fe, y cada uno puede tener los hijos cuando le dé la gana, faltaría más.

Para tranquilidad de mi lector, los niños de P5 ya se suelen enfermar bastante menos. También me consta que son bastante más "limpitos" que los más pequeños (la educación y el desarrollo van haciendo su camino). Así que la consigna sería no perder los nervios antes de tiempo y aprovechar los coletazos del verano.



viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Así ha sido el verano de nuestros niños?




Espero que no, yo al menos lo he intentado. Aunque reconozco que con la tele he tenido más problemas de control....La pequeña, con 4 años y medio todavía no tiene maquinita. A Laia no se la dejo llevar a sitios donde hay otras opciones de ocio o si va a haber otros niños. Aunque una vez más, cuesta ir contracorriente.

Buen fin de semana! Y atención con las bombollas al forrar los libros, jejeje!



jueves, 8 de septiembre de 2011

La vuelta al cole



Un año más en estos primeros días de septiembre vemos cómo la vuelta al cole es inminente. Aquí empezamos el lunes que viene, día 12. Los preparativos se suceden: forrar libros, marcar ropa, reuniones con los profesores, etc....

Para mí no resulta nada estresante, la verdad, supongo que ya es porque llevo velocidad de crucero después de unos cuantos años con las niñas escolarizadas. Aunque seguro que a última hora me toca correr con algún tema.

Ayer tuvimos la reunión de P4 de la pequeña. Algunos cambios con el año pasado porque ya son mucho más mayores: se suprimen la siesta y los baberos, se les hace más responsables de su higiene, desayunan y comen un pelín más tarde que el año pasado, etc.

De las reuniones de padres siempre me llevo alguna pregunta chorra en el bolsillo. Ayer fue una pregunta relacionada con los medicamentos homeopáticos....Homeopatía hasta en la sopa!

En cuanto a la parte profesional que me ocupa, pocos consejos. Los niños en esta época del año están más sanotes que nunca después de mantener ahuyentados a los virus invernales una temporada y haber gozado del aire libre y la buena compañía. Quizá como comenté para este reportaje hace unos días, sería interesante empezar a regularizar horarios. Pero esto más que un consejo pediátrico, creo que nos lo dice el sentido común.

Pronto no obstante, cuando nuestros hijos empiecen a estar mezclados, volverán los mocos, los piojos y otros agradables compañeros de viaje. Paciencia para lo que está por venir, sobre todo en el caso de los más pequeños de la casa.

¡Feliz inicio de curso escolar! (con imagen de mi dibujante favorito, el Sr. Faro)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Conversando sobre temas profundos



Ayer por la noche, unos minutos antes de partir a mi guardia en Urgencias, estuve unos momentos conversando con Irene mientras las dos acabábamos de cenar. Siempre tendemos a tratarla de pequeña, porque en casa lo es y porque Laia siempre ha sido muy espabilada. Pero a veces me deja alucinada con las vueltas que puede dar su cabecita a sus 4 años.

Hace unos días falleció la madre de una de mis compañeras después de una semana de hospitalización y dolor. Mis hijas estaban al caso de que había estado en el hospital acompañándolas en la recta final y también en el funeral.

Aunque ya era un tema que trataban ocasionalmente, en estos últimos días las niñas hablan de la muerte y quieren saber muchas cosas. Supongo que no debe ser fácil de entender para una criatura, pero lo que sí me quedó claro después de hablar con la pequeña ayer es la facilidad para asimilar cosas que a los adultos a veces nos cuestan más y que evitamos tratar por tabú o directamente por conducta evitativa para asumir el ciclo de la vida. Preguntan sin tapujos y hacen un resumen de las situaciones dignas de aplauso. No sé qué pasará cuando la pérdida les toque más de cerca. Pero lo que sí me parece que en algún momento de la vida perdemos esa clarividencia propia de la infancia. No sé en qué momento las cosas empiezan a darnos miedo o respeto o pudor y preferimos no hablarlas. O qué pasará cuándo la pérdida les toque más de cerca.

