lunes, 29 de septiembre de 2014

Los padres ante el retraso madurativo: ¿qué podemos hacer los pediatras?

Hace ya unos cuantos meses entró una familia en la consulta. Era la primera vez y también la última que les he visto. Aunque los padres eran extranjeros, llevaban tiempo establecidos en Barcelona y los dos niños, de corta edad, habían nacido en la ciudad. Me consultaban porque el pequeño, de dos años y poco contínuamente tenía mocos y querían saber si era debido a algún problema inmunitario y había que hacer alguna prueba o dar algún tratamiento. Al mayor, de unos cinco años lo traían para hacer un control, aprovechando la visita a la pediatra. Manifestaban cierta aversión por las visitas médicas, no estaban vacunados y referían "ir un poco por libre".

Siendo como era una primera visita, les pregunté varios datos de su historia y los exploré detenidamente. Mientras yo iba entrevistándome con los padres y más tarde explicando -lo de siempre-, que los niños sanos no necesitan suplementos vitamínicos ni nada que se tercie para mejorar su inmunidad, me mantenía observando cómo se comportaban los niños en la consulta. 
Eso lo hacemos los pediatras habitualmente. El comportamiento y las actitudes de los niños durante unos minutos nos dan cuenta de su carácter y su personalidad y también nos permite diferenciar algunos rasgos que pueden indicar que hay algún problema.
Eso me pasó aquel día. Especialmente el pequeño se comportaba de manera especial, aparte de ser muy movido, tenía ciertos comportamientos estereotipados, apenas hablaba y tenía una mirada un poco abstraída.

Indagando un poco más me confirmaron que el pequeño apenas hablaba, que había caminado de forma autónoma ya cumplidos los dos años ("normal, es un niño muy tranquilo" me decían) y cuando les insinué que quizá habría que analizar en más detalle si el pequeño tenía algún problema, se levantaron desairados, diciendo que no habían venido para eso. 

Más recientemente una niña que llevo viendo desde que tenía pocos meses, también parece tener un retraso en el desarrollo. En la visita del año de vida ya me dio esa sensación, pero a veces el límite entre lo que se supone "normal" y lo que no lo es es sutil. Por un lado no quieres alarmar a los padres antes de tiempo, pero por otro lado sabes que una detección precoz es deseable para mejorar el pronóstico de muchos casos. En ese momento insinué a los padres que estaría pendiente de su evolución y que no tardáramos en vernos. Tardaron 6 meses en volver (no sé si consciente o inconscientemente) y entonces tuve claro que había un retraso. Rápidamente la envié al neuropediatra y se iniciaron las exploraciones complementarias y la atención precoz a pesar de que había cierta negación del problema. La última vez que la he visto, no solo no había adquirido nuevas habilidades sino que había habido cierto retroceso. Los padres eran en ese momento más conscientes de que algo no iba bien, especialmente la madre (el padre seguía insistiendo en que quizá era falta de estimulación por el hecho de ser hija única o de estar mucho tiempo viendo la misma serie de dibujos animados). 

Tengo también otra paciente, que al revés de los casos expuestos, parecía tener algún tipo de retraso cuando la vi por primera vez con dos o tres meses de vida, y sin embargo ha hecho una evolución buenísima, pudiendo ser atribuido todo a la prematuridad. En este caso los padres estaban muy angustiados, se saben el calendario de desarrollo psicomotor al dedillo y auguran mal futuro cuando los ítems no se han cumplido rigurosamente. 

Y en otro caso, una mamá que ya tiene un hijo de tres años afecto de un trastorno del espectro autista quiere saber si el pequeño, de poco más de 12 meses también estará afectado. Aunque no he visto nada anómalo en principio en el pequeño, el relato y las dudas de la madre, me hacen dudar a mí también. Así que he decidido enviarlo a valoración. 


Reconozco que todas estas visitas no son fáciles. En muchos casos los pediatras nos sentimos incómodos ante la incertidumbre y en algunos casos con serias dificultades para comunicar lo que pensamos sin angustiar pero pudiendo poner las cartas sobre la mesa. Habrá padres que no acepten la evidencia por lo menos de entrada (es "tranquilo", es "vago", "está muy mimado"), otros en cambio desde edades muy tiernas quieren saber por qué su hijo es diferente.

