miércoles, 29 de octubre de 2014

No es un "déficit" de defensas, es un exceso de "ataques"

Aunque parece que no quiere entrar el frío, casi sin darnos cuenta va a hacer casi dos meses que empezaron las rutinas escolares. Para muchos pequeños, este septiembre ha supuesto su debut en las escuelas infantiles. La mayoría ya se muestran adaptados y ya pocos lloran cuando se quedan con las educadoras y entre otros niños. 
A lo que no parecen haberse adaptado todavía -por lo menos bastantes de ellos- es al entorno rico en microorganismos que aprovechan para hacer el agosto entre cuerpecillos tienos y dispuestos a poner a prueba a su sistema inmune. 

Los virus están apretando fuerte ya, a pesar de que no haga frío y de que los típicos visitantes del invierno -gripe y virus respiratorio sincitial- todavía no han entrado en escena con contundencia. 

En mi consulta en concreto, muchos de los bebés menores de un año son cuidados por sus propios padres o por los abuelos. Sin embargo en el grupo que tiene entre un año y un año y medio, la mayoría han empezado a asistir a la escuela infantil. 

Varios de estos niños de entre uno y dos años me vienen a ver -y no es broma- durante algunas temporadas dos y tres veces por semana. Ahora una diarrea, después los mocos. Más tarde una fiebre sin foco, otro día una bronquitis o una otitis. Y así en una sucesión de "itis" interminable que desespera al más paciente y que pone en jaque toda la organización familiar y los nervios de más de un progenitor, a flor de piel. 


Más del 95% de estos niños que se enferman sin parar en periodos cortos de tiempo tras el inicio de la escolarización son niños sanos "con mala suerte". No se enferman porque tengan ningún tipo de problema inmunitario, sino porque están muy expuestos a los gérmenes. Los niños están aprendiendo y es lógico que no tengan en cuenta algunas normas de higiene que casi todos los niños más mayores y los adultos conocemos. Así se comparten los mocos, las babas, las manos sucias y los utensilios, y con ellos los virus, para los que la ocasión es un festival.

En plena desesperación, casi todos los padres acaban pidiendo "algo para mejorar las defensas". No existen remedios mágicos que "aumenten las defensas". Lo que ocurre no es un "déficit" de defensas sino un exceso de "ataques", y pocos salen totalmente indemnes a tiempo completo de esa particular guerra.

En casos muy muy concretos, decidiremos hacer un estudio inmunitario. Pero sobre esto, ya hablaremos otro día.

lunes, 27 de octubre de 2014

La leche en la alimentación a partir del año de edad

Cuando los niños y las niñas cumplen un año, se dice que se pueden sentar a la mesa a comer con el resto de la familia. Es el momento de abandonar las tetinas, de que los triturados no sean el plato principal y de que puedan experimentar definitivamente con diferentes sabores, texturas y formas de cocinar. 

Algunos a esta edad ya serán verdaderos "gourmets". Otros en cambio, irán más rezagados, a veces por sus propias limitaciones y en otros casos por el "miedo" de los padres a que se atraganten o a que no coman lo suficiente. Como decía hace unos días, en este momento es más importante determinar la calidad que la cantidad, y evitar que los padres acaben pareciendo un restaurante. 

Una de las preguntas típicas al año de edad que hacen los padres es sobre la cantidad necesaria de productos lácteos. Sigue estando en el subconsciente de todo el mundo el famoso "medio litro de leche al día", y la realidad es que en este momento, un alimento que había sido insustituible los primeros meses de vida, empieza a adoptar un papel más secundario.

La segunda pregunta en relación con la leche tiene que ver con qué leche es la que debe tomar un bebé de un año. A partir de los 12 meses, puede tomar leche entera de vaca. No es necesario -aunque se puede- seguir con las leches de continuación o de crecimiento. En la consulta, les indico estas leches de crecimiento a los que van más justos desde el punto de vista nutricional, pudiendo pasar la gran mayoría a la leche que se compra en el súper, y que pueden compartir con el resto de la familia. 

