jueves, 31 de marzo de 2011

Gestaciones múltiples

Dos de mis amigos y compañeros de trabajo están embarazados. Bueno en realidad la que está embarazada es ella, y lo está por partida doble. Al igual que hace un año mi amiga M. Ángeles, es un embarazo gemelar, aunque a diferencia de ella, esta vez son dos niños (niño-niño).

El hecho de que con un año de diferencia, dos de mis amigas hayan tenido embarazos gemelares me hace dudar de la regla de los 80 que me explicaron en mis clases de Ginecología y Obstetricia durante la carrera. La regla dice que se registra un parto gemelar por cada 80 partos con feto único, un parto de trigéminos por cada 80x80 (6400) partos con feto único, un parto de cuatrillizos cada 80x80x80 (512000) partos con feto único, y así sucesivamente.


No todos los embarazos gemelares son iguales. Coloquialmente en la calle, las personas suelen llamar gemelos a los niños que son iguales y mellizos a los que no lo son y se parecen como se pueden parecer los hermanos. Los pediatras y los obstetras utilizamos otros tipos de clasificaciones, que complican un poco más el asunto.


Para empezar desde el principio hay que diferenciar si el embarazo gemelar es dicigótico o monocigótico (cigoto= huevo formado por la unión entre óvulo y espermatozoide). Si es dicigótico es porque se ha producido la fertilización de dos óvulos distintos por dos espermatozoides. Cada uno de los cigotos se implanta en la cavidad uterina y sigue su evolución. Es el tipo de embarazo gemelar más frecuente (dos terceras partes). Como los fetos procederán de dos óvulos y dos espermatozoides diferentes, son diferentes genéticamente, compartiendo características como los hermanos y pudiendo ser de sexo igual o diferente. Este grupo es el de mellizos.


Más dificultosa es la clasificación de los gemelos monocigóticos, que son los gemelos idénticos que constituyen el tercio restante de los embarazos gemelares. La gestación gemelar resulta de la fertilización de un solo óvulo por un espermatozoide. De este modo, las características genéticas de ambos embriones serán iguales -salvo mutaciones y obviando la influencia del ambiente- y por tanto compartirán sexo, grupo sanguíneo y aspecto físico (prácticamente) igual. Ahora bien, dependerá del momento en el que se produce la división del cigoto, la gestación se podrá clasificar de la siguiente manera:

Si la división se produce entre los días 1 y 3 de gestación, se producirán dos huevos con plena capacidad de desarrollo. De esta forma se producen dos placentas (corion) y dos bolsas amnióticas. Gestación monocigótica bicorial biamniótica (30%).


Si la división se produce entre los días 4 y 8, se producirá una sola placenta y dos bolsas amnióticas. Gestación monocigótica monocorial biamniótica (68%).


Si la división se produce entre los días 9 y 13, la división sólo afecta a las células que originan el embrión, de forma que los embriones compartirán una única placenta y una bolsa amniótica. Gestación monocigótica monocorial monoamniótica (2%).


Finalmente si la división se produce del día 14 en adelante, la división del embrión ya no será completa, originando gemelos unidos, conocidos como siameses.


En el caso de mis amigos, el embarazo es monocigótico monocorial monoamniótico, es decir el tipo menos frecuente y por desgracia el que tiene más riesgo de complicaciones. Así que el seguimiento médico está siendo muy cuidadoso.


Otro día más sobre gemelos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Historias de la blogosfera sanitaria


Hace unos días me llamó una periodista para hacerme unas cuantas preguntas sobre la blogosfera sanitaria para un recorte que saldrá en la revista Mia. Supongo que en unos días estará publicado y os lo podré pasar. Entre las preguntas que me hizo, una era si le podía recomendar algún blog de algún médico dedicado específicamente a la salud de la mujer -teniendo en cuenta el público al que va dirigida la revista-. No supe qué contestarle. En la blogosfera sanitaria están representados todos los actores de la escena sanitaria -no sólo las batas blancas-, aunque es verdad que entre los médicos predominamos con diferencia los médicos de familia y los pediatras. Quizá algún grupo de enfermería se ha posicionado más en el ámbito de la salud propiamente de la mujer, pero hace falta que otros especialistas como por ejemplo ginecólogos, obstetras, oncólogos se unan a todo esto de la salud 2.0. ¿Los echáis de menos igual que yo? ¿Por qué será que médicos de familia y pediatras somos los que más nos hemos subido al carro?
En cuanto a andanzas blogueras, el viernes me uno a la reunión #hcsmeuES. El grupo es virtual y cada martes trabaja online utilizando twitter en diferentes cuestiones que afectan a la relación sanidad-redes sociales. La reunión es el primer encuentro no virtual coincidiendo con el primer año de andanza del grupo. Me animó a inscribirme Eva Velasco, a quien conocí en diciembre pasado cuando coincidimos en la jornada sobre salud 2.0 que organizó Menarini. Y aunque nunca he participado de forma activa en el grupo (entre otras cosas porque la hora me coincide con recogida de niñas del cole y piscina, jeje), lo he ido siguiendo en la distancia. También hace unos días me inscribí en el 2º Congreso de la Blogosfera Sanitaria. Esta vez ya no voy tan a ciegas como el año pasado y me hace ilusión. Con viaje a Madrid incluído. ¡Queda tanto que aprender!

martes, 29 de marzo de 2011

Estereotipos: El hermano mayor


Hay diversas teorías sobre cómo son los niños en función de su orden de nacimiento. Según como se mire, uno puede pensar que esas teorías tienen tanto valor para determinar cómo será un niño que saber qué horóscopo es. Sin embargo a lo mejor os véis identificados en algún aspecto, por lo menos a mí me pasa.

En mi caso tengo dos ejemplos: el de mis hijas -que un día ya me planteé aquí- y el mío propio. Mis hijas son el día y la noche, hijas del mismo padre y de la misma madre, aunque nacidas en circunstancias y momentos diferentes. Mi propio ejemplo: soy la mayor de dos hermanas. Me llevo dos años con mi hermana pequeña.

En todo esto hay diferentes lecturas: por un lado, que el hecho de nacer en un determinado orden te oriente en este mundo de una manera, y segundo que como padres eduquemos diferente a uno u otro hijo en función de su orden de nacimiento, aunque sea sin ser conscientes, pues la mayoría deseamos una coherencia en la educación y en las formas de hacer entre nuestros diferentes retoños.

Según estas teorías, los primogénitos son -o somos- más competitivos, enérgicos, dominantes y seguros de sí mismos. Tienen un fuerte deseo de satisfacer a sus padres y suelen imitarlos. Como son la fuente exclusiva de atención durante los primeros años -hasta que llegan los hermanos- a veces los padres y el resto de la familia continúan invirtiendo más tiempo y esfuerzo en sus logros, de forma que los hijos mayores pueden sentirse más presionados que sus hermanos para hacer las cosas bien.

Se dice que son perfeccionistas y controladores, algo tozudos y dominantes.

Fácilmente estos niños más dominantes "machaquen" como mínimo temporalmente a sus hermanos menores, aunque también es fácil que se les acabe echando la culpa de todas las trifulcas fraternales.

Los hermanos mayores también son los primeros en muchas cosas: en escolarizarse, en tener determinados privilegios (hora de acostarse o volver a casa), en tener determinadas responsabilidades, etc. Con frecuencia estas primeras veces los padres seamos más estrictos que cuando nos enfrentamos por segunda o tercera vez a la misma circunstancia -ya conocida-.

Otro aspecto que se comenta es que suelen ser "adultos" más pronto, y tolerar mejor la compañía y las conversaciones de los adultos que sus hermanos pequeños.

Todas estas teorías además suelen establecer algunos matices según el género de los hijos o las diferentes combinaciones niño-niña.

Como hermana mayor que fui -que soy vamos-, me veo identificada en bastantes aspectos y quizá en otros no tanto. Igual me sucede si pienso en todo esto fijándome en mis hijas.

¿Cuál es vuestra experiencia?

lunes, 28 de marzo de 2011

Bendito ruido de niños

Los domingos solemos comprar la prensa. Por lo menos un par de periódicos caen, y como llevan cientos de suplementos, dominicales y páginas de diferentes colores, por lo menos en lo que a mí respecta, tengo lectura para toda la semana. No obstante, es imposible leerlo todo de cabo a rabo y siempre quedan pequeños tesoros escondidos.


Ayer por la noche mi marido me trajo un recorte aparecido en La Vanguardia el pasado domingo día 6 de marzo titulado "Bendito ruido de niños" y me obligó a que lo leyera a pesar de que yo estaba enfrascada en otros asuntos. El motivo de la urgencia os lo aclararé al final, pero os voy a explicar de qué va el artículo, que quizá alguno de vosotros pudo leer en su día.