Y ante esta situación, ¿qué podemos hacer los pediatras?
1. Evaluar muy bien al niño. La mayoría de niños que vemos en las revisiones no tienen ningún problema destacable. Se observa a "vista de pájaro" y mucho del tiempo en las consultas es en realidad "para los padres" (resolver dudas de alimentación, de sueño, de crianza,....). En estos niños hay que detenerse con detalle...especialmente en ver cómo se comportan con nosotros, con los otros adultos y en general en la consulta.
2. Volver a verle pronto. Si los signos son sutiles, pero me quedo con el run-run, prefiero citarlos a corto plazo para volver a reafirmarme. Si la cosa está clara...al neuropediatra pronto.
3. Explicar a la familia los hallazgos o las sospechas.....aunque solo sean sospechas. Me parece que es mejor compartir las dudas y facilitar que los padres también puedan prestar una atención más selectiva a algunos rasgos.
4. Acompañar en el camino, recordándoles que pueden reacudir cuantas veces quieran para consultar, para aclarar dudas, para volver a hablar aunque sean las mismas cosas... (muchas veces la primera vez se quedan tan chocados que no pueden abarcar toda la información). 
5. Seguir aprendiendo sobre neurodesarrollo y sobre cómo comunicarnos con las familias... Hacer un seguimiento del neurodesarrollo forma parte de los objetivos de las revisiones de salud que hacemos a los niños. La detección del retraso madurativo es fundamental, siendo difícil en ocasiones diferenciar una variante de la normalidad de la existencia realmente de un problema que hay que abordar lo antes posible.

PD: Para aprender padres y pediatras sobre neurodesarrollo, os recomiendo el blog de una buena amiga, la Dra. M. José Mas, Neuronas en crecimiento (al que pertenece la imagen del post)



jueves, 25 de septiembre de 2014

Dieta vegetariana para niños, ¿es posible?

Como sabéis uno de los principales temas de conversación en las consultas pediátricas, especialmente durante los primeros meses de vida del niño está relacionado con la alimentación. Las preguntas son variadas y hacen referencia al qué, al cómo, al cuándo, y también al cuánto, al dónde, al quién. Las madres y los padres preguntan y se informan porque saben la relevancia que tiene una buena alimentación para un correcto crecimiento y desarrollo infantil, y quizá también motivados por la importancia que cada día más se da a una correcta alimentación (no solo en el caso de los niños), para llevar unos hábitos de vida saludables.

Cuando además existe algún dato que hace que las condiciones sean un poco diferentes a las convencionales, las dudas pueden ser más frecuentes. Me pasa por ejemplo con familias que quieren seguir un modelo "baby led weaning" o como el caso que os detallaré.

Justo antes del verano vino a la consulta por primera vez Beatriz con su hijo de 12 meses. Beatriz tuvo a su hijo después de un embarazo que tuvo alguna complicación aunque afortunadamente el niño había salido adelante de forma más que favorable. Ella y su marido hacía muchos años que habían decidido optar por una dieta vegetariana (donde se incluían derivados lácteos y huevos), y querían alimentar a su hijo siguiendo el mismo estilo. Ella es una profesional liberal formada, y se había informado previamente de muchas de las connotaciones a tener en cuenta. No obstante, vino a verme para tener una orientación más dirigida, para estar segura en definitiva de estar "haciendo las cosas bien" y siempre desde el más absoluto respeto hacia su propio hijo y hacia mi punto de vista, así como la decisión de cambiar lo necesario si así era preciso.

El entendimiento creo que fue mutuo desde el principio, y superando mis propios prejuicios le comenté que me lo revisaría a fondo para poderle dar una respuesta y acompañarla si era necesario, avisándola en cualquier caso de que yo no soy para nada una experta en el tema y que las decisiones en última instancia tienen que ser de la familia.

