miércoles, 9 de abril de 2014

Difunde que algo queda

Como sabéis aparte de mi trabajo asistencial, que ocupa unas cuantas horas de mi actividad laboral, también me encargo de las plataformas digitales de mi hospital. Además, fuera del horario de trabajo, las redes, la web 2.0 y todo lo digital también forman parte de mi día a día, como podéis comprobar en esta página.

El caso es que todo lo digital genera miedo en algunas personas -seguramente por desconocimiento-, mientras que otras son capaces de ver su potencial. A veces es curioso observar como los perfiles se mezclan y los más miedosos, también quieren sacarle "provecho".

El hecho de que las páginas web o las redes sociales tengan muchas visitas o seguidores,  hace recibir muchas ofertas de empresas y particulares que quieren que difunda sus contenidos o sus propuestas. También en el hospital, como la página web está quedando "vistosa" algunos profesionales no quieren dejar pasar la oportunidad de salir en la foto.

Sin embargo lo que no contempla mucha gente es que detrás de unos contenidos de calidad o detrás de una imagen bonita suele haber trabajo. A veces mucho trabajo. La difusión es solamente el broche final. Y sí, desde luego lo que suele dar finalmente más feedback y alegrías y lo que es ansiado por muchas personas. Como si surgiera de la nada. O por una cuestión de suerte. O porque a tí te gusta todo este mundillo.

Pero antes es necesario ser constante, separar el grano de la paja, y en muchos casos ir detrás de las cosas muuuuucho tiempo. A mucha gente suele parecerle muy bonito todo, o al contrario, se muestran muy críticos y todo parece mejorable. Lo complicado en uno y otro caso, es cuando pides implicación y un poco de "picar piedra". Entonces algunos, miran para otra parte. Otra gente, por suerte, se sube al carro. El trabajo y la implicación suelen ser iguales en la vida on-line y en la off-line. Hay quien lo toma y hay quien deja pasar el tren.


lunes, 7 de abril de 2014

Los problemas psicológicos de los hijos de separados

Tanto en la pediatría como en otras áreas de la medicina, cada vez vamos siendo más conscientes de la importancia que tienen los factores psicológicos en el desarrollo de diferentes dolencias. Así, aparte de los problemas psicológicos propiamente dichos, están todas las enfermedades de origen psicosomático. La infancia, especialmente en los niños más mayorcitos, no está exenta de ellas.

De un tiempo a esta parte, cuando voy a alguna sesión o charla en la que se habla por cualquier motivo de los factores psicológicos como origen de dolencias o enfermedades, me doy cuenta de que el paradigma de problema psicológico en los niños parece ser la separación de sus padres, y no es raro que esta circunstancia encabece la lista del origen de muchos problemas. 

Pues estoy harta. Porque creo que no es así. O al menos no siempre es así. 

Pero os confieso que la posibilidad de problemas psicológicos es uno de los pensamientos que más me atormentó hace ya unos cuantos meses. 


Si me remito a mi experiencia os diré que los niños se adaptan a los cambios de una forma espectacular, aunque incluyan cambios de domicilio y de algunas rutinas importantes. Salvaguardar su día a día -escolar y extraescolar- es importante.

Aunque sea difícil educar en algunos momentos porque los padres tampoco estamos para tirar cohetes, la crianza es un proceso contínuo, y al final la velocidad de crucero se impone y si más o menos sabes continuar con las cosas como las hacías antes, primero pasa un día, y luego otro, y sigues sabiendo hacerlo...

Alejar a los niños del conflicto no siempre es fácil. Pero los adultos debemos ser adultos, y los niños seguir siendo niños. Al final, todo es más sencillo de lo que parece, porque nuestros roles -los nuestros y los de los niños- también suelen ir con "piloto automático".

Y por último....si tus hijos son tu prioridad, eso lo notas tú y lo notan ellos. No pocos padres, justamente se implican más en el cuidado y la educación de sus hijos después de la separación. Sin caer en la sobreprotección, que tampoco es positiva, me consta que más de un niño, a efectos prácticos, puede "recuperar" a un progenitor que andaba a la suya mientras vivían todos juntos.