A partir de los 2 años, será mejor pasar a una leche de vaca semidesnatada. Así el consumo de grasas será menor, previniendo futuros problemas en este sentido. En caso de niños con sobrepeso o que consuman muchos lácteos, puede ser adecuado pasar directamente a una leche desnatada.

viernes, 24 de octubre de 2014

El consejo más saludable: cuidarles a ellos

El miércoles en la guardia una de mis compañeras enfermeras me dice "me acaban de enviar un vídeo por whatsapp en el que sales junto a algunos políticos". Como no es la primera vez que me gastan bromas, pensé que algo estaban tramando. Unas horas más tarde, mi madre también me envió el mismo vídeo. Lo había recibido a su vez de una de mis tías, que vive a varios kilómetros de aquí.

Vaya, que el vídeo se ha viralizado y tengo el honor (y la sorpresa) de verme en él. Se hizo con motivo de la Jornada Vídeos y Salud a la que acudí el sábado pasado, aunque estos días están siendo tan intensos y llenos de actividades que ni me había percatado de su existencia...
Por cierto un honor salir junto a la Factoría Cuidando, cuando coincidimos el pasado mes de junio en el TAT Granada. 
Gracias a Álvaro Sánchez por emocionar!
Buen fin de semana!

miércoles, 22 de octubre de 2014

Yo concilio, tú concilias, ella concilia,....


Hace ya varias semanas leí un texto en el blog Princesas y Princesos titulado "Conciliación sin tapujos y con cabreo" y que me he releído muchas veces. No solamente porque habla del tema sin tapujos y sin demagogia. Sino porque acierta de lleno en la realidad del problema y también porque mete el dedo en la llaga. Es verdad que las políticas sociales y las empresas deberían mejorar muchas cosas, pero esta madre habla sobre las actitudes de las personas y sobre lo difícil que resulta a veces ponerse en la piel del otro.

No todo el mundo puede elegir la profesión a la que se dedica y mucho menos el horario. Y como bien refleja, muchas de las personas que te atienden -especialmente en todo el sector servicios- en horas intempestivas o en días festivos, también tienen hijos y necesidad de "conciliar" (atención al ejemplo de la compra de bragas).

Reconozco muchas de las situaciones que explica, algunas porque las madres y los padres te las relatan en la consulta. Otras vividas en primera persona. Estar de guardia o en la consulta y estar mirando el reloj porque ese día tienes que salir puntual para ir a una reunión del cole o porque si te retrasas, cuando llegues, encontrarás a tus hijas ya durmiendo. 

Cuando nació mi primera hija, en el año 2003, yo trabajaba de tarde. Cuando me reincorporé tras el permiso maternal, no me importó demasiado el horario de tarde porque la niña no iba a la guardería y pasaba conmigo toda la mañana, y la tarde con su padre. Cuando cambié de trabajo una de las cosas que valoré muy positivamente es pasar a horario de mañana, tipo funcionario. En breve la niña empezaría a estar escolarizada y eso me permitía recogerla del colegio y pasar con ella la tarde. 

Eso sin contar las guardias. Hasta el año 2008, todas mis guardias fueron de 24 horas. Podéis imaginar lo difícil que es algunos días cuando coinciden compromisos laborales por lado de padre y madre. Eso sin contar que no mola nada pasarte un día entero sin ver -y a veces sin tener ni un momento para llamar- a tus hijos. Pudiendo encadenar de guardia a guardia y tiro porque me toca. 

Aún así no me quejo. Haciendo malabarismos he podido ir encajando todas las piezas del puzzle. Con renuncias, está claro. Y con mucha más complicación desde que me separé en el 2011. Ahora solo puedo hacer guardias cuando mis hijas no están. Los cambios de guardias y de planes no siempre pueden encajarse, para desesperación a veces de algunos compañeros. 