Aunque muchas curiosidades del pueblo alemán y en especial en lo que respecta a los niños las he podido conocer con el blog de Mamá en Alemania, no sabía que la poca flexibilidad y la poca tolerancia con los niños fuera una cuestión de estado. Parece que se ha generado una polémica intensa entre los parlamentarios y los ciudadanos de a pie, tras haberse aprobado una enmienda a una ley federal. Dicha ley protege al ciudadano contra diversos efectos ambientales dañinos como la contaminación del aire, las vibraciones y los ruidos. La enmienda aprobada supone excluir el ruido de la infancia: hasta ahora el llanto del niño, los bullicios de los juegos infantiles o una bronca paterno-filial, se equiparaba al ruido de las obras o del ensayo de un grupo de rock. Como dice el artículo, la enmienda pretende "dejar claro que no es lo mismo un niño que una sierra mecánica". Vaya que los vecinos te podían denunciar si te salía un niño llorón o si un día tenías invitados a los amiguitos de tu hijo y se pegaban cuatro carreras en casa.


Por lo visto es frecuente que los vecinos de los diferentes municipios se opongan a la apertura de guarderías en los centros de las ciudades alegando las molestias que el ruido infantil ocasiona a la tranquilidad de los barrios. Por ello muchos centros infantiles acaban estando en la periferia de las ciudades (la cual cosa debe ser súper cómoda para los padres....).

A partir de ahora el ruido infantil deja de considerarse legalmente como "impacto ambiental adverso", de forma que las familias quedarán un poco más protegidas (y libres de denuncias!). A pesar de ello algún político no ha dudado en considerar la enmienda como anticonstitucional porque perjudica la tranquilidad de la gente mayor.

Ahora nuestra historia personal a cuento de todo esto...Resulta que nuestros vecinos -los que están puerta con puerta con nosotros- son alemanes. Que conste en acta que a mí tampoco me gustan los gritos, los malos modos ni molestar a nadie, y me agrada que haya una buena convivencia vecinal.

Cuando nosotros llegamos a la finca, ellos ya vivían aquí. Unos días antes de hacer la mudanza, contentos con nuestro nuevo piso, decidimos hacer una merienda un sábado por la tarde, para invitar a algunos de nuestros amigos a la inauguración. No llevábamos ni media hora reunidos cuando llamaron a la puerta. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que era la vecina. Se presentó y acto seguido ni corta ni perezosa me comentó que le gustaría tener buena relación con nosotros desde el principio y que no le gustaban los ruidos. Me quedé ojiplática y boquiabierta y no supe qué contestarle. Hubiera preferido un pastel de bienvenida, ya me podían haber tocado unos vecinos americanos. Aunque me lo tomé como que la pobre señora debía tener un mal día, migraña o a saber y no le quise dar más importancia.

Una vez ya instalados, aprovechaba cualquier ocasión para recriminarnos que éramos unos ruidosos, que dábamos portazos, que por el bien de la convivencia teníamos que mejorar, y etc etc. Nosotros aguantábamos estoicamente sus discursos, incluso nos disculpábamos y hacíamos propósito de enmienda, hasta que dos años más tarde nació Irene. Un día, tenía la niña pocas semanas y coincidiendo en el rellano se acercó a felicitarnos y aprovechó para meter su cuña: que a ver si podíamos hacer algo porque la niña lloraba mucho y a ella le molestaba el llanto. Y ahí saqué toda mi mala leche acumulada en los últimos dos años, envuelta en los efluvios hormonales puerperales y le dije finamente que los niños pequeños lloraban y que ante eso no queda más que "ajo"(derse), "agua"(ntarse) y "resina"(ción), por lo menos en nuestro país....A partir de ahí casi dejé de saludarla porque cuando me la cruzaba lo único que hacía era quejarse. A esas alturas, yo ya tenía relación con todos los demás vecinos y mi vecina había tenido problemas con todos por lo mismo. Y os aseguro que mi comunidad es ejemplar en todo lo que respecta a la convivencia.

Un día tuvo la desfachatez de preguntarme por qué era simpática con todos los vecinos y a ella casi ni la saludaba. Y vaya, en resumen le dije que no sabían vivir en comunidad y que si no quería escuchar ningún ruido de nadie, la solución más práctica acaba siendo irse a vivir a una casa aislada. Y es que Spain is different ;)

Claro que después de leer el artículo que os he comentado, entiendo mucho mejor las cosas....

viernes, 25 de marzo de 2011

Primeras epidemias primaverales


La verdad es que hoy estoy un poco perezosa para escribir, quizá es porque empecé la semana laboral el domingo y ya estoy necesitando el fin de semana. En cualquier caso espero que sea transitorio....

Si queréis lectura, os animo a recuperar este post que habla sobre una enfermedad infecciosa curiosa causada por un virus llamado parvovirus. Es propio de la primavera y no se ha hecho esperar: durante mi turno por la mañana de ayer, visité 4 niños que se fueron con ese diagnóstico. Según me comentó una madre algún colegio ha lanzado una circular a los padres sobre la presencia del inquilino viral entre algunos de nuestros pequeños.

Buen fin de semana!

jueves, 24 de marzo de 2011

Educamos TODOS

Los que vísteis el programa Banda Ampla donde participé hace unos días, recordaréis que en una de mis intervenciones respondí a uno de los expertos, el Dr. Paulino Castells, y le dije que no me parecía bien que los abuelos no tuvieran que educar a los nietos en contraposición a su opinión de que los abuelos estaban para consentir. En aquel momento expresé la idea de que formamos parte de una comunidad educativa y le he dado bastantes vueltas al tema en los últimos días.

La educación de los niños es un tema altamente complejo y en el que todos estamos implicados. Obviamente los padres y la escuela juegan un papel predominante, pero todos en un momento dado formamos parte de la educación de los niños. Por mi parte, que trabajo en contacto directo con ellos, lo tengo clarísimo.

Hay un dicho africano que dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera. En primer lugar la familia, incluyendo la familia extensa, pero también el resto de la comunidad. Porque todos con nuestros actos o con nuestra forma de hacer estamos influyendo.

Personalmente en la consulta, intento comportarme como lo haría delante de mis hijas. Si la relación médico-paciente ya es compleja en sí misma, además hay que sumar la conciencia de que los niños te están escuchando, te están viendo trabajar y funcionar en tu día a día. Para mí no es un asunto trivial. De la misma manera, posiblemente por ello me dan mucho coraje los comportamientos de algunas personas delante de sus hijos. E igualmente, cuando algún niño hace alguna cosa que considero no adecuada no dudo en comentarlo. En esas ocasiones puede pasar de todo, que los niños y los padres sean conscientes y se resitúen, pero también que los niños no hagan ni caso y que los padres encima te den un rapapolvo.

Fuera de la consulta en mi vida cotidiana, intento mantener cierta coherencia en este aspecto. Un ejemplo que se me ocurre tiene que ver con la educación vial. Os parecerá una chorrada, pero intento no cruzar una calle con el semáforo en rojo por mucho que esté poco transitada cuando hay un niño que puede verme. No se me olvidará nunca un día de hace algo más de un año en el que Irene vió -en pleno aprendizaje de lo que significan el señor rojo y el señor verde de los semáforos- como una de sus señoritas pasaba con prisa una calle con el semáforo en rojo. La niña la miró como si hubiera cometido pecado mortal. Y es que los adultos somos modelos a seguir por los niños, la imitación es su principal forma de aprendizaje. Con lo cual no nos queda otra que enseñar dando ejemplo.

Que los padres se molesten cuando regañas o amonestas a un niño que está haciendo algo mal, es algo que me llama la atención. Cierto es que hay gente muy quisquillosa, pero en líneas generales deseo que si mi hijas se pasan de la raya sin estar nosotros presentes, alguien tenga la amabilidad de reconducir la situación.
PD: Al hilo de todo esto, y en relación también con el post de ayer, os dejo un vídeo que ya había visto, pero que me hizo recordar Emma en su comentario. Para no perdérselo.


miércoles, 23 de marzo de 2011

La línea fina entre ser un padre orgulloso y ser un padre plasta



Subtítulo: Yo por mi hij@, MA-TO



Ayer hicieron puertas abiertas en la piscina a la que va Irene. La verdad es que yo no me lo pierdo, porque además de ver en vivo y en directo sus progresos, ella se pone muy contenta de exhibirlos y de que estemos de espectadores.

El lugar es estrecho y hace calor. Y somos muchos los padres los que queremos ver a nuestros hijos. Estas situaciones a veces sacan lo peor de las familias. El hecho de querer ver al propio hijo y a veces, el querer ponerse la medalla "qué guapo es mi hijo y qué fantásticamente nada", ocasiona que muchas personas se vuelvan extremadamente maleducadas. De forma que en estas ocasiones me acabo llevando codazos, empujones y chillidos a la mínima de cambio.Y acabo teniendo ganas de que la jornada de puertas abiertas acabe de una vez por todas. La competición por posicionarse bien empieza en el mismo vestuario. En cuanto se van los niños, salen zumbando hacia las gradas, pisándote si es necesario.

