Estos días se celebra la Semana Mundial del Parto Respetado, en esta ocasión con el lema: "Silencio. Mujer pariendo, bebé naciendo". Otros blogs amigos como Pediatría Basada en Pruebas o Diari d'una mare ginecòloga han hablado estos días sobre el parto respetado. Algunas asociaciones como el Parto es Nuestro o Dona Llum abanderan de forma perenne la necesidad de que el momento del parto sea un momento de protagonismo indiscutible de la mujer y de su entorno, en una situación tan especial y significativa para las personas como es el nacimiento de un hijo.
En resumen, un parto respetado significa entender que los verdaderos protagonistas de la historia son los padres y los bebés, que no es necesario intervenir en muchos partos que se producen de forma natural y fisiológica, y que es fundamental respetar el momento de intimidad que supone traer un hijo al mundo.
Como en tantos otros aspectos de la vida, los valores, la forma de ser y las expectativas, influyen de forma decisiva en la manera de querer y poder parir a un hijo.
Incluso en los casos en los que es necesario intervenir médicamente para evitar complicaciones (porque un parto respetado no es sinónimo de no intervenido), este respeto debe estar siempre presente sin entrar en guerras estériles entre profesionales y familias, que en la mayoría de casos no llevan a buen puerto.
Como documentación interesante para los profesionales está la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal y para las familias el Plan de Parto y Nacimiento, que permite expresar las preferencias en la atención previamente al momento del parto -entendiendo que en ese momento muchas veces es difícil tomar decisiones o incluso expresarlas-.
Los grandes avances de la medicina perinatal han conseguido que disminuya extraordinariamente la mortalidad neonatal y la materna en relación con el embarazo y el parto, así como la atención postnatal. No obstante, esta medicalización originó que se perdieran algunos valores por el camino, que poco a poco se están recuperando con el empuje de las propias mujeres y también de muchos profesionales y organizaciones que creen que las cosas se pueden hacer de forma diferente, aunque igualmente segura.