El año pasado cuando abrí la consulta, sabía que tenía que ofrecer alguna tarde para visitas. Las consultas de los pediatras están llenas a todas horas, pero las tardes mucho más que las mañanas. Mi agenda se llena en la franja de 17 a 19 horas casi con un mes de antelación. Normal. No se puede faltar al trabajo. Y aún así es común que muchas veces venga la madre sola, porque el padre todavía está currando.

Mis pacientes saben que intento estar lo más accesible posible, especialmente cuando los niños se ponen enfermos. Las revisiones pueden esperar una, dos o más semanas. Pero si el niño o la niña se enferma es normal que quieran que les vea. Lo acepto encantada. 
Para poder hacer la consulta por la tarde, me ayuda mi madre con las niñas. Si me retraso demasiado, sufro.

El lunes pasado por ejemplo tenía prisa. Había una reunión en el colegio de mis hijas a última hora de la tarde. Saliendo puntual de la consulta, llegaba ya un poco tarde. Así que advertí a las administrativas que no me "hipertrofiaran" la agenda. Un par de pacientes me pidieron poder pasar a verme. Adelanté mi hora de entrada -dado que no quería retrasar la salida- para poder verles, a sabiendas de que tendrían que salir de sus trabajos o correr para llegar. Eso también me lo cargo en la conciencia, no creáis que no. Pero ahí es donde las costuras se estiran: mi conciliación o la suya. Intentar dar un buen servicio y a horas en las que no sea "traumático" sin tener que renunciar a mi espacio familiar. Que además la pequeña estaba de santo....

Complicado. Necesidad de muchos ajustes y mucho encaje de bolillos. De todos y de todas. Para la que la conciliación sea una realidad, y no un laberinto sin fin.

lunes, 20 de octubre de 2014

Un médico "profesional" y....¿conoces a tu médico?

Algunas veces la gente me pregunta si llevo a mis hijas al pediatra. Y la respuesta es que no. Las llevé cuando eran bebés, sobretodo por la frecuencia de las vacunas y para que alguien más les echara un ojo, pero después me he ido apañando yo con sus cosas. La verdad es que tampoco se han enfermado demasiado, así que aunque yo no hubiera sido pediatra, seguramente hubiéramos sido usuarios del sistema sanitario con un perfil bajo de utilización (y toco madera!). 

Mi hija mayor, ya da muestras de su voluntad en querer tomar sus propias decisiones en muchos ámbitos. Y sobre la salud no iba a ser menos. Además, está entrando en esa época en la que la intimidad empieza a ser tan importante, y a veces ni siquiera quiere mostrarme algunas partes de su cuerpo. 

El otro día saliendo de la ducha tenía un buen brote de dermatitis atópica. Como ya hace años que no la baño y que ella se cuida de su higiene, muchas veces no soy consciente de cómo está su piel. Ese día estaba desesperada por los picores. Además llevaba días con cefaleas tensionales que se iban repitiendo en las horas vespertinas. Con unos días de carga lectiva más intensa, acusa los "nervios" de esa manera -a mí también me sucede...-. La ayudé con sus pequeños problemas de salud, con tratamiento de sus síntomas y cuidando localmente la piel. Como con casi todos los tratamientos el efecto, por muy rápido que sea, no es inmediato, se desató su furia por el malestar y el cansancio acumulado. Y en medio de la mala uva va y me suelta: "Mamá, yo necesito un médico profesional".

Suerte que solo unos días más tarde, su hermana se hizo una herida en el costado, se la curé amorosamente y me compensó diciendo: "Qué suerte tener una mamá pediatra!". 

Una de cal y otra de arena.

Aunque para poca consideración, la mía. 