Así que fuera estigmas y paradigmas. Casi todas las situaciones, bien llevadas, pueden originar niños sanos y felices (a nivel físico y psicológico).

viernes, 4 de abril de 2014

En busca del manual de instrucciones

Mi colaboración esta semana en El Club de las Madres Felices. Buen fin de semana!!


Llegas a la primera visita de la pediatra. Tu hijo tiene apenas unos días de vida. Te estás acostumbrando a esta “nueva vida”. No sabías que le ibas a querer tanto. Tampoco sabías que iba a ser tan duro. Que los días parecen ser eternos y las noches muy negras.

Le explicas a la pediatra cómo ha ido el parto, cómo se está alimentando, y sacas tu lista de dudas. La pediatra explora al bebé, saca sus conclusiones a partir de los informes que le has llevado y te contesta algunas de las preguntas que le has hecho.

Pero tú quieres más. Has venido a por el manual de instrucciones, ése que seguro que tiene guardado en uno de los cajones. Alguien lo ha tenido que escribir. Titulado algo así como “Manual para padres novatos” o “Cómo funciona un niño”.  Ese libro donde podremos encontrar todos las respuestas que nos asaltan en los momentos más inesperados, desde el cuidado de las uñas hasta cómo elegir universidad.

La pediatra te decepciona. Te dice que no hay manual de instrucciones. Que además nunca podrás meter a tu hijo en un excel. Ni en una aplicación móvil. Que el movimiento se demuestra andando. Y que empieces a caminar. Que el aprendizaje va a ser mutuo e intensísimo, que los olores y las emociones van a ser únicas, que no se puede hacer un manual de instrucciones porque cada experiencia va a ser genuina, cada bebé va a ser diferente y cada vez que te enfrentes a la crianza lo harás de forma algo distinta.

¿Y ahora qué hacemos?

Quizá tenga razón la pediatra. Empecemos a caminar juntos y lo que surja lo resolveremos entre todos. Dime cómo va lo de los percentiles. Y cuánto crees que toma cada vez que lo pongo al pecho. ¿Será normal dormir de forma tan interrumpida?


Han pasado tres años. Cuánto hemos aprendido juntos. No entiendo por qué nadie ha escrito el dichoso manual. Ahora te ves capaz. O no. Decides ponerte a escribirlo. Va a ser un super ventas. 

Nace tu segundo hijo y los capítulos más importantes no siguen el mismo orden. ¿Qué pasa? ¿Este manual no funciona?

La pediatra nos vuelve a recomendar empezar de nuevo a andar. Pero esto ya lo habíamos hecho, ¿tenemos que empezar de nuevo? Parece que sí. Pero somos un poco más sabios, eso hay que reconocerlo. El excel sigue siendo inservible. ¿Nos aclararemos esta vez con los dichosos percentiles?

Tus hijos se han hecho mayores. Ya tienes listo el manual de instrucciones. Está vivo. Pero no se lo podrás pasar a nadie. Es único e intransferible. No podrás hacerte rico con él. Porque cada niño y cada niña, cada padre y cada madre, necesita un manual de instrucciones diferente. Y eso no hay humano que lo escriba, ni editorial que lo publique.

miércoles, 2 de abril de 2014

No necesitan dientes para comer

La erupción dentaria en el bebé es uno de los fenómenos más esperados, especialmente por abuelos y familia reciente y a la que se atribuyen toda serie de maldades y tropezones, sin que haya evidencia científica de que la dentición produzca diarreas, infecciones, convulsiones ni nada por el estilo. 
Como entorno a los 3 ó 4 meses, el bebé tendrá tendencia como parte de su desarrollo psicomotor a llevarse las manos a la boca y a aumentar la salivación, mucha gente cree que eso son signos indirectos de la aparición de la dentición.

