
El lunes, Cristina, una seguidora del blog y madre de un paciente ocasional de nuestras Urgencias me envió un e-mail angustiada ante cómo proceder después de que en el curso de P3 de su hijo (aunque en la otra clase) se había dado un caso de meningitis. Las profesoras habían reunido a los padres para explicarles la situación y estaban pendientes de que Sanitat se pusiera en contacto con ellos para darles la pauta a seguir. Me imagino la angustia leyendo su e-mail, dado que se produce una alarma social importante en el entorno de un niño afecto de meningitis o enfermedad meningocócica. Y además, como ella misma reconocía tenía la tentación de mirar en internet, aún a sabiendas de que la información puede ser tan variopinta como poco afortunada y tenía miedo de liarse y asustarse todavía más. Aunque le contesté el e-mail resumiendo los aspectos importantes, también le comenté que dudaba poder encontrar el momento para escribir un post en condiciones sobre el tema, aunque como véis al final me he animado.
El meningococo es el nombre común de un bacteria que se llama Neisseria meningiditis. Esta bacteria habita exclusivamente en los humanos, en concreto en la mucosa faríngea de algunas personas. Las personas que tienen al germen en su faringe se llaman portadores. Y ellos mismos en contadas ocasiones padecen la enfermedad (su sistema inmune mantiene a raya al bicho), pero en cambio son capaces de transmitirla. La transmisión se produce mediante la exposición a uno de estos portadores asintomáticos o menos frecuentemente, a un enfermo (por las pequeñas gotas de saliva o secreciones respiratorias como ocurre con muchas infecciones). Cuando ocurre la transmisión pueden ocurrir dos cosas: que el que recibe al menigococo se convierta asimismo en portador asintomático o que la bacteria encuentre la posibilidad de invadir, causando así la enfermedad.
Una vez se detecta la enfermedad, es conveniente que el enfermo sea aislado hasta que como mínimo se haya administrado antibiótico durante 24 horas. Es decir que es necesario utilizar mascarillas en el entorno del paciente.
En cuanto a las personas que han estado en contacto con el enfermo, se establece un circuito coordinado por las autoridades sanitarias con el fin de impedir la transmisión a las personas de riesgo. El circuito consiste en informar, vigilar la aparición de nuevos casos, dar tratamiento antibiótico a los contactos que lo precisen (a esto se le llama quimioprofilaxis antibiótica) y ofrecer la vacunación a determinados grupos de riesgo.
La información debe darse lo más pronto posible a los familiares de los enfermos, amigos, compañeros de colegio o de guardería, a los padres de compañeros y educadores. Deben explicarse los síntomas y signos iniciales de la enfermedad y la necesidad de acudir a un centro sanitario si aparecen.
La vigilancia se realiza con los convivientes y los contactos durante aproximadamente los 10 días siguientes a la aparición del caso inicial. Se controla la aparición de síntomas compatibles (para intentar un diagnóstico y un tratamiento precoz). Y esta vigilancia se mantiene a pesar de que se haya administrado la quimioprofilaxis.
La quimioprofilaxis o protección antibiótica se administra a aquellas personas que tienen más riesgo de desarrollar la enfermedad meningocócica. Estas políticas antibióticas se aplican por la gravedad de la enfermedad y por la posibilidad real de que puedan aparecer casos secundarios, sobretodo en personas que conviven en el mismo domicilio.
La clave del control de la enfermedad es conseguir eliminar el estado de portador tanto de personas que son habitualmente portadoras asintomáticas (y que son las que pasan el germen a la persona que finalmente enferma) como de aquéllas que lo han adquirido recientemente y que son las que tienen mayor riesgo de enfermar.
El riesgo de enfermar si se ha tenido contacto con la persona enferma varía en función de la edad (los niños comparten sus secreciones con más frecuencia) y del grado de intimidad de la relación. Así los convivientes del enfermo se suelen tratar todos. En el caso de niños que van a la guardería, si los grupos están bien delimitados se trata al grupo del niño. Con frecuencia será difícil y se tratan todos los niños de la guardería. En el caso de niños que acudan a colegio, la quimioprofilaxis está indicada en los contactos más cercanos (compañeros de pupitre, de comedor, de siesta, etc) la cual cosa fácilmente y por dificultad para acotar puede dar lugar a tratamiento de toda la clase. Se establece que un contacto de riesgo suele ser aquél que pasa 20 horas o más a la semana con la persona afecta. Si son dos niños en la misma clase, se trata toda la clase. Si son dos niños de clases diferentes se tratan las dos clases afectadas. Cuando hay 3 niños de diferentes clases afectados, se suele optar por tratar a todo el colegio.
El antibiótico que se suele utilizar es la rifampicina. Es un medicamento peculiar que tiñe las lágrimas y la orina de naranja. Es el fármaco de elección en niños, aunque tiene algunas contraindicaciones e interacciones con otros medicamentos (anticonvulsivantes, anticonceptivos orales, etc)
Para tranquilidad de la mayoría, cabe decir que es raro que haya un caso secundario de enfermedad meningocócica entre los contactos. Las probabilidades son algo más altas en convivientes, y más remotas en amiguitos del colegio. De hecho yo nunca he vivido esa circunstancia. Eso no quita que el miedo en el cuerpo lo tengan muchos padres durante unos días.
PD: Se puede consultar el documento íntegro de la Generalitat sobre el protocolo a seguir ante la enfermedad meningocócica
aquí.