viernes, 24 de julio de 2015

Lecturas de verano 2015

Como hice el año pasado antes de echar el cierre al blog por unos días os voy a dejar con algunas recomendaciones de lectura, por si no sabéis qué leer en estos días o simplemente para compartir con vosotros mis sensaciones con estos libros, casi siempre relacionados de alguna manera con la educación o la salud de los niños.

No os vayáis muy lejos que vuelvo en pocas semanas!! Que tengáis unas felices vacaciones en compañía de vuestros peques!!


Cinta aislante para padres. De Vicki Hoefle

Este es un libro bajo mi punto de vista disruptivo y provocador, respecto a la mayoría de textos sobre educación. Se basa en el concepto de que los padres acabamos pareciendo un disco rallado muchos días con los niños, que al final y en muchos casos "acaban haciendo lo que les da la gana". Marca como objetivo dejar que los niños vayan aprendiendo a hacer las cosas. Nuestro trabajo es por un lado enseñarles a hacerlas y por otro servir de modelo a imitar. 

La idea es que como dice textualmente que nadie se sienta "como un felpudo o como un dictador" (seguro que a más de uno le suena estos sentimientos...) y que se acabe funcionando a partir de las consecuencias lógicas de hacer o no hacer algo. 

Deciros que yo utilicé durante algún tiempo "la cinta aislante" para no intervenir en las peleas de mis hijas y os confieso que es una táctica que no va mal, por lo menos para las peleas o los celos. Mucho más complicado a utilizar en algunos momentos críticos....todo hay que decirlo.

Como todos los "manuales" que nos llegan del otro lado del charco, las diferencias culturales son patentes y en algunos de los capítulos puede ser difícil visualizar la situación que explican.

Open. Memorias de André Agassi

Este libro llamó mi atención hace varios meses en una librería, me leí los primeros fragmentos y decidí comprarlo. Luego tardé unas semanas en empezar a leerlo, para devorarlo en pocos días. 
No soy muy aficionada al tenis, pero tenía curiosidad por leer la vida de un niño "prodigio".

El libro empieza con el final de su carrera deportiva, con un dolorido Agassi jugando su último Open de Estados Unidos y con estas palabras que son reveladoras de todo el relato que viene después:
 
"Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo destesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado".

Luego la historia empieza desde el principio, desde una tierna infancia determinada por la voluntad de su padre por hacerle un tenista de élite. 
 
"Tengo siete años y estoy hablando solo, porque estoy asustado y porque soy la única persona que me escucha (...). Por el momento, mi odio al tenis se focaliza en el dragón, una máquina lanzapelotas modificada por mi padre, que escupe fuego por la boca (...) Mi padre ha construido ese dragón expresamente para que su aspecto resulte temible (...). 
Mi padre dice que si devuelvo 2500 pelotas al día, devolveré 17500 pelotas a la semana, y al acabar el año habré devuelto casi un millón. Mi padre cree en las matemáticas. Los números, dice, no engañan. Un niño que devuelva un millón de pelotas al año será invencible"

Se convierte en un adolescente rebelde y posteriormente en un adulto atormentado, hasta que muy al final de su vida deportiva parece encontrar su espacio y su equipo -deportivo y familiar- de confianza, e incluso encontrarle un sentido a lo que hace y aprovecharlo para crear su propia familia y una fundación que contribuye a la educación de niños socialmente desfavorecidos.
Aunque para mi gusto hay demasiado detalle de los diferentes torneos que juega -y quizá esto alarga el libro innecesariamente- me parece muy ilustrativo para quién piensa en sus hijos como futura promesa de cualquier disciplina. Mi compañero Ferran Cachadiña, también ha hecho un análisis de este texto que os puede resultar de interés

Se me hace bola. De Julio Basulto

Este libro va a pasar a encabezar una de las recomendaciones que hago a los padres recientes en la consulta cuando me preguntan sobre alimentación. Está escrito por Julio Basulto, dietista nutricionista, autor de otros libros.