Las preguntas de los niños pueden resultar incómodas. A veces no sabemos qué responderles. Pero hay que intentarlo, adaptándonos a su capacidad e intentando no mentirles. Y quizá aprovechando para nosotros mismos aclarar nuestras ideas, que pueden estar confusas.

Con el tema de la muerte ellas además exploran su árbol genealógico. Y a mí me gusta hablarles de los que nos precedieron y de mis recuerdos con ellos. Porque además con ellas es mucho más fácil que con los mayores. Y porque así los recuerdos familiares se transmiten.

Espero saber afrontar también otros temas que pueden ser espinosos, como por ejemplo cuando me pregunten por aspectos relacionados con el sexo, o con momentos vitales dolorosos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Hijos/-as de pediatras.....



Lo reconozco: en casa del herrero cuchara (o cuchillo según algunos) de palo. No llevo apenas a mis hijas a revisiones y demás tal como estipula el archiconocido control del niño sano. Es una pregunta que me hacen de forma recurrente: ¿tú a tus hijas las llevas al pediatra? Y la verdad es que las controlo "a vista de pájaro". Y cuando he necesitado algún cable, he tirado de algún compañero de confianza (por ejemplo revisiones oftalmológicas o aquella vez que pensé que Laia podía tener una apendicitis). A veces de tan dejada me puedo pasar. Recuerdo hace un par de años, una fiebre prolongada de Irene. Cuando al final me dió por revisarla, tenía una auscultación compatible con una neumonía. Me dió mala conciencia (tan habitual ya....). Aunque tengo que argumentar en mi defensa que la niña tenía un excelente estado general (y eso es lo más importante) por lo cual lo más probable es que en resumen fuera un virus....

Las llevé a mi centro de salud cuando eran bebés, por aquello de controlar un poco el peso y por evitar que las horas perdidas de sueño y la subjetividad propia de ser su madre en pleno apogeo hormonal, me hicieran pasar algo por alto. Dejé de ir hace un par de años a mi centro de salud para llevar a las niñas, después de una revisión por la enfermera ¿suplente? que no tuvo nombre (desidia, poca formación y poco ánimo en general -y que conste que hasta ese momento el equipo que me atendía me había resultado excelente y tengo buena amistad con alguno de los pediatras de allí-).

Y cuando están enfermas, me suelo apañar en casa. Algunas vacunas también se las hemos puesto en casa, aprovechando que la tita es enfermera. No sé si es la falta de costumbre en ir al médico, pero el caso es que han sido siempre bastante "malas pacientes", jeje...aunque con los años poco a poco han ido dejando que les cure las heridas, que les mire los oídos o que les haga las inhalaciones de salbutamol sin protestar demasiado e incluso colaborando....
El sábado Irene se cayó de bruces y se peló las dos rodillas. Quería que la llevara al hospital de mamá a que la curaran. Y estos días se ha convertido en una especie de niña drama con sus "pupas". Y casi no me deja ni mirárselas. En fin, paciencia con los hijos de médicos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

A lo mejor es que tenemos lo que nos merecemos



Hace unos días, Jesús Martínez, pediatra amigo y dueño del blog El médico de mi hijo nos hablaba sobre la prohibición de algunos restaurantes de dejar entrar niños. También Quim Monzó dedicaba un artículo hace unos días en el dominical de La Vanguardia al tema. Creo que es un tema que ya he tratado por aquí en alguna ocasión y mi opinión puede resultar un poco confusa porque yo habitualmente voy a los restaurantes con mis hijas y me fastidiaría no tener acceso "por ley" a determinados lugares. Pero por otro lado comparto la idea de que en ocasiones los niños "molestan". Y sintiéndolo mucho, la culpa en prácticamente todos los casos es de los padres. Los niños son niños, pero hay que enseñarles normas de convivencia, y también es conveniente saber a qué sitios es más adecuado ir con ellos y a qué sitios es mejor abstenerse en función de la edad. Yo con mis hijas he ido a restaurantes de "alto standing", he ido a museos y a recorridos culturales, pero creo que he sabido equilibrar el enseñarles a saber estar y también reconocer el momento en el que a lo mejor es más conveniente marcharse o retirarse a un segundo plano.