Aunque los dientes pueden aparecer a partir de los 4 ó 5 meses de vida, la erupción dentaria es más frecuente entre los 7 y los 9 meses. Algunos más tardones estarán casi llegando al año cuando empiecen a tener dientes. Eso sí, luego suelen coger carrerilla.

Una vez hemos empezado con la alimentación complementaria, muchos padres tienen miedo a ofrecer trocitos de comida a los niños, por miedo a las arcadas y a los atragantamientos. El argumento principal es que muchos bebés son todavía "desdentados" y existe la creencia generalizada, que al no tener dientes no serán capaces de masticar y deglutir correctamente. 

La realidad es que las encías de los bebés tienen una gran potencia, y aunque los dientes serán necesarios para triturar comida más dura, los bebés pueden aceptar la mayoría de alimentos que en la boca pueden acabar hechos "puré" con el juego masticatorio, la saliva y la fuerza que tienen en las encías. 



La capacidad de morder de forma efectiva la tienen más que demostrada las madres que dan el pecho y que en alguna ocasión han sido "mordidas" de forma imprevista por sus bebés sin dientes. 

Así que no hay que tener miedo. Cuando el bebé es capaz de hacer la pinza fina (alrededor de los 9 meses) y llevarse comida a la boca, suele estar preparado para masticar el alimento. Con dientes o sin ellos. 
 

lunes, 31 de marzo de 2014

Maternidad, tribu y soporte emocional

María tiene más de 40 años. Nunca pensó que se quedaría embarazada después de muchos años luchando contra la infertilidad. Su inseguridad con el bebé se transpira en ocasiones. Pero Javier, su marido, la acompaña siempre a las visitas del niño conmigo. Siempre acaba reforzando positivamente su discurso. Se nota que para él, ella es la mejor madre que su hijo puede tener. Y ella cada día se siente más capaz. En las visitas de los últimos meses, ha cogido confianza. Sabe que puede, y que su niño crece fuerte y feliz.

Carmen es una mamá joven. No debe tener más de 22 ó 23 años. Su pareja, un joven informático solo vino a la consulta el primer día. Tiene mucho trabajo y tiene que aprovechar el buen momento laboral. Porque además han decidido que ella siga en casa un tiempo, para cuidar a la niña. El padre de Carmen la acompaña siempre a la consulta. Es un hombre afectuoso, tranquilo, no interviene pero siempre acompaña. Su hija y ahora también su nieta lo miran con amor. Se sienten seguras y confiadas en su presencia. Carmen, a pesar de su juventud, vive la maternidad con tranquilidad y confianza. 

Celia tiene una enfermedad neurodegenerativa. El embarazo la ha dejado en una silla de ruedas. Llora en la consulta mientras me pregunta si será capaz de cuidar a su bebé con sus limitaciones físicas, también tiene miedo a morir joven y dejar a su hijo huérfano muy pronto. Su marido la arropa, le coge la mano, le seca las lágrimas. Donde no llegue ella, llegará él, estoy segura.


Maribel viene a verme a la consulta de forma muy frecuente. Siempre sola. La niña ha pasado un invierno con muchos sibilantes después de coger una bronquiolitis en el otoño. Le comento que a la bebé le iría bien que dejara de fumar. Está nerviosa. Me cuenta que el padre de la niña los abandonó hace 3 meses, un poco después del puerperio, con excusas vagas. Así que fumar o no fumar ahora es una cuestión secundaria. Tirar adelante criando en solitario y superando los problemas económicos es ahora prioritario. 

Ester es madre de gemelas. Sus hijas han nacido mucho tiempo después de que ella se quedara sin padres. Tampoco tiene hermanos y se ha criado medio sola. Tiene una formación escasa y un trabajo precario. Su jefe le "ha prohibido" coger el permiso de lactancia. Y no sabe negarse. El papá de las niñas no siempre está, trabaja a varios kilómetros con jornadas extenuantes. Se siente sola y tiene muchas dudas. El otro día lloraba explicándome la discusión con su jefe.