Aunque sé que me voy a dejar muchas cosas os dejo alguna ideas interesantes:
- No importa tanto lo que les damos de comer a nuestros hijos como lo que no les damos. Traducción: estaría bien cambiar el mensaje de "es importante comer fruta y verdura" por lo de "es importante no comer productos de mala calidad".
- Lo infumable que es la publicidad en televisión y lo influenciados que pueden estar nuestros hijos con ella, ya que están "bombardeados". Mensajes que esquivan lo que no se puede decir, pero que tergiversan la información sobre lo que es saludable y lo que no.
- Los padres tenemos que ser un modelo para nuestros hijos también en la alimentación. Acabarán comiendo lo que comemos nosotros (para bien o para mal...).
- Para evitar los "malos alimentos" lo mejor es directamente no tenerlos en casa. Para no generar deseo por algo, tampoco hay que prohibirlo, es decir, utilizar una estrategia de "no ofrecer, no negar". 
- El momento de alimentarse debe ser un momento de aprendizaje y amor, y no un sufrimiento para ninguna de las partes. Obligar a comer genera "aversiones, resistencias y sobreingesta de alimentos insaludables". 
- Respetar la sensación de hambre que expresa el niño: la variación en el apetito es muy grande (también nos ocurre a los adultos).

Tengo muchas más cosas subrayadas, pero vais a tener que descubrirlas vosotros. Comparándolo con "Mi niño no me come" de Carlos González (al que nombra en varias ocasiones), me parece mucho menos demagógico y menos culpabilizador para los padres y me atrevería a decir que mejor documentado. 

PD: Recordad que "Diario de una mamá pediatra" (en versión libro) también sigue disponible, y es un excelente compañero de viaje para el verano ;-)


miércoles, 22 de julio de 2015

Échale la culpa al pediatra

María y Raúl son padres de unas niñas gemelas que acaban de cumplir un mes. Nacieron un poco antes de tiempo, con 32 semanas de gestación, y aunque la evolución perinatal fue buena, todavía están con un peso bajito, entorno a los 2500 gramos y la sensación de bebés "vulnerables" es intensa. Además acaban de llegar hace muy poco del hospital y todavía están adaptándose a la nueva situación: a ser cuatro en casa y a tener que organizarse con las pequeñas. 
Tienen una gran presión familiar. Ambos tienen varios hermanos y sobrinos y todo el mundo quiere ir a visitarlos para conocer a las niñas, y no saben cómo ser diplomáticos para decir que no...

Sandra y Manel tienen un recién nacido de 20 días. El parto no fue fácil y la instauración de la lactancia ha costado un poco. Los he visto ya para dar un poco de soporte 2 ó 3 días en la consulta. Ambos podrían ser considerados padres "añosos" y son a su vez hijos únicos, por lo cual su bebé es el primer bebé que ha habido en las dos familias en muchos años. Están siendo "bombardeados" por consejos de familia y amigos, que aunque sean bienintencionados hacen mella en su seguridad como padres recientes. 

Laura tiene un bebé de 10 meses que se llama Joan. No lo visito desde el nacimiento, pero sí desde hace unos meses. Siempre ha venido ella a la consulta sola, al padre no le conozco. Hace unos días acabando la visita, me comentó que quería hablar de un tema "personal". Todo su entorno quiere que el niño vaya a la guardería para que "se espabile" y ella prefiere que no. Ha renunciado a reincorporarse al mundo laboral para estar con el niño y quiere cuidarlo ella. Pero no sabe cómo "enfrentarse" a su familia. 



Todas estas situaciones generan mucha incomodidad en estas personas: sentimientos encontrados, culpa, inseguridad, dificultad para poder expresar lo que realmente piensan o sienten, la presencia o la simple posibilidad de aparición de conflictos en el seno de la familia en momentos en los que las emociones están a flor de piel. 