No todas las dietas llamadas vegetarianas son iguales. La característica principal es que incluyen alimentos de origen vegetal. Se diferencian básicamente 4 tipos:
 
- Dieta lacto-ovo-vegetariana: Además de los alimentos de origen vegetal, se consumen huevos y productos lácteos. Se rechaza la carne de res y la carne de ave, y el pescado.
- Dieta lacto-vegetariana: Además de los vegetales se consumen leche y derivados.
- Dieta vegetariana estricta (vegana): Solamente se consumen productos vegetales.
- Dieta semi-vegetarianas: Normalmente se hace dieta vegetariana pero ocasionalmente se consumen carne roja o de ave o pescado.

Las ventajas de las dietas basadas en productos vegetales son:
 
- Disminuyen el riesgo de enfermedades crónicas del adulto (diabetes, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, etc)
- Originan una menor concentración de colesterol en sangre y un menor índice de masa corporal.
- Suelen estar asociadas a hábitos saludables asociados: ejercicio, no tabaquismo ni alcohol, y una ingesta alimentaria moderada.
- Se produce un consumo bajo de grasas saturadas y un alto consumo de frutas y verduras, de forma que son dietas cercanas a las recomendaciones para mantener una buena salud a lo largo de la vida.

Las principales desventajas que se asocian (especialmente en los niños):
 
- La falta de planeación de los menús puede conducir a carencias nutricionales que pueden llevar a retrasos de crecimiento.
- El consumo de fibra es el doble de lo recomendado, de forma que se dificulta la absorción intestinal de algunos micronutrientes.
- El consumo de grasa puede llegar a ser tan bajo que puede comprometerse el aporte total de energía y el de algunos oligoelementos y vitaminas como el calcio, el fósforo y magnesio, la vitamina B12, o el hierro entre otros.
- La ingestión de proteínas se produce en base a proteínas de menor calidad. También ocurre con algunos oligoelementos y vitaminas.
- Los niños vegetarianos menores de 5 años, tienden a tener una relación peso/talla, talla/edad y peso/edad por debajo de la media para la población general (especialmente en las dietas veganas).  
 
Así que algunas recomendaciones que deben hacerse para la alimentación de estos niños son:
 
- Planificar perfectamente los menús, para que durante la semana se consiga que el aporte de todos los nutrientes sea equilibrado y completo.
- El aporte de proteínas debe ser mayor.
- Asegurar la exposición solar 20-40 minutos al día (síntesis de vitamina D).
- Administrar alimentos ricos en calcio.
- Asegurar alimentos fortificados o directamente suplementos de vitamina B12.
- Los frutos secos son muy recomendables. Son ricos en zinc entre otras sustancias.
- Aumentar el consumo de vitamina C, que facilita la absorción del hierro de los alimentos.
- Debería hacerse un control de hemograma 2 veces al año para controlar la aparición de anemia, tanto por déficit de hierro -anemia ferropénica- como por déficit de vitamina B12 -anemia megaloblástica-.
 
Si queréis leer en detalle el artículo del que he sacado toda esta información pinchad aquí. Ese mismo texto también se lo pasé a Beatriz quien supongo que lo debe haber leído con atención.  



lunes, 22 de septiembre de 2014

Criar con sentido común, ¿así de fácil?


La semana pasada hablaba de algunas de las primeras preguntas que los padres hacen en la consulta cuando van con su recién estrenada paternidad. Seguro que más de una persona las ha leído y le ha parecido que todo es más simple de lo que parece y que con guiarse con lo que el instinto o el sentido común les indica, es más que suficiente. 

De hecho, esa es una de las cosas que con más frecuencia les acabo diciendo a los padres y a las madres: que se guíen por su instinto y por el sentido común. No obstante en no pocas ocasiones, todo son dudas. Quizá cuando te metes de lleno en este tinglado que es criar es común que lo que te parecía sencillo se complique y le des vueltas de más a muchas cosas. 

Además los padres están sometidos a mucha información tanto escrita y vertida por la red y otros canales como la que reciben de familiares, amigos, y personas la mayoría de veces bienintencionadas.

A los pediatras muchas veces nos preguntan algunas cosas como si fuésemos jueces y tuviéramos que decidir. A veces no solo entre lo que piensan los padres frente a lo que piensa otra gente, sino que toca hacer de "juez" entre lo que piensa el padre y lo que piensa la madre.