Además de los propios padres, en las gradas se suman abuelos, tíos y parientes varios. Un ambiente cargadito, vamos. Justo al lado mío había un señor -por llamarlo de alguna manera- que se pasó media hora vociferando a su propia hija por si no se había dado cuenta que su papi estaba allí. Una de las veces se expresó tal que así:

- Raqueeeeeeeeeeel, miraaaaaaaaa. Raqueeeeeeeeeel, que estamos aquí 180 para verteeeeee. Guapaaaaaaa, más que guapaaaaaaaa.

Y 180 no eran, pero hacían el bulto y el ruido de unos cuantos.... Al tercer grito ya tenía mis tímpanos destrozados. Y la niña, de unos 8 ó 9 años miraba un poco tímida y de hecho en más de una ocasión se hacía la loca. Creo que en 2 ó 3 años, cuando esté en plena preadolescencia, esa misma escena delante de sus amigos le puede causar un trauma severo.

Aún así, a pesar de la mala educación, de los gritos y de los codazos, el hecho de que sean cursillos de natación y no ningún tipo de competición, hace que los comentarios no pasen del orgullo castizo de pensar y gritar a los cuatro vientos lo bien y lo guapo que es el hijo de uno mismo (a imagen y semejanza, of course). Situaciones más delicadas y desagradables han vivido mi marido y mi cuñado en sus sendos partidos de baloncesto (como entrenadores, jugadores o llevando a mi sobrino a sus partidos) donde los padres pierden completamente los papeles, la educación y el respeto y son un ejemplo deplorable para su prole (por muy injusta que sea la derrota, el arbitraje o el mamporrazo).

Mañana repito. Por mi hija que está emocionada viéndome en la grada como la miro y le hago alguna foto, que si no.....

martes, 22 de marzo de 2011

Seguridad del paciente en Urgencias (y II)


Diversos proyectos en torno a la seguridad del paciente se han puesto en marcha en los últimos tiempos. La OMS ha trabajado sobretodo en aspectos higiénicos básicos como el lavado de manos. El simple hecho del lavado de manos influye de forma extensa en la transmisión de enfermedades infecciosas. Siendo puristas en este aspecto, se minimizan las infecciones nosocomiales, tan malignas en el ámbito hospitalario. El lavado de manos, es un acto sencillo que beneficia el acto sanitario globalmente, tanto en países desarrollados como el nuestro como en países de vías de desarrollo.

En nuestro país, el Ministerio de Sanidad aparte de sumarse a la campaña Higiene de Manos, recogió en un informe un análisis sobre la cultura de la seguridad del paciente en nuestro país, a partir de encuestas anónimas donde participaron 24 hospitales de todo el territorio nacional. El informe completo es muy interesante porque da las pistas para diseñar los diferentes protocolos de seguridad.

En dicho análisis se evalúan diferentes dimensiones de la cultura de la seguridad como por ejemplo la frecuencia de eventos notificados, la percepción de seguridad, la franqueza en la comunicación, la respuesta a los errores, la dotación de personal, el trabajo en equipo o los problemas con los cambios de turno.

Algunas conclusiones marcan la necesidad de:
  • Fomentar la notificación interna y discusión de los errores que puedan ocurrir. Con actitud positiva

  • Tratar los temas de seguridad del paciente como un problema de equipo, no individual

  • Prestar atención prioritaria a la racionalidad de la dotación y organización del personal y los ritmos de trabajo a los que están sometidos

  • Fomentar la responsabilidad compartida y la coordinación entre unidades y servicios para lo perder información

  • Mostrar una actitud proactiva hacia la seguridad por parte de la gerencia

En cuanto al caso que os explicaba ayer, me planteó muchas inquietudes entorno a todo este tema. También en cuanto a la implicación de los pacientes y las propias familias en la seguridad. Aunque los esfuerzos principales tienen que ser nuestros, los pacientes y sus familiares también deben contribuir a su propia seguridad. En nuestro paciente, estoy segura de que no se hubiera caído sin la entrada de la acompañante de la madre. Obviamente no fue culpa de ella, pero sumó al cúmulo de circunstancias. Se me ocurre que en momentos de epidemia, cuando el tiempo de espera es alto y las personas nos achuchan porque están hartos de esperar, indirectamente también se favorece el error. O cuando dejan campar a los niños a sus anchas en zonas del hospital donde puede haber más riesgo de accidente o pueden tocar el material médico. Así que una vez más la relación médico-paciente, la educación y la comunicación tienen un lugar destacado para evitar errores y favorecer la seguridad.

lunes, 21 de marzo de 2011

Seguridad del paciente en Urgencias (I)


Hace unos cuantos meses ingresamos a un paciente de un año y medio aproximadamente por una artritis de rodilla. La artritis séptica es una infección de la articulación que precisa un diagnóstico eficiente y un tratamiento antibiótico endovenoso durante bastantes días. A veces también es necesario que se aplique un drenaje quirúrgico del pus acumulado. En algunas ocasiones se realiza una punción en la articulación para extraer el líquido sobrante, algo que por un lado alivia el dolor y por otro lado sierve para analizar en el laboratorio el líquido articular y favorecer el diagnóstico de certeza.

El pequeño tenía una situación familiar compleja. La madre, al parecer sin pareja, sufría un proceso oncológico y estaba siguiendo sesiones de radioterapia. Las acompañantes de la madre, muy protectoras pero también con tendencia a valoraciones pesimistas, hicieron que todo el proceso de asistencia y posterior ingreso del niño fuera vivido como un drama añadido al día a día cotidiano de aquellas personas, por mucho que insistiéramos en que si bien el proceso tenía su complejidad, lo más habitual es que se curen sin secuelas con el tratamiento pertinente.

El caso es que había venido el traumatólogo para intentar puncionar la articulación y mientras se estaba preparando el campo estéril y el material necesario entró de forma brusca y con alaridos en el box una de las acompañantes de la madre diciendo que a ella le había puncionado la articulación e indicándole al traumatólogo por dónde ella creía más conveniente que le pinchara.

Con su forma de entrar aquella señora mostraba tal angustia que todo el mundo se dirigió a atenderla, casualmente en el momento en el que la enfermera se había girado hacia los cajones a preparar las agujas, con tal mala fortuna que el niño quedó unos breves segundos solo en la camilla, tiempo suficiente para que se volteara y cayera al suelo. Aunque afortunadamente no se hizo nada, obligó a exploraciones radiológicas del cráneo y a observación por el traumatismo craneal. De verdad que aunque yo sólo fui espectadora de aquella situación, siendo responsable de la guardia como era, en aquel momento pensé que ojalá se me hubiera tragado la tierra.

Y es que por mucho empeño que pongamos, y por mucho que haya gente que se empeñe en negarlos, los accidentes y los errores ocurren en el ámbito hospitalario. Afortunadamente la mayoría son de pequeña envergadura, la prensa ya se encarga de propagar los errores con consecuencias contundentes. Los sanitarios tenemos que poner empeño en que se produzcan lo menos posible y que cuando ocurran sepamos capaces de aprender de ellos para que no se vuelvan a repetir. La seguridad del paciente me parece un tema que tiene que estar entre las primeras prioridades de gestión de los directivos y de cada unidad hospitalaria. Ciertamente a mí me preocupa bastante. Como veréis mañana, la comunicación entre profesionales y entre diferentes jerarquías es básica para favorecer la seguridad del paciente en el ámbito hospitalario.

viernes, 18 de marzo de 2011

Quién enseña a quién (VI): El tiempo

Cuando ayer por la tarde regresábamos de la piscina con Irene, pasamos por delante de uno de los parques que más le gustan. Y me pidió quedarse un rato a jugar. Era imposible en ese momento, tenía que ir cuanto antes a recoger a Laia que también había salido del cole y que estaba con otros amigos (fantásticos jueves en los que me coinciden unos minutos las extraescolares).

Irene, que habitualmente es de buen conformar, se puso a llorar y me dijo algo así como:

- Nunca tenemos tiempo, siempre tenemos prisa

Y cuánta razón tiene. Nunca tenemos tiempo, y siempre vamos con prisa arriba y abajo. Con agendas más cargadas que las de los ministros, con la sensación de que nunca acabamos con todo y de que siempre nos quedan cosas pendientes.

Los niños, si se les deja a su libre albedrío, saben disfrutar del tiempo mucho más que nosotros. No llevan reloj ni falta que les hace.

Hace unas semanas, todavía en plena epidemia gripal, cuando tuve ojeras en mis ojeras, un día le comentaba a una de mis compañeras que en momentos así me planteaba dejarlo todo, irme a vivir fuera de la ciudad, hacer de pediatra en un lugar pequeño y empezar a vivir tranquila. Todo esto con la boca pequeña, porque soy una criatura urbana de los pies a la cabeza.