Intentando facilitarles la resolución del conflicto, les incito a que utilicen una mentira piadosa: decir que hacen una u otra cosa -a su criterio- por indicación del pediatra. En muchos entornos cuando alguien dice que ha actuado así o asá por indicación del pediatra, se acaba la presión y los comentarios desafortunados... No siempre funciona, pero a algunos padres les da un poco de "aire" para poder continuar!




miércoles, 15 de julio de 2015

¿Protección o peligro?

Hace un par de días nuestra amiga Mer, nos preguntaba en Facebook a Jesús Martínez y a mí qué opinábamos de este artículo en el que se habla del peligro de llevar excesivamente tapado a un bebé bajo un pañuelo o muselina en el cochecito, especialmente en verano. 

En él explica cómo según una investigación hecha en un hospital sueco (que por cierto lleva el nombre de la autora de Pippi Länstrung) se ha evaluado la temperatura a la que puede estar sometido el bebé debajo de la mantita cuando hace calor, al no poder correr el aire de forma adecuada, como una versión "light" de lo que pasa por ejemplo dentro de un coche cerrado. 



He intentado buscar la investigación original del artículo y no la he encontrado en los buscadores habituales, aunque lógica no le falta.

Los pañuelos o muselinas son un artículo que ha acompañado a la vida del lactante desde antaño. Los usos que se le pueden dar son muy variados -yo me maravillo algunas veces de lo apañadas que son algunas señoras con ellos- y sacan de más de un apuro a las madres recientes.



Quizá estos pañuelos se han popularizado más en los últimos años. No estaban tan "de moda" cuando yo tenía a mis hijas bebés, o eran de otro estilo, más el típico "arrullo". Aunque es cierto que mi abuela nos cosió a mi hermana y a mí justo antes de ser madres, un montón de "gasas" de diferentes tamaños que utilizábamos para limpiarlas, como babero, para taparlas, etc... Siempre teníamos una o varias a mano!

Para que a las niñas no les diera el sol en el cochecito yo utilizaba unas horrorosa sombrilla que se rompía con solo mirarla. Como ventaja, con la sombrilla podías proteger del sol y dejar que diera el aire. Las sombrillas tenían muchos inconvenientes ya que aparte de romperse con facilidad y la poca maña que por lo menos yo tenía en ponerla en su sitio y en llevarla encima cuando me hacía falta, era difícil acertar en la posición. Utilizar gorras e intentar ir por la sombra acababa resultando más eficaz muchas veces. 

En invierno, optábamos por los insufribles plásticos para la lluvia para protegerles en la época más cruda del frío invierno. Alguien me dijo una vez -y quizá con razón- que en las temperaturas de nuestras latitudes, las madres éramos unas exageradas por no dejar que a nuestros bebés les diera ni el calor ni el frío, cuando sus cuerpos estaban perfectamente preparados para "sufrir" las temperaturas ambientales. La muestra está en que niños en tierras de climas más extremos "sobreviven".

Volviendo al artículo y aunque creo que es un poco alarmista, la verdad es que yo a veces por la calle no puedo evitar pensar que hay bebés que están excesivamente tapados, y que no dejar que corra el aire no debe ser muy saludable. Por otro lado, la exposición al aire libre, a que también puedan estar expuestos a los sonidos, a los colores, y a poder ver el propio rostro materno aunque sea en duermevela, siempre parece una buena opción.


lunes, 13 de julio de 2015

Síndrome del niño sacudido o zarandeado (shaken baby syndrome)

El pasado viernes falleció en el Hospital Vall d'Hebron el pequeño recién nacido que había ingresado pocos días antes por las graves lesiones causadas por sus propios padres. El maltrato infantil es una lacra, y resulta terrible escuchar estas noticias, por lo menos para los que estamos sensibilizados con los problemas de la infancia.