Hace unos días en la consulta, una abuela que venía a acompañar a los padres (una pareja además que mostraba muchas inseguridades) me dice a bocajarro y sin anestesia:

- Yo he leído mucho últimamente sobre la moda de que los niños duerman ahora con sus padres. Esto antiguamente no se hacía así y a mí particularmente no me gusta. Yo querría que me dijese qué opina usted de este tema.

Me escabullí como pude diciendo que en realidad mi "opinión" importaba poco ante la opinión que tuvieran los padres al respecto. Que yo con mis hijas había hecho lo que me había dado la gana y que informados sobre los beneficios y los riesgos, las ventajas y las desventajas, eran ellos los que debían decidir sobre este y muchos otros temas.... Sé que no la convencí, el lenguaje no verbal es muy explícito....

Otro día, unos padres de unos gemelos de un año y pico me hacían preguntas sobre alimentación. La madre me preguntaba si les podía dar galletas de chocolate. Y el padre que cuánto chocolate podían comer los niños, alegando que la madre los hinchaba a galletas de chocolate.  Le contesté a ella que los niños podían comer de todo y por tanto también galletas de chocolate, pero obviamente sin que ese tipo de alimentación fuera predominante. Al padre le contesté que había que valorar la cantidad de chocolate que comían los niños con sentido común....

Y la madre me apremia:

- ¿Y qué sentido común tenemos que tener en cuenta, el mío o el suyo?

A lo que no me quedó otra que poner cara de póquer y desear que siguieran la disputa fuera de la consulta. 

Ay! El sentido común....En cada casa, ¿cuántos debe haber?

martes, 16 de septiembre de 2014

No hay derecho

Durante estos últimos meses me he referido en diversas ocasiones al bloqueo que se ha hecho desde los circuitos oficiales de la vacuna contra la varicela (aquí podéis leer los posts anteriores) del que justamente hace unos días se cumplió un año. 

En el hospital durante unas pocas semanas recientemente hemos tenido acceso a la vacuna y muchos niños han podido ser vacunados, pero de nuevo resulta imposible conseguir la vacuna. 
También los territorios cercanos empiezan a estar desabastecidos o a tener recelo a la libre venta a nuestros conciudadanos. 

La verdad es que sigue siendo complicado dar la cara delante de los padres y explicar algo que para nosotros es incomprensible y desafortunado. Ya hace unos meses se publicaba en prensa el repunte de los casos de varicela. Estaba cantado. Para nosotros también ha habido un repunte en los meses de primavera. Veremos a ver cómo empieza la nueva temporada escolar.

Hace unos días salió publicado un artículo en la revista Pediatrics que evidencia que el temido desplazamiento de la enfermedad a edades adultas no se ha producido en Estados Unidos, que ya lleva un histórico de 15 años vacunando. De hecho las cifras que se obtienen, van en la línea de disminuir la prevalencia en todos los rangos de edad, de forma que también los adultos se benefician de la vacunación infantil (algo previsible, pues es lo que acaba ocurriendo con todas las enfermedades vacunables....).

Lo más lamentable además, es que esta restricción también afecta a niños con factores de riesgo que necesitan la vacuna especialmente. En teoría, estos niños son candidatos sí o sí a vacunación. Acaban sufriendo de alguna manera las trabas que el sistema está promoviendo. Para pedir la vacuna hay que hacer papeles. La restricción y la burocracia enlentecen el acceso. Y algunos necesitarán la vacuna antes de empezar un tratamiento inmunosupresor. Y eso no siempre puede esperar muchos días.

La semana pasada una familia lloraba en la consulta por ese motivo.
Solucioné la situación de una manera que no puedo explicar aquí, con conflicto médico ético incluido. No hay derecho.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Las 10 primeras preguntas que le harás a tu pediatra

Estos días en la consulta estoy recibiendo muchos recién nacidos que vienen a hacer su primera visita a la pediatra. El año pasado en agosto y principios de septiembre pasó lo mismo, no sé si es porque en esta época del año nacen más niños o porque hay menos pediatras disponibles en la ciudad a causa de las vacaciones. 

Las visitas de los recién nacidos siguen un patrón muy similar, especialmente en el caso de los padres primerizos, porque es común la necesidad de poder detallar las inquietudes, dudas y desvelos que el nuevo miembro de la familia les origina. 