Como Jesús decía por twitter cuando el Dr. Javier Macías y yo le decíamos que nosotros vamos a los sitios con nuestras hijas respectivas, los padres son los que tienen que ponerse las pilas. Aunque anécdotas como las que os explicaré a continuación no dejan mucho lugar para el optimismo.

7 de la tarde. Hora punta en la Plaza de la Vila de mi pueblo natal. La plaza hasta los topes, sobretodo de niños de todas las edades jugando a mil cosas y compartiendo espacio, pero también de adultos, ancianos y personajes varios. En medio de la plaza, un grupo de niños en plena pubertad jugando a fútbol con una pelota reglamentaria. Vamos de las que si te dan pelotazo duele (comprobado en propias carnes). Al primer pelotazo que me dieron, me molesté. Después repartieron a diestro y siniestro, pelotas que le dieron a todo quisqui. Varios adultos se quejaban entre ellos, queja de pasillo (algo muy habitual....). Una hora después, cuando la pelota estuvo a punto de derribar a mi sobrina que justo a sus 13 meses está dando sus primeros pasos, mi madre les increpó, y uno de los niños se burló de ella. No sé si fue el requemor acumulado o mis horas sin dormir saliendo de guardia, el caso es que la burla del niño me hizo saltar del banco como si tuviera un resorte en mis posaderas y me fui a decirles a los niñitos (por cierto, un grupillo y de mi misma altura, o sea que físicamente eran superiores, jejeje) cuatro cosas bien dichas. Ante todo por la mala educación de burlarse de un adulto y en segundo lugar por la mala actitud en la plaza. Me dirigí básicamente al que había hecho la burla. Me escucharon y alguno incluso agachó la cabeza. Ni dos minutos después, llegó a la escena el padre del año a defender a su hijo. Él no había sido el que había dado el pelotazo. Le contesté que él se había burlado de un adulto y que él formaba parte del grupo que estaba repartiendo pelotazos sin control. Lectura: el padre del año había estado sentado estoicamente viendo como su hijo y sus coleguitas le volaban la cabeza a otros niños o adultos y se levantó como una bala y poniéndome jeta de "te parto la cara" cuando yo les llamé la atención por su conducta. El resultado fue que en unos pocos minutos, estaban otra vez bombardeando a sus anchas. Me pregunto qué futuro les espera a esos chavales y a nosotros que los tendremos que seguir "sufriendo". Y francamente lo que más me preocupa es que algunos pueden ser compañeros de nuestros hijos, de forma que una vez más, vamos a contracorriente. A este paso, no me extraña que empiecen a vetar la entrada de los niños hasta en los sitios públicos....

viernes, 2 de septiembre de 2011

Quién enseña a quién (VIII): Escala de valores



Vivimos en una sociedad en crisis. Más allá de la crisis económica de la que tanto se habla y de la que parece tan difícil salir, en una crisis de valores. La crisis de valores me parece mucho más grave y más crónica. Ahora parece mucho más difícil educar, porque cosas que antiguamente (o no tanto) se aceptaban como habituales, hoy en día están en descrédito. La educación, el guardar las formas, el respeto al prójimo, el valor de la empatía, lo valioso que es el esfuerzo. Todo ello está en crisis. Y a veces es descorazonador mirar alrededor y tratar de transmitir a tus hijos esos valores con la sensación de ir a contracorriente.

El nacimiento de un hijo trastoca tu escala de valores como ninguna otra cosa. Por lo menos es mi experiencia. Y además es algo que empieza desde que sabes que estás embarazada, pero que va in crescendo. Todo pasa a un segundo plano y lo importante está de puertas de casa para adentro. Has sido hija toda tu vida y de repente comprendes a tus padres. Sus miedos, sus razones y su voluntad. Y quieres para tus hijos lo mismo que tus padres querían para ti.