Algunas características de las lesiones que presentan los niños nos pueden hacer sospechar a los pediatras que existe un maltrato. También existen algunos indicadores en la historia clínica que nos orientan a pensar que un bebé o un niño ha sufrido algún daño intencionado. 

La realidad de los padres maltratadores puede ser variopinta: desde personas que no tienen ningún tipo de sentimiento de empatía por sus semejantes, incluyendo a sus propios hijos, hasta personas desbordadadas, que no pueden contener algunas de sus emociones y canalizan de esta manera sus propias frustraciones. 

Los niños que tienen algún tipo de enfermedad o también aquellos que lloran más, tienen más "probabilidades" de ser maltratados, ya que están implicados en situaciones que requieren una mejor gestión emocional por parte del adulto responsable. Un llanto mantenido, puede ser la gota que colme el vaso de la paciencia de algunas personas.

Estos días he respondido a un periodista (también padre reciente) de un medio unas preguntas para una entrevista sobre el llanto de los bebés. La mayoría de preguntas reflejan la angustia y la impotencia que sienten los padres ante un bebé que llora, especialmente si lo hace durante un tiempo mantenido y con dificultades para calmarlo.

Uno de los síndromes característicos del niño maltratado es el conocido como síndrome del niño zarandeado o sacudido (shaken baby syndrome). Consiste en una serie de lesiones cerebrales que pueden llegar a ser muy severas y que se producen por sacudidas repentinas al niño, que no tiene fuerza suficiente en el cuello para contener el movimiento. La cabeza se bambolea y con ello se producen roturas en los vasos sanguíneos que forman parte de la estructura cerebral. Esos sangrados pueden producir lesiones neurológicas de diversa consideración, algunas graves. 



El síndrome del niño zarandeado se da en 2 circunstancias: ante un llanto "de esos que desquician" y ante una situación de "reanimación" (como por ejemplo con un atragantamiento o un espasmo del llanto). La posibilidad de un "llanto desquiciante" la conocemos todos los que hemos tenido un bebé en casa: es bueno plantear diferentes estrategias ante el llanto del bebé y ante la posibilidad de perder los papeles, es mejor ceder el testigo a otra persona. Ante la eventualidad de tener que hacer una reanimación, mejor estar formados en las maniobras adecuadas, que evitarán que hagamos cosas "que no tocan".


miércoles, 8 de julio de 2015

Los pediatras también somos médicos de (la) familia


La Pediatría a pesar de que mucha gente no entienda que sea necesaria, es una especialidad médica dedicada al estudio del niño en su totalidad -y no solo en situación de enfermedad, ni en contexto hospitalario-. A diferencia de otras especialidades, el seguimiento que se hace de un niño tiene unas características determinadas por el crecimiento, el desarrollo y la maduración. Obviamente sin descuidar la importancia del contexto familiar, escolar o social.

El hecho de que la mayoría de los niños crezcan sanos y felices -la cual cosa es cierta- hace que muchas personas y especialmente algunos profesionales sanitarios banalicen nuestro trabajo. Es verdad que en muchos casos, "simplemente" acompañamos a las familias -hecho que creo que es muy importante, y al que me referiré de nuevo más adelante-, pero no hay que olvidar que no siempre es tan fácil diferenciar lo que es normal, de lo que no.

Por las redes corren de vez en cuando algunos mensajes como los siguientes:

"Las revisiones del niño sano tendrían que estar prohibidas por la UNICEF"

"El riesgo para la salud de los niños es que pediatras de formación hospitalaria se hagan pasar por pediatras de primaria"

A veces, la cuestión de fondo viene definida por quién se queda la parte del "pastel". Y me explico. Si un niño tiene un problema cardiaco, ¿quién es el más indicado para controlarlo? ¿Un pediatra que haya adquirido competencias en cardiología o un cardiólogo que tenga conocimientos de pediatría? Yo tengo clara la respuesta, aunque es cierto que en la mayoría de las ocasiones es cuestión de saber "quién sabe hacer bien algo" (el famoso "know how" cuando se habla en términos de "management"). Y la competencia se adquiere a base de formación: la formación inicial es importantísima -no la menospreciemos nunca- pero también ocupa un espacio muy destacado, todo lo que vas aprendiendo en tiempos posteriores.

