Ya sé que muchas veces me voy quejando de gente maleducada, que me hace sentir incómoda y con cara dura. Gente que sabe de todo mucho más que yo. Os he explicado unas cuantas situaciones de reclamaciones aquí o aquí, algunas con una de cal y otra de arena. Sin embargo aquí estamos, sin tirar la toalla a pesar de la sobrecarga de trabajo y de lo difícil que resulta algunos días.
No todo es negro y hay unas cuantas cosas que hacen que merezca la pena ser médico (de niños) en los tiempos que corren, aparte de la satisfacción personal por hacer un trabajo bien hecho y de provecho para la sociedad. Algunas de esas cosas son:
- Esas notas o muestras de agradecimiento que llegan de vez en cuando
- Las sonrisas y las palabras amables con las que se despide mucha gente
- Que las familias se alegren de volver a coincidir contigo en Urgencias pues se sientieron bien atendidos la vez anterior
- Que los niños se entretengan a explicarte sus cosas y que incluso nos den besos y nos acaricien las manos mientras los exploramos
- Y sobre todo la sonrisa de los lactantes cuando te acercas y con cuidado les palpas la tierna barriguita (aunque sean las 4 de la mañana y estés a medio dormir)

3 comentarios:
realmente los padres solemos acordarnos de las caras de la gente que nos tratan bien, antes de tener a mi hijo habia tenido un aborto, dos años despues tuve a mi niño y coincidi con la enfermera que me atendio en el primer ingreso, habia sido tan amable que no se me olvido su cara y cuando la vi se lo recorde.
siempre solemos alzar la voz cuando nos tratan con poca delicadeza y parece que nos cuesta agradecer un poco de cariño cuando estamos mal, este domingo me tire 5horas con la niña en urgencias con la suerte de encontrarme con medicos amables a los que agradezco siempre su trabajo y su paciencia con los niños, ojala hubiera mas medicos como tu, con ese cariño y esa delicadeza con los peques.
Yo también recuerdo a la matrona que me atendió en mi primer parto.Las cosas no fueron bien, fueron realmente mal. Y me ayudó muchísimo. Las cosas se complicaron mucho, era un feto muy temprano y se sabia que no podía salir adelante. Ella me ayudó, me apoyó, me explicó, estuvo a mi lado, no solo a mi sino a mi marido también. Después con mi segundo embarazo tuve que pasar varias veces por urgencias y allí estaba ella. Siempre que la veía se lo recordaba, y se lo agradecía. Cuando nació mi hijo no tuve la suerte de tenerla conmigo. Pero tuve a otra matrona que fue maravillosa, le agradecí mucho su ayuda y después, incluso vino a visitarme a la habitación varias veces. Estos profesionales merecen siempre de nuestra gratitud. Son maravillosas personas y por ello desarrollan su trabajo de este modo tan humano y tan cercano. Gracias Amalia por recordármelas.
Y estoy segura de que, a pesar de todo, estas pequeñas cosas son mucho más frecuentes que las malas pasadas :)
Besos!!
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