En mi fantástica noche de guardia de la verbena, a eso de las 3 de la mañana, vinieron unos papás con una recién nacida de 13 días. Venían porque llevaba 24 horas llorando sin parar. Sólo se calmaba al pecho, y la mamá se la había ido poniendo sin descanso y estaba agotada. Al explorar a la niña, estaba muy nerviosa, se comía sus puños y mis dedos, se calmaba cuando su madre se la acercaba a su pecho. Tenía hambre....El llanto en estas circunstancias es espantoso, y esto lo puede afirmar todo el que haya tenido un recién nacido en casa. Evolutivamente el llanto de tu bebé pequeño es tan intenso y tiene un timbre tan peculiar, que tiene la capacidad de metérsete en la cabeza y no dejarte hacer otra cosa hasta que lo soluciones.
Aunque el peso de la niña estaba dentro de unos márgenes aceptables, pues ya había recuperado el peso de nacimiento, como interesa que lo haga entorno a los 10 días, la situación era un poco delicada.
Les expliqué lo que pasaba. La necesidad de la niña de ponerse todavía más al pecho. La madre, pobre, recién parida, estaba cansada y desquiciada. Aunque no es lo ideal dar suplementos de leche si se quiere dar lactancia materna exclusiva, a veces un suplemento (asumiendo los inconvenientes que puede tener) puede reconducir una situación de mucho estrés que puede llevar directamente a abandonar la lactancia. Les expliqué la situación y las opciones y les dejé a ellos la decisión de suplementar puntualmente o no hacerlo.
Gran tema el de la lactancia materna. Hace correr ríos de tinta. Y curiosamente es una cuestión sobre la que todo el mundo opina, incluso personas que nunca han lactado y que por tanto no tienen ninguna experiencia en este sentido. Muchas mamás pueden sentirse muy presionadas socialmente hacia cualquiera de las dos actitudes: tanto para dar el pecho como para no darlo. Y pienso que decida una u otra forma de alimentación, debe tener el apoyo de su entorno.

Desde el otro lado de la barrera me pregunto con frecuencia por qué la lactancia resulta tan sencilla para algunas mujeres y sin embargo es tan complicado para otras. En teoría todas las mujeres tenemos la capacidad innata para dar de mamar, sea cuál sea nuestra constitución y nuestra forma de ser. LA LECHE MATERNA NUNCA ES MALA.
Lo que sí que tengo claro es que hay diferencias en la producción de leche y en la interacción madre-hijo y eso sí que marca las distancias. No obstante, la mayoría de obstáculos no son insalvables y lo sé por experiencia propia.
Mis dos lactancias, sobre todo la de Laia, no fueron sencillas. En más de una ocasión fui consciente de que les daba el pecho por convencimiento y un poco por orgullo, y en el fondo porque soy pediatra y estoy convencida de que era lo mejor para ellas. Y no pocas veces pensé que si no hubiera tenido la formación que tengo seguramente hubiera tirado la toalla.
Mientras Irene fue aguantando con sus pesos justos y mi tesón, Laia que era más tragona y tenía más genio no paró de berrear de noche y de día hasta que le di algunos suplementos puntuales de leche adaptada con biberón. Luego pude volver a la lactancia materna exclusiva entorno a los dos meses, aunque cada crisis de crecimiento, era un drama. Recuerdo acudir a las clases de postparto en el ambulatorio y llorar cuando veía a otras mamás a las que la leche les chorreaba....mientras mi hija parecía permanentemente insatisfecha.
Antes de nacer Irene me preparé a conciencia, leí todo lo habido y por haber sobre lactancia materna sobre la faz de la tierra. Una vez nacida fui bien disciplinada: bebía más de 2 litros de agua al día, la ponía al pecho con mucha frecuencia, en las tomas que ella saltaba -a expensas de mi sueño- me sacaba la leche con el sacaleches para estimular la producción y empezar a conservar. Sin embargo nunca fui muy productora de leche. Eso sí, el vínculo fue excepcional. Le di el pecho hasta los 8 meses. Una vez empecé a trabajar entorno a los 6 meses ya fue muy complicado: los horarios de la sanidad, con turnos, guardias de 24h, horas incansables sin parar entre las que no encuentras el momento para sacarte la leche, mermaron todavía más mi producción. Además llegó un momento en que la niña pareció perder el interés por el pecho y ganarlo por todo lo que fuera cuchara (los biberones tampoco fueron nunca su fuerte).
Dar el pecho supone un esfuerzo casi siempre y sobre todo al principio no es fácil. Suele ser doloroso y muy cansado. Aunque merece la pena intentarlo. Una vez pasadas las primeras semanas, todo son ventajas. No obstante tampoco me parece bien hacer escarnio como se hace en algunos foros y comunidades de quién opta por el biberón. Las mamás que alimentan con biberón no son peores mamás ni criarán peor a sus hijos. A veces han estado mal orientadas y otras veces han tomado esa decisión libremente. Si el pecho supone una amargura para la madre, pienso que es mejor una mamá feliz dando un biberón, que una mamá pasándolo de mil demonios (y transmitiendo esa angustia) por dar el pecho.
Vaya, que lactancia materna SÍ (siempre, si es posible), fundamentalismos con la teta NO.