En el caso del niño "sano", muchas de las revisiones "supuestamente innecesarias" coinciden con calendario vacunal que estaremos de acuerdo que sí es necesario. Así que solo por el hecho de vacunar, muchos de los controles pediátricos están más que justificados. 

Como apuntaba anteriormente, el acompañamiento a las familias de forma especial en los primeros meses del bebé, tras un acontecimiento vital de la magnitud del nacimiento de un hijo, no es una cuestión trivial. En una sociedad individualista, con poco soporte social y en ocasiones familiar a la maternidad, los pediatras creo que hacemos un trabajo necesario y muy demandado por las madres y los padres. 

¿Que podrían suplirnos o "absorber nuestro trabajo" los médicos de familia? En líneas generales yo creo que no. Y eso no significa que los médicos de familia no puedan hacer bien "de pediatra" si se forman y tienen ganas. Deciros que también los pediatras hacemos de "médicos de familia" en muchas ocasiones. Pensad que muchas madres, sobretodo si están criando a varios pequeños de corta edad, al único médico al que van a ver durante unos cuantos años es al pediatra. A más de una madre le damos tratamiento para alguna enfermedad infecciosa, le escuchamos largo y tendido sus necesidades emocionales y sus problemas en el ámbito médico y social, le recomendamos que se estudie una posible anemia o un adelgazamiento excesivo o le damos antibióticos para una mastitis o un fármaco alternativo al que le habían recetado por cualquier motivo y que sea compatible con su lactancia. 

Confieso que hubiera preferido no tener que escribir este post que surge de la quemazón tras leer día sí y día también algunos comentarios, a veces de personas a las que aprecio y respeto, pero que muestran poco conocimiento de lo que es nuestra formación, nuestras competencias y nuestro quehacer diario, en definitiva poca consideración por el trabajo del otro. 


lunes, 6 de julio de 2015

Guía para elegir un fotoprotector en la infancia

Voy un poco tarde para esta entrada, el verano está en su apogeo con esta brutal ola de calor que nos abrasa. Seguro que muchos de vosotros y vuestra tropa, ya estáis pasando los días al remojo. Y al sol.

En la consulta, ya hace varias semanas que los papás y las mamás me preguntan qué tipo de fotoprotector es el más adecuado para sus hijos. Intentaré daros 4 pequeñas indicaciones sencillas para que podáis elegir. Yo suelo escoger siempre una o dos marcas de referencia y cuando voy a comprar fotoprotector para mis hijas (y para mí misma, ya que utilizo el de ellas), voy a "tiro fijo", ya que hay tantas marcas en el mercado y tantos subtipos, que puede ser difícil escoger.
 

1. Tipo de filtro

Existen dos tipos de filtro, los inorgánicos o físicos (minerales) y los orgánicos o químicos. Un tercer tipo combina ambos tipos de sustancias.

Los filtros inorgánicos (minerales) actúan como barrera física, es decir, que "rebotan" la radiación solar. Las sustancias que se utilizan suelen ser el dióxido de titanio y el óxido de zinc, sustancias muy seguras.
Consideraciones: No dan fotoprotección por encima de factor 25, y suelen ser más "pringosos" y antiestéticos.

Los filtros químicos absorben los fotones de la luz solar. Existe controversia con algunas de las sustancias como el octocrileno, que están presentes en muchos de estos productos, sin embargo no se ha podido demostrar toxicidad.
Consideraciones: Pueden dar más reacciones de sensibilidad en la piel y no siempre hay formulaciones pediátricas.

Los filtros mixtos, que combinan filtros físicos y químicos son muy utilizados en las formulaciones pediátricas. Se utilizan nanopartículas de filtros físicos para que estéticamente sean más "agradables". Combinando ambos tipos, es posible conseguir factores de protección mayores.