Hace unos cuantos días en Urgencias, mi compañero del box de al lado, estaba visitando a un niño que había tenido un traumatismo en el colegio. Cuando ya se marchaban madre e hijo, pasaron por delante de mí. Yo la conocía y la saludé y le pregunté qué tal había ido. Pero en esos escasos segundos, en realidad, por mucho que puse mi cabeza a pensar a toda velocidad no conseguí determinar de qué conocía a la señora. 
Ella no se anduvo con rodeos y me preguntó directamente "¿No sabes quién soy, verdad?" A lo que yo sinceramente le contesté que sí que la conocía pero que en ese momento no ligaba cables de qué era lo que nos unía. 
La contestación me hizo sentir más pequeña que una hormiga y desear que se abriera la tierra para engullirme: "Soy tu médico de familia", me dijo.

En mi defensa diré que voy muy poco al médico (como mis hijas, que tampoco conocen a su pediatra....). En mi acusación, que mi doctora se portó fenomenalmente conmigo hace poco menos de un año, cuando viví unos momentos muy difíciles. Si me lee en algún momento, aprovecho para decirlo y agradecerlo públicamente.....

miércoles, 15 de octubre de 2014

Evitar que los mocos "le bajen al pecho"

Hace ya un mes que los niños han empezado el curso escolar. Los más pequeños incluso puede que algunos días más. Los primeros mocos, resfriados, y virasis en general ya hace días que llegaron para instalarse a pasar calentitos el otoño y el invierno. También las primeras bronquitis y problemas respiratorios. En la última semana ya hemos tenido dos ingresos por infección por el virus respiratorio sincitial (VRS), la "bestia negra" del invierno pediátrico. 

La presencia de mocos en las narices (y bocas, y ojos, y gargantas) de los niños es un tema recurrente en las consultas. También por esta página me he referido en diversas ocasiones a ellos. A menudo le digo a las familias, que mejor que los ignoren un poco: fácilmente su hijo pequeño va a tener mocos una gran parte de la temporada, así que es mejor intentar llevar la convivencia lo mejor posible. 

Los mocos son muy pesados. En sus momentos álgidos, no dejan respirar, no dejan comer, no dejan casi hablar, y hacen toser. Los niños están más irritables, a veces están hartos (y los padres también!). 
Pero son solo mocos. 
Los mocos no son peligrosos. 
En realidad son la forma que tienen nuestros orificios respiratorios de defenderse de los ataques. Y en la mayoría de casos los mocos lo que hacen es crear una barrera que impide que los gérmenes exploren territorios más profundos. 

Imagen de Mónica Lalanda

Uno de los principales miedos de los padres es que los mocos "les bajen al pecho". En realidad la "bajada al pecho" tiene más relación con la capacidad virulenta del germen en cuestión y de las características del niño (su predisposición "natural" a hacer bronquitis o a no hacerla) que de la presencia o no de mocos. De esta manera, de entre todos los niños que tienen mocos, unos tendrán mocos y nada más y otros tendrán mocos y más adelante bronquitis, bronquiolitis o hiperreactividad bronquial sin que podamos en realidad hacer nada para que la evolución a la vía respiratoria baja siga su curso. Medicar con ese objetivo no tiene demasiado sentido....

Así que ante la pregunta de si se puede hacer algo para evitar que los mocos "bajen al pecho", la realidad es que no.... Lo mejor siempre es la prevención primaria, es decir, evitar que los virus entren en contacto con los niños -algo difícil en convivencia, cierto-. 

Ante los mocos, lo más eficaz es una higiene con suero fisiológico y cuando vayan a dormir, elevar un poco el cabezal de la cama para facilitar que respiren mejor. En el caso de bebés pequeños puede ser útil fraccionar la alimentación. Si la tos empeora o se hace más constante, si aparece fiebre elevada y sobretodo dificultad respiratoria (una vez tenemos la nariz limpia), es momento de consultar al pediatra. En el resto de los casos....si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Otros consejos:
- Vacunaciones al día
- Lavado de manos frecuente
- Cambiar con frecuencia toallas (especialmente en centros escolares)
- Lavado frecuente de juguetes utilizados por varios niños



lunes, 13 de octubre de 2014

Crisis del ébola: Mucho por aprender

Justo hoy lunes hará una semana que volviendo en el autobús a casa, tras una larga jornada de trabajo, leí en twitter que se había producido la infección por ébola de una auxiliar de enfermería que había atendido al último repatriado, el misionero Manuel García Viejo. Cuando llegué a casa, vi con estupefacción en la televisión la rueda de prensa inicial y fui consciente por un lado de la gravedad de la noticia y por otra del circo mediático que se iba a liar. Parecía inverosímil. 