El soporte emocional que recibe la madre, tanto de la familia cercana como especialmente de la pareja es determinante para la seguridad y la capacidad de valorar positiva o negativamente la maternidad. Las madres acompañadas son capaces de disfrutar más de sus hijos, de enfrentarse a los problemas que surjan de forma más proactiva y "valiente". 

Las madres que están solas, suelen tener unas vivencias más negativas, con frecuencia vienen más a nuestras consultas, y tienen muchas más dudas sobre cómo actuar con sus hijos. 

Si la ausencia de la pareja (porque ha "huído" o porque en realidad "no está") es compensada con unos abuelos solícitos, afectuosos y que transmitan seguridad, muchas veces la red emocional está a salvo. Las madres que no cuentan con pareja ni con sus propios padres suelen tener muchas más dificultades. Y no pocas veces, en nuestras consultas, la intensidad de las confesiones es conmovedora.

jueves, 27 de marzo de 2014

El buen profesional médico: ¿Nace o se hace?

Ayer me llamó la atención la entrada de nuestro buen amigo Mañez en su blog Salud con cosas, titulada: Buscando al buen profesional desesperadamente. En ella se planteaba, a partir de diferentes encuestas, saber cuáles son las cualidades que las personas prefieren en su médico, muy en la línea de elegir entre un profesional con buenos conocimientos técnicos o un profesional empático y que practicara la escucha activa. En definitiva si puedes elegir si preferirías al Dr. House o al Doctor en Alaska

En el caso de mi especialidad, estoy casi segura que las encuestas serían mucho más contundentes en cuanto a priorizar las cualidades personales frente a las técnicas. Sin embargo, en algún caso puede ser un arma de doble filo. Por otro lado, no creo que sean cualidades excluyentes, hay profesionales que son excelentes técnicamente y exquisitos en el trato con los pacientes. Cabe decir que despiertan la admiración de pacientes y también de otros profesionales (y también las envidias, de todo tiene que haber....)

A priori podríamos decir que las cualidades técnicas, la formación continuada, y la capacidad para estar a la altura de las necesidades del paciente -o de saber delegarlas en caso que fuera preciso- a los médicos se les presuponen. 
Por otro lado, también hay personas que pueden suponer que por el hecho de que la medicina se ha considerado ancestralmente una profesión vocacional, los médicos tienen siempre vocación de servicio y voluntad de escuchar a los pacientes y a sus realidades.

La realidad es que no todos los profesionales están al día de conocimientos y capacidades técnicas y tampoco todos los profesionales tienen vocación de servicio y capacidad empática. El quid de la cuestión quizá es lo difícil que puede resultar para un paciente saber cómo de bien o de mal formado o informado está su médico, mientras que es relativamente sencillo darte cuenta de si has empatizado o no con el profesional que te atiende.

En la formación médica, los aspectos comunicativos se trabajan poco, es cierto y mejorable. Pero también es cierto que mucho de lo que puedes dar en este sentido como persona viene de serie. O de lo que te han enseñado en tu casa. Y ocurre como en todas las profesiones....uno tiene mucho mejor feeling con alguien con quien conecta, aunque luego te esté vendiendo una moto.


Con todo esto, no estoy defendiendo a los profesionales en los que predominan los aspectos técnicos por encima de las capacidades de comunicación y empatía, ¡ni mucho menos! Las formas y las maneras son muy importantes, pero cuidado también con que los árboles no nos dejen ver el bosque. 

Los profesionales sanitarios también son personas que pueden tener un mal día, que pueden tener problemas personales, que pueden estar sujetos a diferentes presiones. "No conectar" en una consulta no siempre va a significar que el profesional no sea empático, los pacientes también pueden no serlo. Aunque sí que es cierto que es necesario que nosotros hagamos todo lo posible por saber comunicar, saber escuchar y saber entender.

También os diré que como sobre gustos no hay nada escrito, a veces del mismo profesional hay pacientes que opinan que escucha, que explica y que es maravilloso, mientras otros echarán pestes. 