Quizá no sea necesario tomar medidas tan drásticas, pero seguro que es saludable tomarse la vida de otra manera, no agobiarse por las cosas pendientes, no tener la sensación de estar cometiendo pecado mortal si perdemos el tiempo no haciendo nada, en el plan hedonista que muestran nuestros hijos y que siempre nos enseñan.

Por nuestra parte quizá deberíamos educarles para que no sean esclavos del tiempo en su vida adulta. Y me lo planteo cada vez que las achucho para llegar a tiempo al colegio, para que pasen a la bañera y se aseen, para asumir los horarios de algunos días, siempre reloj en mano.

La última vez que visité a mi peluquero habitual le sugerí que se planteara una tarifa exprés, algo así como una tarifa ejecutiva para los que siempre vamos con prisa. Ir a la pelu me supone la friolera de casi 3 horas entre que voy y vengo (está donde vivía con mis padres, no en mi barrio actual), el color, el corte, etc. Y yo me desespero, siempre viendo dónde ubicar ese espacio y el tiempo que luego paso allí. Él me dio parte de la clave del asunto, pues al igual que hacen otras personas, quizá lo que haya que hacer es disfrutar del momento, relajarse, aprovechar para pensar en uno mismo o no pensar en nada, en vez de cavilar en las cientos de cosas que tengo que hacer después y en el tiempo que estoy perdiendo. Algo más en lo que reflexionar.
¡Buen fin de semana!

jueves, 17 de marzo de 2011

Tristeza por una pequeña paciente

Estoy de guardia y hace un rato he descrito en twitter mi estado actual: "triste y un poco enfadada (con el mundo) por tener que dar un diagnóstico de diabetes mellitus tipo 1 a una niña de 9 meses".
Y es que a veces la enfermedad es así de injusta. Siempre el diagnóstico de diabetes juvenil es un mal trago. Pero cuando el pequeño paciente es tan pequeño como para no tener en el futuro conciencia de que hubo un día en el que no fue un enfermo crónico me parte el alma. Y también genera mucho malestar ver el estado de shock en el que están los padres en estos primeros momentos.


Los dos principales tipos de diabetes mellitus son la tipo I que es la que suele afectar a la población infanto-juvenil y que tiene un mecanismo autoinmune y la tipo II, causada por un desgaste metabólico producido por los años y que es la propia del adulto.


La diabetes mellitus es la enfermedad metabólica más frecuente en la infancia. Es por ello que con cierta frecuencia visitamos niños diabéticos en Urgencias, en ocasiones en el debut de su enfermedad y otras veces por descompensaciones. La diabetes se caracteriza por una alteración crónica del metabolismo originada por diferentes causas que desembocan en un aumento de los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. Este aumento se conoce como hiperglucemia, y está causada por un defecto en la secreción o en el funcionamiento de la insulina, que es una hormona que segrega el páncreas.


La insulina es una hormona que sirve para que las células puedan utilizar la glucosa y así obtengan la energia necesaria para sus funciones. Los diabéticos tienen carencia de insulina por lo cual son incapaces de usar y almacenar correctamente la glucosa que se ingiere con los alimentos. Por un lado las células no pueden aprovechar la glucosa y por otro lado, ésta se acumula en la sangre originando efectos a corto y a largo plazo.

El hecho de que no llegue glucosa a la célula origina los diferentes síntomas que se asocian a la enfermedad: por una parte la sensación de cansancio y de hambre (polifagia). Los diabéticos adelgazan inicialmente porque consumen ácidos grasos como forma de energia.

El exceso de azúcar en la sangre se acaba eliminando por la orina. Por efecto osmótico, este azúcar arrastra agua, de forma que hay un aumento de la diuresis (poliuria) y en consecuencia un aumento de la sed (polidpsia).


Los síntomas clásicos son polifagia, polidpsia, poliuria y pérdida de peso.


Si la hiperglucemia se mantiene, también el consumo de grasas produciéndose unos productos de degradación que se conocen como cuerpos cetónicos. La producción de cuerpos cetónicos produce un cuadro de descompensación metabólica que puede llegar a ser muy grave y que se conoce como cetoacidosis diabética.

El tratamiento de la diabetes tipo I es la insulina. Existen diferentes pautas de administración que se ajustan a las necesidades del niño en crecimiento. Justamente el hecho de que el niño esté en crecimiento marca diferencias con los controles del adulto, pues a veces requieren múltiples ajustes y además es preciso minimizar el riesgo de hipoglucemias de un cerebro en desarrollo.

La dieta es otro pilar del tratamiento. Debe ser equilibrada, regular y muy ordenada. Los niños deben seguir haciendo vida normal, incluyendo la actividad física.

Como os decía enfrentar a un niño y a su familia a todo esto es dramático. Antes del descubrimiento de la insulina, el diagnóstico de diabetes era una sentencia de muerte. Y de eso hace menos de un siglo, pues fue descubierta en el año 1921. Actualmente muchas líneas de investigación están abiertas y me parece -no soy una experta-que algunas están bastante avanzadas, tanto en lo que concierne a la liberación continuada de insulina sin necesidad de los incómodos pinchazos y controles como en lo referente a las células madre y los trasplantes de células pancreáticas. Espero que la ciencia avance lo suficiente para poder ver con mis ojos a estos pequeños recientes diabéticos ser adultos curados o en su defecto menos esclavizados.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Caries de aparición temprana

Nuestra sesión hospitalaria de ayer trataba sobre las caries. Y se hizo especial énfasis en las llamadas caries de aparición temprana, que son las que aparecen antes de los 6 años de edad. La idea fundamental que se intentó transmitir era que el cuidado de los dientes debe iniciarse precozmente, introduciendo hábitos y actividades preventivas desde que las primeras piezas erupcionan. En realidad centrarse en esta primera infancia tiene un interés importante porque en niños más mayorcitos está bastante asumido el control odontológico periódico tanto para nosotros los pediatras como para los padres, y en cambio en los más pequeños es más común descuidar la dentición (en algunos casos asumiendo que como son piezas temporales....)

La caries se produce por la coexistencia de diversos factores como son la presencia de las bacterias responsables en la flora bucal, la dieta -rica en hidratos de carbono-, la higiene y la susceptibilidad individual. El por qué unos individuos somos más susceptibles a la caries que otros, es el factor de los enumerados que menos se conoce, de forma que lo más inteligente es actuar en los otros frentes.

La flora bacteriana causante de las caries también se puede transmitir entre padres e hijos u otras personas con el contacto íntimo. Quizá ese gesto tan maternal de probar la comida del niño o soplarla no sea muy adecuado para la dentadura de nuestros hijos, sobretodo si nosotros mismos no somos cuidadosos con nuestra boca.

Los odontólogos nos alertan del aumento de estas caries precoces, algunas de ellas dramáticas, en niños que lactan al pecho de forma muy frecuente durante la noche. Parte de la leche se queda en la boca durante horas mientras el niño duerme, el pH de la boca entonces desciende bruscamente y se facilitan las caries. En un proceso equivalente al que ocurre en la llamada caries del biberón y según las estadísticas que nos presentaron en franco crecimiento por el aumento de la frecuencia de la lactancia al pecho prolongada.

Esto no quiere decir que la lactancia sea la causante, aunque sí que la leche es un alimento rico en azúcares. Como os decía la caries es multifactorial y si convergen otros factores, los niños en los que restos de leche permanecen en la boca, tienen más predisposición a caries.

En cuanto a la higiene, debe iniciarse desde que aparecen las primeras piezas dentales. En esta época los dientes se pueden limpiar con una gasa mojada o bien con unos cepillos de silicona que se acoplan al dedo del adulto (que por cierto me parece un invento fantástico y no sabía que existían). La utilización de estas dederas de silicona es útil hasta que aparecen los molares, después habría que empezar con el cepillo. Facilitando que el niño se familiarice con el hábito de la limpieza dental y dejándole hacer -aunque al principio se los lave como el Bob Esponja del dibujo- y luego repasando nosotros. La pasta dentrífica se introduce a partir de los 3 años (mínima dosis) y asegurándonos que el niño no se la come, ya que el flúor en exceso tampoco es conveniente. También la seda dental se puede utilizar a partir de los 3 años.

En niños más mayorcitos, que ya tienen dientes, pero que todavía maman por la noche (o en su caso, toman biberón), es conveniente hacer higiene después de la toma con el cepillito en forma de dedo. En resumen, teta SÍ, pero higiene SIN FALTA. En odontología, la prevención siempre es el mejor tratamiento.