De forma muy inteligente M. José Mas lanzaba este tuit en esos primeros momentos: 

Y por mi parte, he seguido bastante callada y a la escucha, con un perfil bajo de participación en los debates generados pero atendiendo con estupor cómo se han ido sucediendo los hechos, cómo se ha gestionado de mal, pasando de la sorpresa al enfado y en últimos momentos al desencanto y la tristeza. Lamentando especialmente la mala gestión de la crisis -desde sus inicios- de nuestros representantes políticos y también de los medios.

Que la gestión de los políticos iba a ser un desastre no es nuevo. Hace años que no tenemos Ministerio de Sanidad más que para postureo, dirigido por gente que parece que no sabe de medicina, ni de salud ni de políticas sanitarias.
Sin embargo lo que más me ha afectado, es el tratamiento informativo. La noticia a cualquier precio. Vulnerando el derecho a la intimidad de los pacientes y reforzando el discurso culpabilizador contra la persona por encima de la culpa al sistema. 

Uno de los temas en medicina en los que más se trabaja en la actualidad versa sobre la seguridad de los pacientes. Los errores médicos causan mortalidad y morbilidad. Casi lo primero en lo que se insiste en la formación en seguridad es que los errores no son responsabilidad en realidad de la persona que finalmente comete el error en la mayoría de los casos, sino que son responsabilidad del sistema. Tradicionalmente ha resultado más "sencillo" culpar al "culpable". Así, muerto el perro, se acabó la rabia (hasta la próxima, claro). Cuando los errores que finalmente comete una persona, suelen ser el resultado de una cadena de fallos de seguridad que casi siempre empiezan con las decisiones que se toman en el despacho de alguien poderoso. 


En el caso del ébola, el fallo en la seguridad atenta contra el propio profesional que atiende al paciente, algo de lo que los profesionales somos plenamente conscientes cuando nos enfrentamos a determinadas enfermedades, especialmente las enfermedades infecciosas. La mayoría de los profesionales -médicos, enfermeros, auxiliares-  realizamos estas tareas como algo cotidiano, ajenos al miedo que otros tendrían, porque sabemos que es nuestro deber.  

Pobre Teresa. Además de estársela jugando, su vida al completo al desnudo. Acusada y señalada. Su perro sacrificado. Su casa desmantelada. En el escaparate. Qué desvergüenza.

Y sobre el ébola....pues nada que no se haya dicho. Confirmaros que no, que no estamos preparados. Que en todos los hospitales se disparan e-mails y se preparan jornadas informativas a todo correr. La pregunta es, ¿hay que estar preparado en todos los lugares y a todas horas? ¿o todo es consecuencia del miedo sembrado? Porque el ébola circula descontrolado desde hace meses por África y hasta hace unas pocas semanas -y perdonad la expresión- no nos ha importado una mierda (y probablemente dejará de importarnos cuando los casos se controlen en el mundo occidental).

Comparto la opinión de Jesús Martínez hace unos días, yo no tengo miedo al virus del ébola. Muchos otros problemas de salud son más relevantes para nuestros niños, especialmente en las vísperas de las principales epidemias pediátricas. 

Para tener información fiable y opiniones "con cabeza" os recomiendo la página "Ebola y calma", de la wikisanidad y el blog del Dr. Vicente Baos (imprescindible escuchar su participación en el programa de Jiménez Losantos)

PD: Por cierto, hoy empieza la campaña de vacunación contra la gripe estacional (sí, sí, la misma que ocasionó la debacle informativa del 2009....)

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