Para acabar, decir que analizando los motivos de reclamaciones de los hospitales y centros de salud, la mayoría tienen que ver con el trato más que con la pericia profesional. Así que seguro que hay mucho por mejorar en ese aspecto.



lunes, 24 de marzo de 2014

Porcentaje de cesáreas y cesáreas a demanda

Cuando las mamás y los papás llegan a la consulta con su recién nacido, en la primera visita, los pediatras nos detenemos a investigar todo lo que tiene que ver con el embarazo y el parto, para hacernos una idea de si el bebé es a priori un niño sano o bien tenemos que fijarnos en algo. 

Una de las preguntas habituales es el tipo de parto. Yo que soy curiosa por naturaleza, cuando me explican que el parto fue mediante cesárea siempre pregunto por qué fue una cesárea y no un parto. A pesar de que en el informe de alta de maternidad puede -o no- especificar el motivo de la cesárea, las codificaciones diagnósticas no siempre ofrecen veracidad cien por cien del motivo que originó el tipo de parto. Y por eso me gusta conocer la versión de las familias. 

Los diferentes estudios afirman que la tasa de cesáreas es superior en nuestro medio a la que recomienda la OMS que sería de un 15%. Los principales motivos de cesárea son la alteración durante el desarrollo del parto y la sospecha de pérdida del bienestar fetal (sufrimiento fetal).


Cuando pregunto a las familias sobre la indicación de cesárea, en algunas ocasiones acabo llegando a la conclusión de si la cesárea de la mamá en cuestión no fue de las "innecesarias". Detrás de una "cesárea por no progresión del parto", a veces hay una inducción quizá inapropiada. Más frecuente todavía es el "cesárea por cesárea anterior" cuando las sociedades científicas recomiendan una tasa de partos vaginales superior al 40% en ese grupo de mujeres.... (de hecho es casi anecdótico encontrar una mujer con un parto vaginal después de una cesárea).

Me ha llamado la atención una carta en la revista Gaceta Sanitaria que reflexiona sobre las llamadas "cesáreas sin indicación" aludiendo a que se infravalora el porcentaje de cesáreas que se realizan porque la mujer así lo desea. Las peticiones de cesárea por parte de las mujeres han debido existir desde que existen las cesáreas. Seguramente lo que ha cambiado ha sido la actitud del ginecólogo, que quizá "consienta" más esta decisión de la embarazada. Atención a las cifras porque no es una cuestión baladí: el parto mediante cesárea sin indicación constituye el 11,5% de los partos en los hospitales privados

Se dice que en Estados Unidos, 1 de cada 10 cesáreas se hace a petición de la madre. En nuestro país se estima que es 1 de cada 30, aunque es posible que esta cifra esté infravalorada porque la petición queda oculta entre otras indicaciones de cesárea. 

Se mezclan muchos aspectos. Por un lado el principio de autonomía de los pacientes, que habla de la decisión informada de las personas en aspectos relacionados con su salud. También cabe destacar la variabilidad en la práctica clínica, y para eso no hace falta más que comparar las cifras de cesáreas entre diferentes hospitales (públicos y privados, y diferentes niveles asistenciales). Por otro lado, y no menos importantes son los aspectos legales: la obstetricia es una especialidad muy sensible a los temas judiciales, está entre las más demandadas de la práctica médica. 

En el caso de haber tenido una cesárea previa, muchas mujeres optan por elegir de nuevo la cesárea. Quizá por conocida. Quizá porque creen que ese segundo parto va a ser de riesgo. Quizá porque no quieren firmar el consentimiento informado para intentar un parto vaginal.... La realidad es que muchos ginecólogos tampoco se complican y ya proponen directamente una cesárea por el hecho de tener una cesárea anterior. Seguramente en estos casos, es difícil para la mujer tomar la decisión de proponer un parto vaginal. 

Sería interesante también saber qué motivos pueden llevar a las embarazadas a elegir una cesárea como alternativa al parto vaginal. Seguramente la conveniencia en el momento del parto, el miedo al dolor de las contracciones o la preocupación por el bienestar fetal durante el trabajo de parto contribuyan a la elección. 

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails