A raíz de esa anécdota, un día comentábamos con la misma mamá el tema del sueño y las dificultades de su hija para dormir. La necesidad del conejito, cómo muchas veces ella se acostaba con la niña y las horas tardías en las que lo hacía. Asimismo surgía una especie de sentimiento de culpa....como estaba fuera trabajando algunas tardes, de alguna manera sentía que tenía que compensar por la noche los ratos que no estaba con su hija.
Me preguntó a qué hora se iban a la cama las mías. Y la hora son las 9 de la noche. A veces ya pienso que es tarde y sin embargo cuando comparo, me doy cuenta de que muchísimos niños de la edad de las mías se acuestan bastante más tarde. Nosotros salvo excepciones y viernes y sábados, a las 7 y media las bañamos, sobre las 8 cenan, después se lavan y sobre las 9 menos cuarto estamos en la habitación para explicar algún cuento. Aunque encontramos resistencia por parte de las niñas (ellas alargarían indefinidamente), intentamos que sobre las 9 ó 9 y cuarto se apaguen las luces.
De esa manera duermen aproximadamente 11 horas. Irene suma las 2 horillas de la siesta, con lo que duerme unas 13 horas al día. Me parece un tiempo razonable para que por el día no estén cansadas e irritables. Y realmente es así, el día que han dormido menos se les nota. No sé cómo pueden funcionar tantísimos niños que van tan justos de sueño. Supongo que la falta de sueño generalizada es uno de los defectos de nuestro país y los adultos inconscientemente transmitimos y permitimos que se repitan esos vicios en nuestros hijos.
Además hay otro efecto colateral de la falta de sueño en los niños. Los días que alargan la hora de acostarse, por lo menos las mías, se hace a expensas de un tiempo en el que están cansadas y nosotros también, con lo cual suele ser un momento de convivencia más difícil y cansina. También me parecen esas últimas horas del día, un poco el momento en que los padres tenemos nuestro espacio -tan importante- para la vida de pareja, para el ocio (tele, internet, lectura) o para simplemente desconectar un rato de todo después de horas y horas de obligaciones.
Así que, ¡a la cama a las 9!



