Los alimentos que predisponen a las caries son los ricos en hidratos de carbono, en especial los de absorción rápida: golosinas, chocolates, zumos. Los zumos envasados son unos de los grandes causantes de caries. Los niños juguetean con el zumo y las pajitas a veces durante horas.

Las revisiones al odontólogo se pueden hacer anualmente desde el primer año de vida. Si se detecta caries de aparición temprana, se recomiendan cada 6 meses.

martes, 15 de marzo de 2011

Dolor torácico en niños


Ayer en mi guardia visité a un preadolescente de unos 12 años por dolor torácico. El dolor torácico es aquél que se sitúa en la cara anterior y lateral del tórax y es un síntoma relativamente común en la infancia, sobretodo en niños y niñas a partir de los 12-13 años.

Aunque muy pocas veces se debe a una enfermedad grave, la tendencia a compararlo con la patología del adulto genera una gran ansiedad en las familias, ya que éstas lo suelen relacionar casi siempre con patología cardíaca, en especial en los casos en los que hay antecedentes familiares de cardiopatía isquémica (anginas, infartos, etc).

En realidad las causas cardíacas originan menos del 5% de los casos de dolor torácico en el niño. En mi vida como pediatra sólo he coincidido con un niño que tuvo un infarto. Y debutó como lo hacen en ocasiones los adultos, con una arritmia severa que requirió maniobras avanzadas de reanimación cardiopulmonar. Ese niño tenía un origen anómalo de una arteria coronaria, una cardiopatía congénita rarísima. Fijaos si es tan poco usual, que lo publicamos en la revista Anales de Pediatría, allá por el año 2003 (el caso descrito como número 2).

Quizá la causa cardíaca más frecuente en pediatría de dolor torácico sea la pericarditis, que es una inflamación de la membrana que recubre el corazón, con frecuencia causada por infecciones víricas. Las pericarditis suelen tener un buen curso, aunque pueden requerir ingreso, medicación y cierto seguimiento posterior.

Aunque me haya detenido en las causas cardíacas de dolor torácico, son mucho más frecuentes:
  • El origen músculo-esquelético, tras actividad física o por microtraumatismos. En ocasiones también es frecuente una inflamación de la unión entre la costilla y el cartílago, que origina un dolor muy localizado en un punto.

  • Las causas respiratorias, desde las crisis de asma a las infecciones (neumonías, etc) o el neumotórax (espontáneo)

  • Los problemas digestivos como por ejemplo el reflujo gastroesofágico

  • Las causas psicológicas con un aumento de incidencia contínuo en los tiempos que corren. El dolor torácico junto con las palpitaciones son síntomas clásicos de ansiedad. Nuestros niños cada vez muestran más signos de ansiedad y a edades más precoces.

Como en tantos otros problemas de salud, es importante detallar las características del síntoma (localización, intensidad, relación con la respiración, con desencadenantes, posturas u enfermedades). Y también tiene bastante valor evaluar la interferencia con la actividad habitual así como la asociación con otros síntomas como por ejemplo la fiebre.

La mayoría de veces en Urgencias ante un dolor torácico en un niño sólo se recomienda analgesia y no se solicita ninguna exploración complementaria. En otras ocasiones puede ser necesaria una radiografía de tórax y/o un electrocardiograma. Mi paciente me generó muchas dudas y su electrocardiograma más, de forma que aunque suelo ser poco pidona de exploraciones complementarias, al chaval hasta le pedí las pruebas de laboratorio que se piden a los adultos cuando se sospecha un infarto. Y me lo tuve que revisar: la verdad es que los pediatras no estamos nada a la última en cuanto a infartos de miocardio. Y es un tema a actualizar más que por la baja probabilidad de infarto de nuestros pequeños pacientes, por la mayor probabilidad de algunos de sus acompañantes.

PD: Mis dudas diagnósticas no me generaron a mí misma ni ansiedad ni dolor torácico. Otro gallo hubiera cantado si por casualidad me encuentro con un chaval con el gesto similar al pobre señor de la imagen.

lunes, 14 de marzo de 2011

Despedidas y reencuentros


El viernes pasado fui a una cena en la que se homenajeaba al Dr. Fasheh, que se acaba de jubilar después de haber pasado toda su vida profesional en el Hospital Sant Joan de Déu. Hace unos días el Dr. García-Tornel, en su blog, también hacía referencia a su persona.

No hace falta decir que me lo pasé estupendamente y eso que no hubo bailoteo ni grandes espectáculos, pero el simple hecho del reencuentro con decenas de compañeros y amigos, a algunos de los cuales hacía bastante tiempo que no veía me hizo sentir muy feliz. Bien es cierto que ya no conozco a las nuevas generaciones de pediatras, pero sí a muchos de los "antiguos" y en estas ocasiones una recuerda épocas pasadas, sobretodo la etapa de residencia en la que aprendí mucho y de muchas personas, tanto en el terreno profesional como en el personal.

Sobre Wael, es difícil que sepa expresar bien lo que ha significado su presencia en el hospital para muchos de nosotros. Si os digo que en la cena había aproximadamente 120 personas -todas con nuestras vidas y nuestros compromisos- , os podéis hacer una idea de la estima que ha generado durante su vida profesional. No creo que muchas personas sean capaces de reunir a tantas personas para un homenaje.

Wael es un pediatra pequeñito, que siempre sonríe, que siempre tiene una palabra amable para todo el mundo, que pasa fácilmente inadvertido y que sin embargo es un pozo de conocimiento. Y de hecho los residentes siempre le consultábamos muchas dudas porque siempre sabía la respuesta o al menos sabía indicarte el camino para que tú la encontraras. A diferencia de lo que se estila actualmente en los grandes hospitales y los directivos de alguna manera premian - egos superlativos, personas cuyo expediente académico y estancias allá donde la medicina es lo mejor de lo mejor a pesar de que luego no sepan mostrar empatía ante un paciente, que acumulan muchas publicaciones en revistas con gran factor de impacto- me parece fundamental para los pacientes y para los médicos en formación que haya personas que vean la medicina como una forma de vida, recordando la esencia de la relación médico-paciente, la importancia de la docencia ante el que está aprendiendo (que esto de la medicina tiene mucho de oficio) y no como una meta para alcanzar prestigio (que también es bueno, no me malinterpretéis).

Con esta despedida, se inicia un proceso en el que otros tantos pediatras ilustres con los que he tenido el gusto de formarme y aprender, también llegarán a su jubilación. Recuerdo un informe del Colegio de Médicos de Barcelona de hace 3 ó 4 años en el que analizaba la demografía de la población médica y aparte de comprobar como la feminización de la medicina es un hecho innegable, también alertaban sobre las jubilaciones en un breve periodo de tiempo de gran parte del cuerpo facultativo actual y el impacto que puede tener sobre la actividad profesional. Sobre eso y en lo que a mí respecta se me ocurren algunas reflexiones. Por un lado que queramos o no los de más o menos mi generación tendremos que empezar a capitanear el barco -esperando hacerlo por lo menos tan bien como nuestros antecesores- y por otro lado, y dado que las mujeres seremos mayoría se impondrá otro estilo de medicina, no me cabe duda. En cuanto a la jubilación, aunque la veo lejana, supongo que llega un día en el que uno quiere dejar de trabajar para hacer otras cosas. En el caso de los médicos, muchos llegan en pleno esplendor y con una experiencia acumulada inmensa que sólo puede dar el paso de los años. Y aunque nos alegremos porque pasen a disfrutar de otras cosas, no me cabe duda que en muchos casos es una pérdida de talento para los centros sanitarios. Claro que los de mi generación y generaciones futuras no tendremos que lamentarnos demasiado por este hecho, porque a este paso vamos a estar trabajando hasta que seamos llamados a mejor vida.

jueves, 10 de marzo de 2011

Llantos en la consulta del pediatra


Ayer leí una estupenda reflexión que la Dra. Mónica Lalanda hizo sobre el llanto de los niños cuando van al médico. La Dra. Lalanda ha estado ejerciendo durante un tiempo en Inglaterra y compara su experiencia allí con la experiencia en nuestro país. Afirma que los niños lloran en cuanto la ven y trata de analizar las diferencias de nuestro sistema sanitario así como nuestras diferencias sociales en un intento de comprender el diferente comportamiento de unos niños y otros.

Mi experiencia no es totalmente acorde con lo que ella explica. A mí no me lloran todos los niños en la consulta (y de hecho me enorgullece cuando algún padre comenta "anda, siempre llora y contigo no"). Aunque no es oro todo lo que reluce y hay bastantes que sí que lloran. Algunos con un lamento tímido mientras otros se emplean a fondo en berrear y patalear con todas sus fuerzas.

Sería de tontos negar que Urgencias -y los hospitales en general- son lugares hostiles para los niños. Obviamente el hecho de que mi hospital sea monográfico pediátrico, facilita poder evitar que los niños compartan los espacios comunes con adultos enfermos y con algunas escenas dignas de películas de terror. De hecho, yo que me formé también en un hospital monográfico pediátrico fui la primera en impresionarme ante el deprimente escenario que constituyen en muchas ocasiones los servicios de Urgencias de adultos.