Después de valorar todos los antecedentes perinatales, de preguntar cómo han ido esos primeros días y de explorar al bebé, siempre dejo un espacio para preguntas. Lo más habitual es que las preguntas sean muchas y que estén apuntadas en plan "lista de la compra" para no dejarse nada. Os diré que en ocasiones me han hecho preguntas surrealistas, pero hay unas cuantas que se repiten muy a menudo y que he resumido aquí en 10.



1. ¿Le puedo cortar las uñas?

No sé de dónde viene la leyenda urbana de que a los niños recién nacidos no se le pueden cortar las uñas, cuando la realidad es que SÍ se pueden cortar y de hecho es conveniente hacerlo para que no se arañen con los movimientos de las manos todavía algo incoordinados.
Las uñas de los primeros días son irregulares y flexibles, a veces puede ser difícil diferenciarlas de la piel, de forma que hay que prestar atención en no llevarse un dedo por delante.... Utilizar tijeras especiales para ello o en el caso de no atreverse una lima de uñas es lo más adecuado.
Si por causalidad en algún momento hacéis algún pequeño corte no os angustiéis....quien más o quien menos hemos pasado por ello!

2. ¿Puede salir a la calle?

Claro! Dependerá más del estado físico y el ánimo de la madre que del bebé recién nacido. De hecho resulta mucho más saludable un buen paseo a horas no intempestivas que un ambiente muy cargado de "humanidad". 

3. Cuando come no hace el eructo, ¿qué hago?

"Hacer el eructo" después de comer no es obligatorio. Hay niños que no lo hacen o que lo hacen a veces sí y a veces no. Si se queda profundamente dormido después de comer tampoco hay que insistir demasiado. Se le deja en la cunita. Si después necesita eructar, ya se verá....

4. ¿Lo tengo que despertar para comer?

Casi todos los bebés sanos tienen un reloj interno que no falla y que les despierta regularmente para comer. Esa regularidad es bastante irregular y no sigue unos patrones muy definidos por lo menos durante las primeras semanas, pero suele seguir un intervalo que va entre la hora y las cuatro horas. 
En el caso de un bebé sano y vigoroso, comprobarás en breve que no hace falta que vayas contando las horas. En el caso de bebés prematuros, recién nacidos con bajo peso o que tuvieron algún episodio de hipoglucemia al nacimiento sí que es aconsejable al principio comprobar que se van despertando, aunque una vez cogen el ritmo -unos días más tarde- tampoco será necesario. 
Algunos bebés desde muy al inicio de sus días alargan algún intervalo entre toma y toma - con frecuencia entre las últimas horas de la madrugada y las primeras de la mañana- , siendo el resto de tomas muy seguidas.

5. ¿Le puedo dar el chupete?

El chupete tiene su espacio durante los primeros meses del bebé, pues la succión no nutritiva les calma y además se ha comprobado el papel protector frente al terrible síndrome de muerte súbita del lactante.
Las recomendaciones actuales suelen ir en la línea de esperar a ofrecer el chupete a que la lactancia esté establecida, entorno al mes de edad, para no interferir en el mecanismo de succión. No obstante hay algún artículo publicado que no confirma que dicha interferencia se produzca.

6. ¿Lo puedo bañar?

Los bebés se pueden bañar aunque los primeros días todavía tienen restos de la vérnix caseosa -una sustancia grasa con la que nacen que les protege- y que vale la pena no eliminar. Posteriormente es un clásico esperar a que se caiga el muñón del cordón umbilical, aunque en realidad no es que esta zona no se pueda mojar sino que debe estar limpia y seca para evitar la infección. 

7. La piel se le está descamando, ¿es normal?

La piel del recién nacido con frecuencia se descama, se cambia. Así que sí, es normal y no hay que hacer nada en especial. Poco después veremos que también el fino cabello se va cayendo poco a poco, para ir sustituyéndose por otro pelo más fuerte. 

8. ¿A qué temperatura tengo que tener la casa?

Pues a una temperatura que sea confortable para todos.....Si bien el bebé muy pequeño tiende a tener más problemas para retener el calor, tampoco es necesario pasarse. Si entre padre y madre hay mucha divergencia de opiniones entre si hace frío o hace calor, hay que intentar buscar un punto intermedio. 
Para niños más grandecitos siempre les digo que los niños deben llevar puesta una capa más de lo que piensa el padre y una capa menos de lo que piensa la madre....