A mis hijas intento transmitirles también el mensaje de la importancia de la familia, de los afectos, de los momentos compartidos. Aunque para ellas no hay duda: hasta los peores padres del mundo son los mejores para sus hijos. Así que jugamos con una ventaja que tendríamos que saber aprovechar para perpetuar ese valor de por vida.

Conforme me hago más mayor y más interiorizada tengo mi vida como madre, menos apego tengo por las cosas materiales. Cada vez me importa menos comprarme ropa nueva o un nuevo libro. Me desprendo de objetos que en su día fueron valiosos sin demasiados dramas. Cada vez tengo más claro que lo más importante de nuestras vidas no se puede comprar con dinero y es invisible a los ojos.


¡Buen fin de semana!

jueves, 1 de septiembre de 2011

¿La vocación nace o se hace?




En estos días, por desgracia, estoy yendo diariamente a otro gran e importante hospital de mi ciudad a visitar a una persona gravemente enferma. Aparte de las consideraciones que me pasan por la cabeza sobre la muerte y sobre el final de la vida (es común que nos dé por pensar cuándo lo tenemos delante), el hecho de visitar un hospital donde están los adultos genera en mí unos sentimientos y unas sensaciones como mínimo curiosas.

Siento muy interiorizada mi profesión. Soy médico pediatra. Como me recordaba mi jefe en días anteriores hablando justamente sobre este tema, antes médico que pediatra. Y si un adulto tiene un problema de salud cerca mío, intento arremangarme. Sin embargo en los hospitales de adultos me siento extraña, como si todo lo que allí me rodea no fuera conmigo, a pesar de que los procedimientos, la forma intrínseca de funcionar en los centros e incluso algunas enfermedades sean comunes en nuestra vida cotidiana de médicos.

También en twitter hace unos días hablábamos de las vocaciones. Nuestro cirujano de cabecera, el Dr. Julio Mayol, nos decía que él quería ser cirujano -y de la forma cómo lo es actualmente- desde sus tiernos 6 años. Y que pasar por el quirófano a una corta edad le hizo todavía reafirmarse más en sus expectativas. ¡Qué precocidad! Yo a los 6 años no creo que tuviera ninguna clara idea de qué quería ser, quizá lo que dicen muchas niñas: profesora, bailarina o por qué no, princesa (bendita ingenuidad!). Sé que después durante muchos años pensé en ser arquitecta. Es una profesión que me sigue gustando. El desencanto con las mates de BUP y sobretodo con la física, y la pasión por las ciencias naturales en su rama humana, hicieron el resto. Así que yo no quería ser médico de pequeña. Tampoco es que no lo quisiera. Simplemente no conocí eso que llaman vocación y que hace que a unos les dé por irse a las misiones y a otros por dedicar su vida a curar enfermos y que además lo tengan como objetivo de vida desde años jóvenes.

¿Entonces la vocación nace o se hace? Quizá con la vocación pasa como con el enamoramiento. Hay personas que inician una relación sentimental por afinidad y luego se van enamorando, y personas que se enamoran desde el primer segundo hasta la médula.

Si os estoy confesando que no tengo clara mi vocación inicial, sí que os puedo decir sin rubor que cada día me gusta más lo que hago, que cada día me siento más implicada en el papel que estoy jugando y que cada vez tengo más ganas de crecer profesionalmente en beneficio de la sociedad a la que pertenezco y poder compartirlo.

Esa sensación de disconfort al moverme entre servicios de adultos por un lado me hace pensar en todo esto de la vocación y por otro me reafirma en la felicidad de poder trabajar con niños, aunque sean niños enfermos. Creo que hubiera podido ser feliz trabajando de muchas otras cosas, no lo tengo tan claro siendo médico de adultos.

¿Y vosotros qué pensáis de todo esto de las vocaciones?

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