Los niños lloran en las consultas por diversos motivos. En primer lugar hay que tener en cuenta el temperamento que cada uno de nosotros tenemos desde la cuna, y la forma de afrontar las situaciones de estrés. Los niños expresan con el llanto muchos sentimientos, y en el médico es común que tengan miedo, principalmente a lo desconocido, pero también a lo conocido doloroso. Y de hecho aunque hay niños que llorarán desde el primer día hasta que estén rozando la adolescencia, la edad en la que un porcentaje más alto de niños llora cuando va al médico se inicia un poco antes de cumplir el primer año de vida -coincidiendo con el desarrollo del apego y la ansiedad por separación y con que ya han estado vacunados unas cuantas veces-, hasta aproximadamente una edad que suele ir entre los dos y los tres años de vida, en los que es posible explicarles y que entiendan a su manera que nuestro objetivo es cuidarles e intentar que se curen. Ese miedo a lo desconocido y a los desconocidos va disminuyendo con la edad, y la prueba es que son muchos más los niños que lloran en sus primeros días de guardería que en sus primeros días de colegio.

Otro motivo que va en contra de los médicos de Urgencias es que la mayoría de veces somos en realidad totalmente desconocidos para el niño y también para la familia. Ambas partes pueden mostrar consciente o inconscientemente su recelo hacia nosotros. Muchos niños que no suelen llorar con sus pediatras habituales a los que consideran una parte más de su entorno como lo son por ejemplo sus profesores, lo hacen cuando van a Urgencias. Otro factor en ese momento es que generalmente están enfermos y el encontrarse mal genera mayor irritabilidad y menor tolerancia a situaciones nuevas (algo que por otro lado creo que nos pasa a todos).

En cuanto a la actitud de los profesionales, pediatras y enfermeros, también tiene influencia. El aspecto físico posiblemente juega su papel y en mi caso creo que el hecho de ser mujer (y además físicamente pequeña y hasta no hace demasiado tiempo, con cara de niña) me beneficia. En otro orden de cosas es indispensable tratarle con suavidad, evitando movimientos bruscos, sin abordarle "a saco", hay que intentar hablarle con dulzura, especialmente a los que manifiestan claramente que tu presencia no les gusta. Por ejemplo a los bebés que lloran y a los que me interesa especialmente valorar su auscultación, prefiero hacerlo mientras se sienten protegidos en brazos de los padres. Yo no soy de la opinión que haya que hacer el pino-puente con los niños, ni mimetizarse completamente con ellos, pero sí intentar interaccionar, adaptarse a sus circunstancias y a su edad.

También me parece importante que los padres estén presentes siempre, tanto para la visita como para los procedimientos. Aunque los padres tienen que saber estar en su lugar, y dejar hacer, porque sinó las cosas suelen empeorar. Y de hecho suelo ser muy tolerante con los niños que lloran, pero me pone de mal humor que el padre o la madre se ponga más histérico que el niño ante situaciones que no son dramatizables como por ejemplo es desnudarle para la exploración o mirarles la faringe. Yo recuerdo en una ocasión en que unos padres se marcharon airados porque la niña lloraba (debía tener unos 3 ó 4 años) y no querían correr el riesgo de traumatizarla desvistiéndola y sentándola en la camilla. Fue un drama de visita y un desgaste intentar explicar a dos personas adultas que no le iba a hacer daño y que si no la podía explorar no podía darles un diagnóstico.

Y es que los padres tenemos que intentar transmitir serenidad. Los niños no sólo detectan las palabras, también las actitudes y los gestos de sus progenitores. Si los padres están ansiosos, el niño tiene un radar especial para detectarlo. Yo que odio con todas mis fuerzas el momento de sentarme en la silla del odontólogo aunque sea para una simple higiene dental, tuve que tragarme mi propia ansiedad el día que llevé a mi hija a hacerse dos empastes. O mi dolor cuando las pincharon a las dos para descartar que fueran celiacas.

Y ya sin palabras para los desafortunados comentarios "si no haces tal cosa, te pincharán o te llevaré al médico". Son muy pero que muy frecuentes, os lo puedo asegurar. Y transmiten una imagen negativa. En algunos hogares en las que el mensajito de marras se utiliza para todo, lo sorprendente es que el niño llegue a la consulta y no llore como si le fuera en ello la vida.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Internet seguro


Hace un par de semanas, en el colegio de mis hijas hicieron una conferencia impartida por los Mossos d'Esquadra sobre aspectos relacionados con la seguridad en internet, teniendo como referencia que somos padres de hijos que se conectan a la red y que pueden estar expuestos a diferentes riesgos.

A mí que internet me parece una de las cosas más grandes que se ha inventado, la verdad es que me va bien que alguien me explique de vez en cuando las cosas negativas. Ciertamente ya había estado en sesiones que hablaban de delitos en la red a la que nuestros hijos están expuestos. Pero siempre se aprenden cosas nuevas. Y además aplicables a nuestra propia navegación. Aunque la verdad es que de estas charlas una sale con un poco de mal cuerpo.

El señor policía nos habló de algunos de los peligros de internet para los menores:
  • La posibilidad de acceso a contenidos inadecuados como pornografía o imágenes violentas.

  • Genera aislamiento y problemas de socialización, así como sedentarismo.

  • Acceso a ofertas de medios y servicios en los que los jóvenes son especialmente vulnerables (publicidad, estafas, etc)

  • Se participa en chats y fórums donde se facilita información personal

  • Se pierde el control de lo que se puede hacer con las imágenes

Los aspectos que más se resaltaron para transmitir a nuestros hijos son:

  • No facilitar información personal. Tampoco informar sobre hábitos y rutinas, y nunca decir que se está solo en casa.

  • Tener cuidado con las imágenes que se cuelgan, pues se pierde el control sobre las mismas. Además, en teoría no se pueden publicar imágenes de menores sin el consentimiento de sus padres, de forma que los menores que cuelgan fotos donde hay otros menores pueden incurrir en delitos.

  • La importancia de la contraseña, que debe ser secreta e intransferible. Una comparación estupenda: La contraseña es como un cepillo de dientes, lo utilizas a diario, lo has de cambiar regularmente y no lo has de compartir con nadie.

Los menores hacen un uso de internet actualmente casi desde la cuna. Además, están en las redes sociales aunque en teoría facebook por ejemplo no permite el acceso a los menores de 14 años. Aunque saltar este impedimento es tan fácil como falsear la fecha de nacimiento. De hecho una encuesta reciente entre los menores catalanes desvela que hasta el 67% de los niños entre 8 y 14 años están en las redes sociales.

La presencia en redes sociales facilita el cíber acoso y de hecho hasta un 15% de los niños menores de 14 años ha sido víctima de alguno de los siguientes hechos:

  • Ha visto publicada en internet alguna foto suya que no quería que se viese.

  • Les han insultado o hablado mal de ellos en algún chat o red social.

  • Han recibido algún correo electrónico amenazador.

  • Alguien se ha hecho pasar por ellos en internet.

Algunas estrategias para controlar el uso de internet de los menores serían:

  • Colocar el ordenador que utilizan los chicos en un lugar común de la casa.

  • Restricción del acceso a determinadas webs.

  • Revisar el historial o servicios donde se da de alta el menor.

Además, como buenos inmigrantes digitales que somos los padres recientes, en general tenemos un conocimiento bajo en riesgos y amenazas en internet, así como en temas de seguridad. Y la recomendación es ¡ponerse al día! y también compartir la red con nuestros hijos, de forma que todos aprendamos...

Algunas páginas de interés (hay miles buscando en google):

martes, 8 de marzo de 2011

Madres felices

Desde hace unas pocas semanas, colaboro con El Club de las Madres Felices, una idea surgida por alguien que ha llevado a su ámbito laboral el espíritu bloguero. Como casi todos mis proyectos colaborativos últimamente han estado más inclinados hacia la balanza sanitaria, acepté participar en este asunto más relacionado propiamente con la maternidad. Iré colgando también por aquí las publicaciones que escribiré para aquel portal.
Esta es la primera y el título original es: Una felicidad "difícil". Espero que os guste.

Hace un poco más de dos años inicié mi andadura en Diario de una mamá pediatra. El blog, que que fue concebido sin ninguna aspiración concreta, ha pasado a formar parte indispensable de mi vida. Desde un principio creo que en él convergen y se complementan dos aspectos de mi vida: el hecho de que soy pediatra y mi trabajo consiste en ser médico de niños, y el hecho de que a la vez soy madre de dos niñas preciosas. Aunque no hubo pretensiones de que así fuera, son muchas las madres recientes que cada día me leen y comentan sus impresiones. Desde el punto de vista médico, me he integrado en lo que se conoce como la blogosfera sanitaria, participando en diversos proyectos colaborativos muy interesantes, que focalizan la atención en el paciente, en especial en el paciente empoderado, que conoce, que quiere participar y que trabaja en equipo con su médico.