9. Estornuda, ¿está resfriado/-a?

El estornudo es un reflejo muy frecuente en el recién nacido. También deberemos habituarnos a ciertos ruidos similares a los ronroneos de los gatitos que emiten los bebés cuando están durmiendo. 

10. ¿Cómo son las deposiciones normales? ¿Hace diarrea mi bebé?

Las primeras deposiciones del recién nacido se conocen con el nombre de meconio. Son de color negro y de consistencia pegajosa, parecen de alquitrán. Posteriormente en los niños alimentados con lactancia materna, las deposiciones serán de color amarillento mostaza, de consistencia líquida con grumos, apariencia que a muchos les recuerda a una diarrea.
Otra peculiaridad del recién nacido es que tiene el reflejo gastro-cólico que hará que prácticamente cada vez que come hace caca. Por suerte es un reflejo que se va perdiendo con la edad, aunque seguro que conocéis a más de un adulto que parece que todavía lo conserva....


viernes, 12 de septiembre de 2014

La vuelta al cole ya está aquí

Mi colaboración esta semana en el Club de las Madres Felices mientras yo estaba en....


-->  Septiembre es por definición el mes de la vuelta al cole. Somos muchas las familias que ya estamos preparándonos para este nuevo curso escolar. Será especial sobre todo para aquellos pequeños que se escolarizan por primera vez.
 
A estas alturas hay muchos padres que ya están deseando que sus hijos vuelvan al colegio. Los días compartidos a veces pueden no ser fáciles, quizá porque parece que nos hemos “desacostumbrado” a estar con nuestros hijos 24 horas al día o quizá porque en el ritmo más desenfadado del verano los niños están un poco más “asilvestrados” (que tampoco va mal…).
Particularmente os confieso que a mí me encanta el verano y poder estar con mis hijas más tiempo que el resto del año, y sobre todo, poder ir a un ritmo más tranquilo sin la esclavitud tan constante del reloj. Así que aunque el inicio del cole hace ilusión por renovar nuevas energías y por todo lo que aprenderemos, por otro lado me genera cierta nostalgia del tiempo estival compartido.
Ahora que pronto habrá que volver a la rutina, intentaremos que unos días antes los horarios, sobre todo de ir a dormir, se vayan pareciendo a los que marca el horario escolar para que los primeros días no vayan más cansadas de lo habitual. Es importante descansar bien para tener la mente bien despierta!
Tendremos también que pensar en el material escolar, intentando no dejarnos llevar por la vorágine consumista, y comprando solamente lo necesario. Eso incluye renovar la mochila en esta ocasión, eligiendo unos modelos acolchados en la espalda y en las asas y en el caso de la pequeña, optando por las ruedas para evitar que cargue demasiado la espalda. Recordad que el peso de las mochilas no debe ser superior al 10-15% de su peso.
Otro asunto por acabar de concretar son las extraescolares. Desde hace un par de años abogo por que sean “minimalistas”. Es decir que ocupen el mínimo tiempo posible conjugando sus intereses personales y los nuestros para poder dejar espacio al tiempo libre. Para no ir todos tan ahogados.
Los más pequeños que empezarán en las escuelas infantiles son los que van a necesitar un periodo más largo de adaptación en esta época. Las madres en la consulta tiemblan pensando en lo duros que pueden ser estos primeros días. Adaptarse al ritmo de cada niño, comprender que los cambios necesitan su tiempo es fundamental. Pueden venir días de mal humor y cambios de carácter, algún pequeño retroceso, pero la mayoría de las circunstancias que ahora os preocuparán volverán a su cauce en poco tiempo. Seguramente las educadoras os ayudarán en este proceso.
En realidad es bueno afrontar el inicio de curso de forma positiva y alegre para que los niños se contagien de nuestro espíritu. También del valor de la cultura del esfuerzo y del aprendizaje continuos. Y la emoción de volverse a ver con los amigos y compañeros del cole, a muchos de los cuales no hemos visto el pelo durante todas las vacaciones y que seguramente habrán hecho un buen estirón. Os confieso que a mí también me hace ilusión volver de nuevo a la puerta del cole, a las conversaciones escolares y a las redes de madres que tanto tejen el tejido social y que nos ayudan a hacer más llevadero el invierno y los pequeños contratiempos que puedan ir llegando.
Feliz vuelta al cole!!
PD: Por cierto, el próximo martes 16 a las 20h estaré debatiendo sobre este y otros temas en Consultorio Suavinex en twitter. Estáis invitados a participar!!!