Cómo elegir según la edad:
- Los menores de 6 meses no deben exponerse al sol. Su piel es extremadamente fina y sensible y no está indicada la aplicación de fotoprotector.
- Entre 6 meses y 2 años, la piel sigue siendo más delicada que la de un niño más mayor o la de un adulto. Para este grupo de edad, deben elegirse los filtros físicos.
- A partir de los 2 años pueden elegirse los filtros químicos o los filtros mixtos. Para algunos niños con problemas cutáneos, puede ser mejor seguir con los filtros físicos.

2. Factor de protección solar (FPS)

El factor de protección indica la potencia para defenderse de las radiaciones solares del fotoprotector. El factor de protección indica el grado de "defensa" contra los rayos ultravioleta B (UVB). 
En los niños debemos elegir factores de protección altos o muy altos (superiores a 30).
Los fotoprotectores que combinan filtros orgánicos e inorgánicos pueden proporcionar un factor de protección 50, no así los que solo tienen filtros inorgánicos (minerales). 



3. Radiaciones UVA

Los rayos ultravioleta son de 3 tipos. Los UV tipo A (UVA), los tipo B (UVB) y los tipo C (UVC). De los C no tenemos que preocuparnos mientras tengamos capa de ozono. Aunque los que se consideraban "malos" eran los B, y por ello durante un tiempo se reprodujeron como setas los centros de bronceado promulgando que los UVA no eran peligrosos. Ahora se sabe que sí, que los UVA pueden causar también lesiones en la piel.
El factor de protección indica protección UVB, así que en el envase debe indicar que también protege contra los UVA (muchas veces aparece UVA rodeado con un círculo).



4. Características acordes a las actividades de los niños

Los niños no paran quietos y les encanta el agua, así que los protectores deben ser resistentes al agua (de la playa o de la piscina, del sudor). También en el caso de niños con pieles delicadas o atópicas, debe tenerse en cuenta esta condición y elegir un producto adecuado a sus necesidades. 

Resumiendo....
- Filtro pediátrico
- Filtro físico en los más pequeños, químico o mixto a partir de los 2 años.
- Factor de protección alto o muy alto (por encima de 30 siempre)
- Que protejan frente a los UVA (esta palabra en un circulito)
- Resistentes al agua
- Para pieles atópicas o delicadas en caso necesario

Y no olvidéis...

- Aplicarlo 20-30 minutos antes de la exposición solar y luego cada 2 horas (o más si están muy remojados....). Aplicar de ¡¡forma generosa!! y por todas las partes expuestas. 

- Acordaos de todas las otras medidas de protección solar: evitar la exposición en horas "punta", la ropa, las gorras o sombreros y las gafas de sol.

- Estamos educando....así que como en tantas otras cosas, que nuestros hijos nos vean proteger nuestra propia piel al tiempo que los "machacamos" con el protector cada poco tiempo (lo sé, puede ser una guerra....), es la mejor manera de asegurarnos su propia conciencia y autocuidado futuros. 

Si queréis saber más, no dejéis de leer este post de nuestra dermatóloga de cabecera, la Dra. Rosa Taberner en Dermapixel o un post antiguo de estas mismas páginas, que va en la misma línea.

jueves, 2 de julio de 2015

"Vacunar es proteger" (Vacunar és protegir)

Ayer desde el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona se lanzó una campaña con el fin de sensibilizar sobre la importancia de vacunar de forma responsable. Los acontecimientos de los últimos días relacionados con las vacunas han hecho que se propusiera esta campaña, que se ha realizado en un tiempo récord. Me pidieron la colaboración y no me lo pensé, aunque me dé un poco de vergüenza ponerme delante de las cámaras...
Os dejo la versión con subtítulos en castellano (para que no haya excusas para verlo allá donde estéis!). Espero que os guste!!

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