Muchas propuestas para colaborar con diferentes páginas y proyectos me han llegado en los últimos meses. Mi participación aquí no está exenta de recelo, pues he rehusado participar en cualquier proyecto que tuviera que ver con una marca comercial. En el blog no tengo publicidad, ni la tendré, porque eso me da libertad para ser yo y escribir de lo que me apetezca y cuando me apetezca. Acepté participar en El club de las madres felices porque la idea me pareció preciosa, y por la implicación personal de una de las personas que ha puesto en marcha este proyecto.

Me piden que hable de la felicidad y de las madres felices. Hablar de un concepto abstracto y subjetivo no siempre es fácil. Y menos si las que son felices son las madres del siglo XXI. Madres, esposas, trabajadoras, que no siempre tenemos una vida sencilla. La maternidad es una compleja telaraña en la que la mayoría nos metemos sin tener una idea real de la complejidad que nos espera. Nos metemos con una idea romántica y algodonosa que la literatura, el cine y hasta nuestros familiares, amigos y conocidos nos han transmitido. Nos metemos a ciegas, sin saber que nos esperan noches sin dormir no sólo por los llantos nocturnos de un niño recién nacido, sinó por los desvelos que nos causa un niño con sus pequeños o grandes problemas o un adolescente que se va de fiesta y que llegará a las tantas. Nos metemos hasta el cuello sin saber que tenemos una resistencia física que desconocemos. Que difícilmente conoceremos más en profundidad lo que es dar sin esperar recibir nada a cambio. Sin saber que cada día, por muy mala noche que hayas tenido, empezarás siempre de cero.

Por qué será que sin embargo todo cobra sentido cuando tu bebé de apenas unos meses sonríe y da carcajadas apenas con tu presencia, cuando ese pequeño que empieza a andar se agarra con fuerza a tu mano, cuando sus dedos acarician tu pelo o cuando recibes un beso espontáneo. Cuando oyes decir por primera vez y con sentido la palabra "mamá". Cuando observas con rubor como tu pequeño analfabeto empieza a escribir sus primeras letras.

Resumiendo la maternidad origina una felicidad que en momentos es difícil, pero que es felicidad al fin y al cabo.

Hace pocos meses leí el libro de Eduardo Punset "El viaje a la felicidad". Os lo recomiendo porque allí entendí aspectos terrenales de un concepto abstracto como es la felicidad. Sin embargo, y aunque incluso redacta la fórmula de la felicidad, que cada uno de nosotros podemos aplicar a nuestras vidas, mi conclusión al leer el libro y siendo capaz de ver con perspectiva la vida propia y las vidas ajenas, es que la felicidad no es el fin sinó el camino. Y en eso estamos la mayoría, ¿o no?
PD: Hoy es un día para ¿celebrar? Tengo mis dudas....pero en cualquier caso felicidades a TODAS. Lo reinvindicable se puede releer aquí o aquí (creo que pocos cambios ha habido)

lunes, 7 de marzo de 2011

La experiencia televisiva




Como muchos de vosotros sabéis el jueves fui al programa de TV3 Banda Ampla, que versaba sobre la educación de los niños. En el programa hay un público de unas 80 personas, entre las cuales 20 son más o menos escogidas por la organización por tener una vinculación directa, ya sea personal o profesional, con el tema que se trata. En el caso de la educación es fácil tener una vinculación, porque aún en el caso que no tengamos hijos, todos tenemos padres y podemos recurrir a nuestra propia experiencia.

Contactaron conmigo el lunes pasado. Inicialmente contesté que no. El miedo a aparecer en público en un medio como es la televisión me pudo. Después lo comenté con la familia y también en twitter y todo el mundo me empujó a aceptar. Así que el martes volví a contactar con la organización, atendí al circuito que se seguía y me comprometí a estar en los estudios de TV3 el jueves a las 9 de la noche. Desde el momento en el que acepté hasta el mismo jueves, estuve bastante nerviosa....supongo que lo normal en estos casos. Hay mucha gente que debe ansiar salir en la tele, pero no era mi caso.

Del mismo lunes hasta el jueves me sentí muy arropada sobretodo por la pandilla de twitter y por mis amigos en facebook. Arriba las redes sociales!!

El jueves entorno a las 8 de la tarde salí de mi casa, cogí el coche y la primera canción que sonó en la radio fue la que tenéis por ahí arriba, y la verdad es que cantando a grito pelado en solitario en mi coche una canción tan optimista -y las que vinieron después, que parecían puestas expresamente para mí-, pude calmar un poco la ansiedad.

Llegando a los estudios de TV3 tuve la primera sorpresa, y es que me encontré con una prima mía, Silvia, que se ocupaba de parte de los invitados al programa (los que llegaban en autocares de dos poblaciones catalanas). Yo sabía que trabajaba en TV3 pero desconocía que justamente estaba implicada en Banda Ampla. Ella me transmitió mucha energía positiva.

En la espera hasta que llegaron todos los invitados, pude intercambiar unas palabras con Roser Capdevila, la famosísima ilustradora creadora de las 3 bessones. Otra de las experiencias positivas.

Posteriormente nos llevaron a una sala donde pudimos cenar algo y nos explicaron en detalle el funcionamiento del programa. También nos presentaron uno por uno ante el resto de invitados. Y llegó la hora de bajar al plató. La verdad es que la imagen real es diferente a la imagen que uno advierte en la televisión. Apareció la presentadora, Lídia Heredia, y volvimos a repasar algunas cuestiones prácticas como el funcionamiento de los micrófonos, la forma de pedir el turno de palabra, etc. Otra de las experiencias positivas: conocer las entrañas de la tele, el funcionamiento de los programas en directo, y la profesionalidad de los periodistas que allí se encontraban. ¡Excelente acogida y organización!

Y ¡tachán! llegó el momento de aparecer en pantalla, ¡qué nervios!

El debate quizá se centró demasiado en determinados temas. El hecho de que los micrófonos fallaran también perjudicó el sistema de turnos de palabra, de forma que quizá determinadas personas monopolizaron más la conversación. Y por otro lado, la mayoría optó por un discurso políticamente correcto, sin entrar a fondo a analizar algunos detalles interesantes.
Intervine en 3 ocasiones. En la primera (min 12) para dar mi opinión sobre la semana blanca y expresar mi desacuerdo en el hecho de que muchas personas consideran el colegio un lugar donde aparcar a los niños. En segunda ocasión (min 49) para expresar que el pilar de la educación de los niños somos los padres, aunque todos los que tenemos contacto con los niños en mayor o menor medida, formamos parte de una comunidad educativa y tenemos una misión en ese sentido. Mi tercera y última intervención (tras 1h24 min de programa) es la más larga y resume una serie de conceptos: la necesidad de normas y límites para los niños, el papel que puede tener el castigo (proporcionado y consecuente), la pérdida de las figuras de autoridad y el exceso de percepción que existe de que los niños se traumatizan por todo.
Había otros momentos en los que también hubiera opinado, por ejemplo:
  • Cuando se hablaba de conciliación. La sociedad y la vida laboral no lo ponen fácil. Es difícil pero no es imposible. Entre la pareja hay que llegar a acuerdos, hay que priorizar a los niños ante el resto de valores, y por supuesto, siempre hay que saber que se deben producir ciertas renuncias (de ocio, económicas, etc).
  • Me dió bastante pena la embarazada cuya aspiración es estar media hora al día con su hija. Media hora, ¡¡¡me parece poquísimo!!! Por mucha calidad que tengan esos minutos....

Y en cuanto a otro tema que me puso los pelos de punta, fue la intervención de la joven rubia del final con aires de "princesa del pueblo". Si alguna vez veo a alguna de mis hijas expresarse de esa manera (y en la tele, para más inri), creo que me da un patatús.

Y las reacciones posteriores, pues muy positivas. Varias personas me comentaron que me habían visto en la tele e incluso me felicitaron! Otra anécdota curiosa fue que recibí un e-mail del padre de una bebé que había visitado la tarde anterior en el hospital. Se sorprendió de ver en la tele a la pediatra que los había atendido 24 horas antes y me felicitó por el blog.

En fin, gracias a todos por vuestros ánimos, vuestras intervenciones en twitter y en facebook y por perder unas horitas de sueño de las que la mayoría vamos bien necesitados...

He tenido dificultades para colgar el vídeo del programa: Aquí tenéis el enlace


viernes, 4 de marzo de 2011

Solidaridad fraternal


En breve os haré un reporte de lo vivido ayer en el plató de TV3, no me da el tiempo para más!!!