jueves, 4 de septiembre de 2014

Utilización del e-mail en la consulta

Parece que fue ayer pero ya hace casi un año y medio que me decidí a abrir la consulta. La experiencia durante todo este tiempo ha sido fantástica y tengo el corazón dividido entre la actividad en Urgencias, que ha sido casi siempre mi actividad asistencial principal y la atención primaria en la consulta, que me ha permitido conocer a muchas familias y ver a muchos niños crecer. Me ha reportado muchas satisfacciones.
 
Desde el mismo momento en el que me decidí a iniciar este proyecto, pensé en poder integrar algunas de las herramientas que utilizo en mi actividad profesional como las redes sociales u otros contenidos digitales, así como el correo electrónico (e-mail).
 
En su día creé un par de cuentas de correo electrónico específicas para utilizar con este fin. Una cuenta perteneciente al correo corporativo y otra en gmail para dar opción a utilizar otras herramientas que están disponibles en google.
 
Preguntando a algunos conocidos y amigos sobre qué les parecía la idea de tener un correo para la consulta y escuchando la experiencia de otros compañeros que ya lo utilizaban, me pareció que tendría un espacio y que, sin sustituir las consultas presenciales, las podía complementar resolviendo pequeñas dudas o acompañando a los padres frente a los pequeños problemas que pudieran surgir. Me constaba que era una demanda común como reflejaba este artículo.
 
Mi sorpresa durante los primeros meses fue que nadie me pidió el e-mail que tan bien preparadito tenía, y fui yo quien de forma proactiva lo ofrecía a algunos padres, tanto para que pudiesen ponerse en contacto conmigo en caso necesario como para dirigirme yo a ellos con información referente a temas de salud infantil o actividades que vamos programando en el hospital para las familias.
 
Más tarde sí que algunas familias me lo han pedido, aunque creo que lo primero que suelen pedir es el teléfono. La verdad es que el móvil nunca se lo doy a mis pacientes, salvo a aquellos que son amigos (y entonces ya lo tenían) a la par que pacientes. Cuando decidimos incorporar esta forma de comunicación, no les doy directamente el e-mail sino que les pido yo el suyo, y a continuación les envío un primer correo de contacto y con las "reglas del juego" (que tampoco son tantas...). Aprovecho para poder aclarar algún tema que hayamos comentado en la consulta y también para pasar una pequeña encuesta en la que me "autoevalúo".
 
El e-mail me parece una excelente forma de comunicación. Comparando con el teléfono, me permite gestionar la atención sin interrumpir mi actividad (profesional o personal) y estando como estoy bastante conectada, suelo no demorarme demasiado en contestar, sobre todo si intuyo que la cuestión que se pregunta genera cierta angustia en los padres.
 
Dar el teléfono todavía me da miedo. Y eso que me parece que el whatsapp o plataformas similares nos brindan unas opciones espectaculares a los médicos y a los pacientes. Una vez unos padres a los que prácticamente no conocía (los había visto una vez) se enfadaron porque "me habían necesitado la noche de fin de año", y no habían podido contactar conmigo telefónicamente. Les ofrecí el e-mail entonces para otra ocasión y lo rechazaron un poco desairados. Aunque estoy siempre muy conectada, no quiero estar disponible siempre. Supongo que es comprensible.
 
El e-mail me funciona. A mí que me gusta saber cómo están "mis niños", me permite seguir la evolución de determinadas enfermedades o problemas y supongo que a los padres les genera tranquilidad saber que aunque sea en la distancia, les estoy acompañando.
 
En todo este tiempo no he seguido ningún plan preestablecido, ni siquiera me había leído estas recomendaciones con calma. Me he guiado por el sentido común y creo que la experiencia es positiva. No sé qué opinarán desde el otro lado.
 
 
 

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