A cambio os voy a explicar una escena emocionante vivida hace unos pocos días en Urgencias para abrir este fin de semana de carnaval, que tanto les gusta a nuestros niños (si la lluvia lo permite)

Lactante de unos 9 meses que viene a visitarse. No recuerdo el motivo de consulta. Era un bebé regordete y la mamá venía también con la hermanita: una niña menudita, de apenas 2 años a la que subió también a la camilla.

El bebé estaba la mar de tranquilo inicialmente. Al empezar la exploración se puso un poco serio. En pleno desarrollo del apego, es normal que a esa edad se extrañen o incluso se disgusten ante un extraño. Y aunque intenté acercarme sin ser muy agresiva y sonriéndole, es normal que pudiera no sentirse muy tranquilo. Además a esas alturas las batas blancas ya le habíamos provocado más de un sobresalto -vacunas y demás-.

Pero la reacción del bebé no me sorprendió, y en cambio me dio mucha ternura su hermana. Conforme avanzaba en la exploración pasó de una expresión seria a un llanto emotivo y solidario con su hermano pequeño y me miraba con una mezcla de desesperanza y ojos suplicantes de que lo dejara en paz.... A alguno le podrá parecer que fue por aquello de que "cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar", pero para mí fue una expresión total de solidaridad fraternal.

jueves, 3 de marzo de 2011

Esta noche en Banda Ampla


Soy poco aficionada a la televisión, nunca lo he sido demasiado, y menos desde que internet me ha abierto la puerta al mundo. Sigo algún programa o alguna serie ocasionalmente y a veces veo las noticias. Así que pocas veces puedo hacer recomendaciones sobre la programación televisiva, pero hoy sí lo haré....Me han invitado a participar en el programa Banda Ampla, que emite TV3 a las 23 horas, y espero que todos (los que podáis) me déis vuestro soporte emocional virtual!!!

La verdad es que la primera respuesta que le di a la periodista que me llamó fue que no. El tema que se tratará, la educación de los niños, ya sabéis que me interesa especialmente, pero el miedo escénico me pudo y rechacé la invitación. Luego en casa y sobretodo mis amigos de twitter me empujaron un poco....No es que no siga teniendo nervios, ni miedo al ridículo....pero creo que me sentiré arropada por todos vosotros. ¡¡¡Ya os contaré la experiencia!!

PD: Ya he conseguido el pdf del artículo del suplemento Criatures del diari Ara en el que participé. Podéis leerlo aquí (está en catalán, pero si alguien necesita traducción que lo comente)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Plagiocefalia postural



Siguiendo con algunas de las ideas de nuestra jornada del sábado, el neurocirujano -Dr. Guillén-, nos habló de las malformaciones y las deformidades craneales de los lactantes. De un tiempo a esta parte les han llegado a los neurocirujanos cientos de visitas a las consultas de lactantes afectos de plagiocefalia postural. La plagiocefalia postural es una deformidad de la cabeza del bebé que se va produciendo postnatalmente y es secundaria a la posición del lactante boca arriba en la cuna o sentado en sillitas o gandulinas durante muchas horas.

Es obvio que la recomendación de poner a dormir boca arriba a los bebés ha sido muy beneficiosa en cuanto a disminuir la incidencia de la muerte súbita del lactante. No obstante un efecto indeseado obtenido es la plagiocefalia.

Una vez instaurada la malformación no se hace tratamiento quirúrgico, en algún caso severo se opta por el tratamiento ortésico con unos cascos que resultan extremadamente caros. Sin embargo, como en muchos otros problemas de salud, lo más importante es la prevención desde el nacimiento. Y no ningunear cuando aparece el problema, pensando que ya se solucionará. Cambios de postura frecuentes, juegos boca abajo (mantitas de actividad, siestas donde el niño esté vigilado), etc, que también son beneficiosos para la musculatura cervical.

Podéis recuperar una entrada de hace muchos meses en la que hacía mención a la plagiocefalia. También son muy interesantes las recomendaciones que hacen los compañeros del Centro de Salud de Olaguibel. Todo ello de especial interés para los padres más recientes puesto que las actividades preventivas deben iniciarse desde los primeros días de vida.

martes, 1 de marzo de 2011

Algunos apuntes sobre el TDAH



El sábado pasado tuvo lugar la XXI Jornada Médico-Quirúrgica, que anualmente se realiza en mi hospital, y que cada año intenta introducir novedades y actualizaciones en algún tema pediátrico. Este año la especialidad protagonista era Neuropediatría y aunque a priori no es de mis especialidades favoritas y se juntaba el hecho de que la jornada sea un sábado "libre" -la cual cosa requiere cierto esfuerzo suplementario- tengo que decir que superó con creces mis expectativas.

La primera charla que es la que resumiré hoy hablaba sobre el TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. La comunicación la realizó la Dra. González que es una excelente neuropediatra y que fue compañera mía de residencia (espero que no se moleste por la transcripción de los datos que nos dió).

El TDAH es, como ha ocurrido con otras muchas enfermedades que se conocen desde antaño, una enfermedad de la que se habla bastante últimamente. Y parece que esté "de moda". La sensación como pediatra es que es un diagnóstico quizá demasiado común en los tiempos que corren, como si cualquier niño por el hecho de ser un poco movido o un poco despistado fuera catalogado de hiperactivo. Posiblemente la clave, como en otros tantos temas, es caer en las manos de un profesional adecuado que conozca en detalle la enfermedad.

Aún así los datos nos arrojan una frecuencia alta en la población general, ya que puede afectar al 3-6% de los niños en edad escolar, la cual cosa a grandes rasgos implica que en cada aula de nuestro país por probabilidad hay un niño afecto de TDAH. El TDAH es un trastorno del desarrollo cognitivo-conductual y es el más frecuente de dichos trastornos en la edad infantil. Aunque es en la infancia donde se suele diagnosticar con más frecuencia, en un porcentaje no despreciable, los síntomas persisten en la edad adulta.

Los 3 síntomas nucleares del TDAH son la inatención (parece que no escuchen, evitan las tareas que requieren esfuerzo), la hiperactividad (se levantan constantemente, corren en momentos en los que "no toca") y la impulsividad (dificultad para guardar el turno o interrupción de la actividad de otros). Como estos 3 síntomas se combinan en diferente proporción, el trastorno se divide en diferentes subtipos en función de qué síntoma predomina.

En principio es más frecuente en niños que en niñas, aunque es posible que en las niñas, en las que predomina el subtipo inatento el diagnóstico pase más desapercibido (un niño impulsivo o hiperactivo llama más la atención que uno inatento). En cuanto a la hiperactividad, que suele ser lo más llamativo y en ocasiones lo más molesto, tiende a mejorar con la edad siendo la inatención lo más prolongado en el tiempo y el síntoma que más repercusión a largo plazo va a tener en la vida del individuo (fracaso escolar, dificultades laborales, etc)

Los primeros síntomas se detectan entorno a los 3 años. Y en un porcentaje no despreciable hay asociación con otros problemas como por ejemplo trastornos del aprendizaje, tics, trastornos del sueño o en adolescentes y adultos, abuso de sustancias tóxicas.

El origen del TDAH es multifactorial y se creen implicados factores genéticos y factores ambientales. Uno de los factores ambientales sobre el que las madres podemos incidir es sobre el tabaquismo materno durante la gestación, que parece ser un factor de riesgo.

El diagnóstico del TDAH es clínico, y se basa en los criterios del DSM-IV. El DSM es un manual para el diagnóstico de las enfermedades mentales. Dichas enfermedades en su mayoría no tienen una prueba de laboratorio o de imagen que las diagnostique definitivamente. El diagnóstico se basa en cumplir una serie de criterios. La cual cosa no deja de tener cierto grado de subjetividad, y ahí es donde yo me refería a que es posible que haya sobrediagnósticos de TDAH. Los criterios diagnósticos de los que hablo los podéis ver detallados aquí, y en esa lista creo que hay que dar mucha importancia a los criterios esenciales como por ejemplo la interferencia con la vida cotidiana o la comparación con otros niños de la misma edad.

El tratamiento del TDAH debe incluir además del tratamiento farmacológico, el cognitivo-conductual, el psicopedagógico, el apoyo familiar y el tratamiento de trastornos asociados, si es que los hay. En cuanto al tratamiento farmacológico clásico, el metilfenidato, parece que la experiencia acumulada lo valida como un fármaco bastante seguro y con pocos problemas a largo plazo. Aunque no deja de ser un tratamiento crónico y no exento de efectos secundarios. No obstante, los datos parecen indicar que un niño con TDAH que no se trata suele tener una evolución desfavorable en la adolescencia y en la vida adulta, así que supongo que está claro hacia dónde se inclina la balanza en los casos en los que el diagnóstico es de certeza.

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